Pocos escritores mexicanos vivos tienen ya su biblioteca en un consorcio editorial internacional. El coahuilense Carlos Velázquez (Torreón, 1978) abrió la suya en Océano, que le hizo una oferta atractiva.
Admite en entrevista que fracasó en la novela y llega a su nueva editorial con aura de cuentista, con libros como La Biblia Vaquera (2011), La marrana negra de la literatura y La efeba salvaje; y de cronista, con El karma de vivir al norte (2013), publicados originalmente en Sexto Piso; y con algunos títulos más en Cal y Arena, como el ensayo autobiográfico El periquillo sarniento (selfie con cocaína).
Cuestiona la infantilización de la sociedad y se pregunta cómo se puede tener salud mental cuando los mexicanos ni siquiera tienen para pagar la renta. Siempre considerándose marginal en la literatura, recuerda que proviene de corrientes marginales, en concreto José Agustín, que a su vez leía a los autores beat, porque a su juicio escritores mexicanos actuales sólo narran lo que ocurre en una burbuja.

“¿Cómo llegamos a Océano? La verdad, lo digo sin ningún asomo de pedantería, muchas editoriales me habían tratado de jalar y querían que me cambiara. Pero yo estaba a gusto en mi sello anterior y cuando viene el ofrecimiento, pues fue muy atractivo y muy interesante, que era no ir a la colección de literatura de la editorial, sino crear una propia colección de mis libros de cuentos”, refiere Velázquez.
Su primer libro, de 2004, fue de cuentos. Cuco Sánchez blues. Se publicó en Coahuila, no lo volvió a reproducir y lo dejó en su ciudad, Torreón, que hace una década comentó a este reportero que devino “el laboratorio posmoderno social más impresionante de México”, incubadora de violencia, narco, literatura y cumbia lagunera. Y desde entonces ha venido reivindicando el género, con un intento fallido por construir una novela: El diablo camina entre las vías como un niño con una boina sucia.
“Para mí el cuento es muy importante. No solo porque me he desarrollado como cuentista, sino porque el género es una de las cumbres de la literatura. Y si hay manera de promoverlo a través de mi obra o de la de otros cuentistas, no me gusta dejarlo pasar. Es importante para que el género siga en las mesas de novedades, se mantenga vigente y que siga un interés editorial en él. Y cuando vino este ofrecimiento, sin dudar lo acepté. Cualquier escritor al que le dicen que va a tener su biblioteca, dice que sí”, añade.
Con 20 años como autor, señala que hay un fenómeno en la carrera literaria que es perder y ganar lectores en el camino, pero que al llegar a un sello comercial como Océano, tendrá mayor distribución.
“Mis libros necesitaban un refresh, aunque nunca se fueron, han sido best sellers y están siempre en librerías, les hacía falta un nuevo rostro. Y, con el diseño de la colección en la nueva Biblioteca Carlos Velázquez, es el empujón que yo sentía que era necesario para los libros que se resistían a morir.

“Pasa muy seguido que los libros se publican, tienen su vida en librerías, en mesas de novedades, en librerías y luego en algunos casos en editoriales en remate, y empiezan a dejar de circular. Estos libros siguieron circulando y la intención ahora es volverlos a poner al alcance de nuevos lectores”, sostiene.
La Biblioteca Carlos Velázquez en Océano ha publicado el inédito hasta entonces El menonita zen y reeditó La marrana negra de la literatura rosa, La efeba salvaje y La Biblia vaquera. Y al momento de la entrevista adelantó que venía una reedición más, Despachador de pollo frito, y otro libro de relatos.
El autor ha publicado cinco libros de cuentos y, con el que anunció en la charla, serán seis del género.
Ante ello, Velázquez no descartó la posibilidad de concebir una antología de su producción cuentística.
“Quizás en algunos años, si es que los cuentos siguen teniendo la calidad suficiente para ser publicados, podamos publicar una reunión de cuentos o unos cuentos completos, pero eso tendría que ser cuando, no sé, tenga 60 años”, dijo con cierto sarcasmo el escritor de ya 47 años y 21 de ellos publicando libros.
📘 @Charlyfornicio no escribe cuentos, lanza bombas. «La efeba salvaje» contiene seis relatos sucios, filosos, divertidos y oscuros. Lee estos cuentos llenos de humor negro y crítica afilada. 🦸🏻♀️🛒💉🤑 pic.twitter.com/O8im66SIHM
— Editorial Oceano de México (@OceanoMexico) August 30, 2025
¿Considera que sus cuentos forman una unidad de obra?
Sí, es que esto es un proyecto, que contrapone un poco la versión oficial de la literatura mexicana, porque son personajes muy marginales, están en contra del discurso oficial. Es un proyecto en el que todos van a estar en la misma foto, todos salen en la misma foto, todos forman parte del mismo retrato. Entonces hay continuidad. Los personajes no se repiten, pero sí algunos de los motivos, de los temas, con distintos tratamientos obviamente, entonces los libros se han ido encadenando unos a otros. En algún momento quizás venga otro libro que rompa pero que de igual manera forme parte de este gran proyecto, porque es un proyecto a largo plazo, desde que empecé con los relatos, sobre todo.
A usted que le gustan tanto el rock ¿imagina su obra y personajes como la portada de Sgt. Pepper’s Lonely Heart Club Band de The Beatles, con esa instantánea de personajes icónicos?
Exacto, justo así. Qué bien que lo captaste. Esa es un poco la intención de crear este gran fresco donde todos los personajes estén ocupando su sitio y que se convierta en esto, sobre todo que sea un registro de un tiempo, el que me tocó vivir, narrar; y que sea esto: una panorámica de esta etapa del tiempo. Y que cuando yo no esté, o incluso cuando estemos nosotros, o en 100 años si alguien quiere o le interesa saber cuál era el estado del relato en esta época, pueda tener ese material para consultarlo.
Hace dos décadas la gran novedad que representaba con esos personajes era la marginalidad. Hoy vemos personajes así por todas partes. ¿Cómo hablar de marginalidad en la vida cotidiana?
Sí. Y lo que pasa es que cada vez es mucho más complicado ganarse la vida, cada vez hay más gente que se ve empujada a salir de la clase media. Y va a llegar un momento en que esa línea se va a romper, que la marginalidad va a ser asumida como lo normal, como la normalidad. La intención de escribir estos cuentos y de escribir estos personajes nunca fue causar estridencia o que fueran extravagantes por el simple hecho de ser extravagantes, sino que para mí representaban la realidad de lo que está ocurriendo en nuestros países, sobre todo de México para abajo. Y la verdad es que la realidad no solo me ha alcanzado, me ha rebasado, porque muchas cosas que imaginé en La marrana… terminaron por volverse la norma, es decir, la profecía se cumplió. Hay mucha profecía autocumplida en estos relatos.
¿Y no teme convertirse en un escritor costumbrista, folclorista?
Sí, es un riesgo que uno corre, pero la cuestión acá es que lo más interesante que le puede ocurrir a un autor es que sea adoptado por el público como parte de sí; es decir, muchos de estos cuentos han corrido con la fortuna de que los lectores se identifican con ellos, pero cuando el pueblo o la sociedad, se los adopta como su voz, eso es lo que hace finalmente que haya una conexión importante entre la literatura y los lectores. Y eso es algo que todos los escritores estamos buscando. El folclor entendido como lo que menciona Carlos Monsiváis puede ocurrir en cualquier momento porque nadie puede predecir lo que va a pasar, nunca nadie tampoco imaginamos que Monsiváis fuera a convertirse en la voz que ahora mismo extraña mucha gente que se sintió muy identificada y muy representada.

Kafka derivó en el adjetivo “kafkiano”. ¿Cuál sería el del universo de Carlos Velázquez?
Ya hay mucha gente que ve cierta corriente, cierta voz “velazqueana”, un poco así. Y, sobre Kafka, me sigue sorprendiendo cómo sus cuentos regresan y tienen esta capacidad tener una lectura moderna cuando fueron escritos hace mucho tiempo. Kafka me interesa mucho, sobre todo como escritor de relatos, que no son de la tradición de la cual yo provengo. Sí lo he leído como novelista, de las novelas que más he disfrutado en la vida ha sido El proceso, que nunca entendí cuando era adolescente por qué decían que era difícil de leer, la verdad. Pero hay un cuento en particular que me fascina muchísimo de Kafka: Josefina la Cantora, está escrito en clave, pero representa muy bien la condición humana.
En 2015 me contó en una entrevista publicada por El Universal que estaba por terminar una novela, El diablo camina entre las vías como un niño con una boina sucia, que usted prometía que la veía como “la gran novela que identificaría la literatura del norte del país”. ¿Qué pasó?
Fracasé. Empecé a engolosinarme con el lenguaje, sobre todo, porque la estructura de la novela era muy clara: dos hermanos tenían que encontrar un tesoro que era de la familia ubicada en el norte y luego les pasaban todas las aventuras. Pero, lingüísticamente, mi intención era llevar el lenguaje de La Biblia vaquera
“Y en mi editorial anterior me dijeron: “Termínala y la publicamos”. Pero yo no quería publicar una novela en esas condiciones. Quería una que se leyera y que fuera accesible para el lector promedio. Fracasé y lo dejé ahí. Y no sé si lo vaya a retomar; necesitaba mucho sacudirme esa idea de ir más allá en términos del lenguaje, de la lengua. Y no creas que no he pagado caro el precio de no haber concluido esa novela; no hay día en que alguien no me eche carrilla de por qué no he publicado una novela. Pero las historias siguen llegando, sigo escribiendo cuentos, no me quedé con el dique seco”.

¿Carlos Velázquez es un escritor cínico, en el sentido filosófico del término cínico?
Para mí el cínico más importante que ha habido en los últimos años es Leonard Cohen, que decía que si quieres sobrevivir en este mundo traidor y sobre todo en este mundo presente, habría que tener un cierto grado de cinismo. No me cuesta decir en absoluto que fracasé porque hice el intento. Y hay mucha gente que me dice: “Oye, ¿qué pasó con eso?”. “Pues ahí tengo 150 páginas.” “¿Me las puedes mandar para leerlas?” “Sí, claro, te las mando y léelas.” Y hay mucha gente que me ha pedido el libro. Y alguien me dice: “No lo pases, te van a robar una idea u otra”. Pero si alguien puede sacar algo de eso, que lo saque. Más que el cinismo, creo que lo que me ha posibilitado tener la visión ácida que hay en los cuentos es la comedia, la comedia entendida como arma y como defensa.
Ha escrito sobre drogas, sus propias experiencias. ¿Qué es más adictivo, la literatura o la coca?
No, lo más adictivo no son las drogas en sí; no son los vinilos (discos), que es de las peores drogas que existen, incluso peor que la cocaína. Tampoco son los libros. La droga más adictiva es salirte con la tuya, eso siempre es lo que te eleva más y más y más el placer y lo que hace es vibrar más el hipotálamo y la dopamina y todas estas sustancias que tenemos en la cabeza. El tratar de salirnos con la nuestra siempre es lo más seductor. Incluso, si lo pensamos fríamente y a fondo, la fascinación que existe en México por la narcocultura no es por la violencia per se, sino es la fascinación por una persona, en este caso el capo, que finalmente logra burlar la ley y salirse con la suya.
¿Cómo ve el mundo mexicano actual a propósito de esta concepción sobre salirse con la suya? ¿Cómo lo ve después de 20 años de sus primeros libros publicados?
Lo veo bastante complejo porque, por un lado, están estas políticas de control, de dominación, de que nos quieren tener sometidos. La infantilización de la sociedad es algo que a mí me tiene asombrado: cualquiera que tengamos un teléfono, nos damos cuenta de la manera en la que nos quieren tener en pañales. Y está este mecanismo de control de que ya nadie puede hacer absolutamente nada sin que se entere el Gran Hermano; sin embargo, nos quieren vender la idea de la libertad, de sentirnos bien con nosotros mismos, de cultivar los buenos hábitos de cada vez ser más sanos, de la salud mental. Oye, cabrón, ¿cómo quieres que tenga salud mental cuando la gente ni siquiera tiene dinero para alcanzar a pagar la renta? Y te bombardean todo el tiempo en las redes de que ve al gimnasio, come bien. Está muy dura la situación, está muy crítica, y no sabemos hasta cuándo vayamos a tocar fondo. Nos tienen agarrados de los huevos con el teléfono y es tan adictivo que no podemos salir de él, no podemos reaccionar y cada vez es más complicado disfrutar del mundo porque estamos esclavizados.

El gobierno de Donald Trump está retirando visas a cantantes de narcocorridos. Y la presidente Claudia Sheinbaum lanzó la convocatoria “México canta” para supuestamente erradicar la violencia de la música ¿Qué opina de eso alguien que ha escrito sobre las drogas?
Para empezar es una estupidez, tú no puedes salvaguardar la conciencia de la gente a través de la prohibición. ¿Por qué razón quieres prohibir los narcocorridos? Pues porque los narcocorridos hacen una apología de la violencia. Sí, cabrón, pero la gente que se mete a trabajar en el narcotráfico lo hace porque quiere salir de la pobreza extrema o de la vida marginal o de la vida al margen. ¿Quieres realmente garantizar una sociedad donde los ciudadanos se vean en la posibilidad de poder rechazar una vida criminal? Pues entonces prohíbe la entrada de armas por la frontera, sube el salario mínimo, mejora las condiciones de vida. Con eso de la prohibición no vas a llegar a ningún lado. Vuelvo a lo que decíamos hace rato. Nos quieren proteger supuestamente, pero por el otro lado nos están cada vez poniendo la bota más duro en el cuello. Entonces, historias de bandidos siempre ha habido.
“Si revisamos los primeros corridos, nos damos cuenta ahí de que ya había las épicas de los bandoleros, pero ¿qué pasaba? ¿cuál es la diferencia? Que ahora la descomposición social es más pronunciada, más extrema, más visible, más escandalosa y, por esa razón, hay un gran número de mexicanos que han pasado a engrosar las filas del narcotráfico. Tampoco le puedes quitar a la gente sus medios de catarsis: la música ayuda mucho a las personas a sobrellevar el día a día, y me refiero no sólo al rock, sino a las expresiones populares en sí. Ese gran número de gentes que van a un concierto de reggaetón no van a terminar ejerciendo la violencia doméstica o el machismo en sus casas, como tampoco la gente que va a escuchar corridos tumbados agarra una pistola, una metralleta y sale a matar gente. Más bien el asunto aquí es: ¿qué estás haciendo tú realmente por mejorar la vida de tus gobernados?”.
Cuando empezó a publicar en Sexto Piso, editorial independiente, ahora está en Océano. ¿Sigue siendo usted un autor marginal realmente?
Sí, por supuesto, pero no marginal. Provengo de corrientes marginales. Yo leía a José Agustín y José Agustín leyó a los beat, que no eran el discurso oficial de la literatura norteamericana en su momento. Sigo siendo marginal porque ahorita en la literatura mexicana actual se narra mucho lo que ocurre dentro de la burbuja; yo lo que me he propuesto y me sigo proponiendo es narrar lo que ocurre fuera de la burbuja. Si revisamos los textos, pues nos encontramos que va a haber muchos libros que hablen de lo que ocurre dentro de la burbuja y lo que ocurre dentro de la burbuja es que la corrección política se respeta a fondo, pero afuera de la burbuja no. Y eso es lo que a mí más me interesa porque la corrección política podrá existir en los medios, en las redes, en la literatura whitexican, pero si te subes al metro te vas a dar cuenta de que la corrección política no es el común denominador de la interacción social.