El compositor, músico y diseñador de sonido Rodrigo Gallegos Pinto define Cuerpo infinito, la pieza de Ictus Danza que se presenta en sendas funciones este 25 y 26 de junio en el teatro Benito Juárez capitalino, como reflexión escénica, visual y sonora, sobre la digitalización de la experiencia humana.
“Cuerpo infinito es una obra en la que confluyen varias disciplinas: danza contemporánea, videomaping en vivo y música. Sus protagonistas, además de bailar, también actúan en una especie de danza-teatro, con video en vivo, circuito cerrado y música expresamente compuesta para la pieza”, explica el también baterista sobre la ganadora del premio de Producción Dancística Morelos 2024.
Bajo la dirección de Gerardo Sánchez, un elenco de siete intérpretes-creadores participan en la escena, cuyas dos funciones empiezan a las 20 horas en el espacio de Villalongín 15, colonia Cuauhtémoc.
“Yo le llamo al proceso creativo de zig zag, lo realizamos de manera conjunta. Los chicos empezaron a explorar, con instrucciones del coreógrafo, movimientos corporales y cuando tenían partes de la coreografía definidas, me pasaban los videos o yo iba a los ensayos, y componía sobre esa parte de la coreografía; fue un proceso de voy y vengo, de partes que se fueron haciendo al mismo tiempo”, indica.
Gallegos Pinto explica que Cuerpo infinito parte del concepto de la digitalización de la experiencia humana y propone reflexionar sobre cómo la digitalización está absorbiendo a las personas como individuos y está avasallando todas sus actividades en un contexto global, no solamente el mexicano.
“Plantea cómo precisamente esa misma digitalización nos ha llevado a una experiencia de inmediatez, sobresaturación, de ir demasiado rápido; la tecnología va mucho más rápido de lo que nosotros como individuos podemos asimilarla”, subraya el músico que se asume como de la generación millennials.
Por ello, la propuesta coreográfica y escénica creó personajes que hablan sobre distintas historias, todas relacionadas con la digitalización, a modo de red social, para crear el efecto en el espectador de estar viendo en escena una suerte de pasarela de publicaciones e historias compartidas en redes sociales.
“La música que compuse especialmente para esta obra obedece a esta idea. Utilicé instrumentos virtuales, sintetizadores analógicos, aparatos tecnológicos que nos han ido acompañando a través de la historia. En Ictus Danza somos millennials, venimos de cuando empezó el internet, había teléfonos fijos en las casas, usábamos impresoras de cinta. Todos esos aparatos los grabé y los incorporé a la composición en diálogo con sintetizadores analógicos y virtuales”, dice el compositor electroacústico.
Y aclara que Cuerpo infinito, más que una crítica, es un llamado a la reflexión sobre cómo todas las herramientas de trabajo en la actualidad están inundadas por la tecnología y cambian a cada momento.
“Por ello los bailarines desarrollaron material actoral en un intento de la compañía de meternos en distintas áreas. El coreógrafo les dio consignas de elaborar un personaje a modo de ejemplificar cómo las personas solemos tener una personalidad digital, que exponemos en el ambiente digital, y cómo esta cambia en nuestras vidas personales, tener esta dualidad en la personalidad.
“Se decidió por parte del coreógrafo abordarlo de manera teatral; con la ayuda del director de escena Armando Ramírez, se armaron estos personajes para ejemplificar cómo tenemos personalidades distintas en la virtualidad y en la realidad. Y la obra se desarrolla como si fuera la digitalidad misma, el cuerpo del código binario que hay detrás de toda esa tecnología que vemos tan adornada y cómo el detrás de esa realidad adornada por esas redes hay un mundo digital que nos es difícil comprender”.
Sin ánimo de espoilear la obra, Gallardo Pinto comenta que el punto climático es cuando en la obra se desata una especie de polémica de algo muy controversial, que es la invasión de la privacidad.
“Es una parte muy fuerte, porque aborda la invasión de la privacidad de las personas, que suelen ser en muchos casos menores de edad que sufren abusos con una distancia física que los separa, pero que ya la digitalidad se ha metido tan fuerte que se pone en duda la privacidad”, añade el creador sonoro.
La obra nace del cruce entre dos investigaciones previas: Espacio es una Palabra, de Beatriz Dávila, y Obsolescencia Programada, de Gerardo Sánchez. Ambas piezas dejaron abiertas preguntas sobre cómo la digitalización transforma la manera de habitarnos a nosotros mismos y a los demás. Cuerpo Infinito es la respuesta colectiva de la compañía ante esas preguntas: no una respuesta cerrada, sino un espacio escénico para pensarlas juntos.
Cuerpo infinito, una pieza multidisciplinaria
La dirección escénica e iluminación es de Gerardo Sánchez; el diseño y narrativa multimedia, de Rodrigo de la Cruz Abúndez; el diseño sonoro y música original, de Rod Ziq; la coordinación de escenografía, de Alberto Mora, y la coordinación de vestuario, de Bereniz Pantle. El elenco de intérpretes-creadores está conformado por Maco Viveros, Fernanda Simental, Bereniz Pantle, Alberto Mora, Jairo Ortíz, Beatriz Dávila y Vladimir Kempiz.
En sus ocho años de trayectoria, Ictus Danza ha sido seleccionada por Ciudad Escena, el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, el Teatro Helénico, el Festival Lila López San Luis Potosí, el Teatro Sergio Magaña y el Centro Cultural Los Pinos, entre otros, y ha sido beneficiaria del SACPC y de convocatorias de la Secretaría de Cultura de Morelos. Todos sus proyectos han sido resultado de concursos y convocatorias públicas, lo que da cuenta de la consistencia y rigor de su propuesta artística.
El @Helenico pone en marcha ‘S.A.B.R.O.S.A.’, una puesta en escena que castiga a los acosadores callejeros https://t.co/4IRbAVxGYp
— Fusilerías (@fusilerias) June 24, 2026

