Simone de Beauvoir es un ícono feminista que jamás se reivindicó como tal. Escritora y filósofa existencialista a la par de Jean-Paul Sartre, con múltiples libros, ensayos y monografías de temas sociales, políticos y filosóficos, su obra El segundo sexo parece marcar su permanencia en el imaginario social a más de 70 años de su publicación.
Otra tensión en la lectura de Beauvoir es el cuerpo. “No siempre hubo proletarios, pero siempre ha habido mujeres, lo son por su estructura fisiológica […] su dependencia no ha sido consecuencia de un acontecimiento, de un devenir”. (Simone de Beauvoir, 2005, p. 53). Desde el punto de vista de Beauvoir el cuerpo de las mujeres es “la clave de la sujeción. Por eso piensa que es en sus cuerpos que ellas deben edificar su libertad haciendo de su sujeción un asunto político.”[3]
No obstante, resulta falaz resumir a Beauvoir en un determinismo biológico. No hay nada más alejado que usar su acercamiento a lo fisiológico para hablar de feminismos ultras o separatistas. Ella entendió que ser mujer no es un predeterminado. En una entrevista del archivo de la Televisión Española y recuperada por Clarín, la autora externó: “No creo y no hay eterno femenino desde el origen, son roles…”. Por ello es que su revolucionaria sentencia resulta de coyuntura varias décadas después: “Uno no nace mujer, sino que se llega a serlo”. Entiende el género como construcción social, uno de los ejes del feminismo interseccional.
A pesar de ello, la historiadora Marie-Jo Bonnet, una de sus principales detractoras, la señala por no haber abordado de manera explícita su bisexualidad. Para Bonnet, si Simone de Beauvoir optó por vivir en silencio esa pasión no fue por miedo a enfrentarse a una sociedad conservadora, sino porque vio en las mujeres un bien de consumo. Bonnet parece olvidar que Simone fue consciente de los privilegios y que uno sólo puede escribir en libertad cuando no se sufre la condición de opresión. Evocando a Laetitia Colombani –autora del best seller internacional La trenza– podríamos aludir en su defensa que una no nace mujer…libre. Y en ese proceso la libertad aún no llegaba a Simone.
Resulta lastimoso aludir a correcciones políticas actuales en detrimento de la obra de Simone de Beauvoir. Para Alexandra Gil, periodista española, la pregunta reside en si es lícito aplicar los criterios morales actuales para enjuiciar conductas de otra época y otros valores.
No. Evocando a Hegel, se debe leer a Beauvoir no como un producto terminado, sino “como un producto cultural necesario para el autoconocimiento y la emancipación humana y su desarrollo a lo largo de la historia”.
[1] Morant, I. (2018). Lecturas de El segundo sexo de Simone de Beauvoir. Descentrada, 2(2), e053. Recuperado a partir de este link
[2] Es Márian Martínez-Bascuñán, una politóloga española, especialista en teoría política y social y teoría feminista y actual directora de opinión de El País quien acota la observación en su artículo El feminismo que nació con Simone de Beauvoir, publicado en ese diario el 6 de junio de 2019.
[3] Ciriza, A. (2012). Simone de Beauvoir. De la fenomenología del cuerpo a la utopía de la libertad. Nomadías, (16), Pág. 11-21. doi:10.5354/0719-0905.2012.24950