Gillian Anderson, Vanessa Kirby y Ben Foster protagonizan el drama de Tennesse Williams Un tranvía llamado deseo, en producción del australiano Benedict Andrews para el National Theatre de Londres.
El clásico, grabado en vivo en 2014 en el Young Vic Theatre de la capital inglesa, podrá verse en el Lunario del Auditorio Nacional, en dos funciones el domingo 22 de febrero, a las 13 y las 18 horas.
Gillian Anderson (Sex Education), Vanessa Kirby (The Crown), and Ben Foster (Lone Survivor) lead the cast in Tennessee Williams’ timeless masterpiece.#AStreetcarNamedDesire from @NTLive returns to the big screen on Thursday 5 June 🎭
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— GFT (@glasgowfilm) May 30, 2025
A pesar de que ha pasado más de una década, la producción se vuelve a programar en la serie National Theatre Live, que regresó el año pasado a México, después de su suspensión debido a la pandemia, en particular por la trascendencia de sus tres protagonistas, grandes figuras desde entonces de la actuación.
Gillian Anderson (X Files y Sex Education), Vanessa Kirby (The Crown, The Fantastic Four: First Steps, Mr. Jones y Mission Impossible) y Ben Foster (Lone Survivor) regresan 12 años después con esta obra ganadora del premio Pulitzer 1948, que en cine tuvo una adaptación de Elia Kazan y las actuaciones icónicas de Marlon Brando, como Stan Kowalsky, y Vivian Leigh, como Blanche DuBois.
Tras arruinarse y perder la casa familiar, Blanche DuBois llega a Nueva Orleans buscando refugio en el hogar de su hermana Stella, casada con Stanley Kowalski, un obrero polaco rudo y violento. La visitante es una mujer madura, decadente, prejuiciosa y altanera, que vive anclada en el pasado, fuera de la realidad, y presume los orígenes de su familia sureña, pero arruinada, a la menor insinuación.

Sin embargo, detrás de esa actitud arrogante Blanche oculta un pasado que la ha conducido al desequilibrio mental y su mundo se desmoronará cuando enfrente al implacable Stanley Kowalski, miembro de la clase inmigrante proletaria, que en los tiempos en que se ubica la obra original incrementaba su influencia en la sociedad estadounidense.
Lo que comienza como una convivencia tensa pronto se vuelve insostenible: la sensibilidad de Blanche, aferrada a un mundo que ya no existe, choca con la rudeza pragmática de Stanley. El enfrentamiento cada vez más violento entre ambos desencadena una tragedia que revela la vulnerabilidad de quienes intentan sobrevivir en un orden social que se desmorona.
En medio de todo, el personaje de Stella, interpretado por Vanessa Kirby, adquiere una relevancia trágica: “Elige no ver para poder seguir viviendo. Lejos de ser una figura débil, su aparente pasividad funciona como un mecanismo de supervivencia. Kirby muestra con precisión cómo Stella se convierte en el espacio donde se libra la guerra entre Blanche y Stanley, pagando el precio emocional de ambos. Su silencio no es indiferencia, sino renuncia”, señaló el crítico Didyme-Dôme en Rolling Stone.

La producción del National Theatre sitúa este drama en un espacio sin referencias urbanas, pero lo dota de sonidos ambientales y musicales contemporáneos, mientras que el escenario circular elimina la atmósfera claustrofóbica que ha distinguido a sus puestas en escena desde 1947.
“Los primeros planos capturan detalles que en vivo podrían diluirse. Miradas esquivas, respiraciones agitadas, microgestos de dominación o miedo. Esta cercanía intensifica la experiencia y refuerza el carácter claustrofóbico del montaje”, agregó Didyme-Dôme respecto a cómo se grabó el clásico.
La escenografía está a cargo de Magda Willi; vestuario, de Victoria Behr; Iluminación, de Jon Clark; sonido, de Paul Arditti; música, de Alex Baranowski, y coreografía de pelea, de Bret Yount.

Gillian Anderson, aclamada por la crítica
La crítica inglesa ha destacado las actuaciones protagónicas de Gillian Anderson (Blanche DuBois), Vanessa Kirby (Stella) y Ben Foster (Stan Kowalski), así como la dirección de Benedict Andrews.
“Esta es una producción apasionante y desconcertante, que nos hace trabajar duro, pero permite que el juego de Williams se sienta vigorosamente fresco. Capta su estilo lírico altamente perfumado al tiempo que evoca la energía cruda del deseo. Anderson es simplemente imperdible al frente, y la dirección es admirablemente reflexiva y audaz”, escribió Henry Hitchings para Evening Standard, que cita Lunario.
“La gran idea de Andrews es mantener el espacio escénico en perpetuo movimiento. En el diseño de Magda Willi, el escenario es un rectángulo esquelético que gira constantemente. El resultado es que obtenemos una perspectiva cambiante de la casa de Nueva Orleans donde Blanche, huyendo de su pasado sureño, ha venido a quedarse con su hermana, Stella, y su poco acogedor cuñado, Stanley Kowalski”, escribió Susannah Clapp en su reseña para The Guardian, también consignada por Lunario.

Para André Didyme-Dôme de la revista Rolling Stone esta versión de Un tranvía llamado deseo del no busca complacer al espectador ni seducirlo con nostalgia o la imaginería sureña tradicional del texto:
“Desde el primer momento, la puesta en escena deja claro que no estamos ante una reconstrucción ‘clásica’, sino frente a una disección. Andrews elimina cualquier rastro de romanticismo y coloca a los personajes en un espacio casi clínico, expuesto, donde cada gesto es visible y cada mentira queda al descubierto.
“La obra ya no se siente como una tragedia del pasado, sino como una historia incómodamente actual sobre la masculinidad, la fragilidad psicológica y la violencia estructural. El director sacrifica parte de la musicalidad y el lirismo del texto original para enfatizar su dimensión más cruel y política. La producción plantea que la fantasía de Blanche y la brutalidad de Stanley son dos respuestas igualmente fallidas a un mundo que no ofrece redención”, escribió André Didyme-Dôm.
El crítico explica además que el espacio escénico es central en esta lectura:
“El escenario giratorio, desnudo y en constante movimiento, no es un simple alarde formal: funciona como una metáfora del estado mental de Blanche y, al mismo tiempo, como un mecanismo de vigilancia. No hay paredes reales, no hay puertas que protejan la intimidad. Todo ocurre a la vista del público. Esta elección subraya una idea clave: en este mundo no existe refugio posible, ni físico ni emocional… El escenario giratorio obliga al espectador a reconstruir activamente la acción, a mirar desde múltiples ángulos, a aceptar que no hay una única verdad emocional”.
Un tranvía llamado deseo (A Streetcar Named Desire) fue estrenada en Broadway en 1947, dirigida por Elia Kazan y protagonizada por Marlon Brando, Jessica Tandy, Kim Hunter y Karl Malden. La obra ganó el Premio Tony por el trabajo de Jessica Tandy como Mejor actriz en 1948. Desde entonces, gracias a su reflejo de un sistema social al borde del colapso, trascendió fronteras y conectó profundamente con América Latina, la Europa de la posguerra y las audiencias en todo el mundo.
La versión cinematográfica, dirigida también por Elia Kazan en 1951, ganó varios premios, entre ellos un Oscar en la categoría de Mejor actriz, por la actuación de Vivien Leigh como Blanche DuBois.
En 1998 se estrenó una ópera basada en esta historia en San Francisco, con música de André Previn, escenografía de Michael Yeargan y Renée Fleming como protagonista.
