El director de escena Otto Minera halló en El inspector llama a la puerta (An Inspector Calls, 1946) una obra para hablar del presente, del individualismo frente a un mundo que se está cayendo a pedazos.
“Es una fórmula que lleva 80 años dando muy buenos frutos. J. B. Priestley la escribió a mediados de la década de los 40 y llegó para quedarse”, explica Minera cuyo montaje arrancó nueva temporada en el teatro Helénico el pasado 31 de octubre, en funciones de viernes a domingo, hasta el 14 de diciembre.
La acción transcurre en 1912 cuando la acaudalada familia Birling celebra con una cena el compromiso de su hija Sheila (Leilani Ramírez) con el hijo de la competencia Gerald Croft (David Villegas). El festejo se interrumpe por la llegada del inspector Revenant (Carlos Aragón), que investiga el suicidio de Eva Smith/Daisy Fenton, a quien el patriarca Arthur Birling (Pedro Mira) despidió por hacer huelga.
Revenant interroga a cada uno de los miembros de la familia, incluyen a la fría matriarca Sybil Birling (Lourdes Gazza), la superficial Sheila, el alcohólico e irresponsable hijo menor Eric (José Ramón Berganza) y el cuñado Croft, sobre el caso, mientras fuera de la escena la Sirvienta Edna (Helena Aparicio) lee sentada frente al público, en un juego de metateatralidad, la magistral obra de Priestley.
“El inspector llama a la puerta no deja de estar vigente, lo cual no es una noticia que nos deje contentos; es decir, lo que pasa fundamentalmente con esta familia es que tienen un marcado individualismo llevado a tal extremo que estamos hablando ya de egoísmo, de indiferencia ante todo lo que tienen a su alrededor, cuando su mundo se puede caer en pedazos.
“Priestley la escribió cuando terminaba la Segunda Guerra Mundial y el mundo se estaba cayendo en pedazos, pero la ubicó en 1912, para hacer que la familia hablara con gran optimismo, desde su propia perspectiva egoista, de que a ellos les iba bien, cuando nosotros sabemos que está por comenzar la Primera Guerra Mundial, incluso uno de los personajes sostiene que no habrá guerra”, apunta Minera.
𝚄𝚗 𝚛𝚎𝚐𝚛𝚎𝚜𝚘 𝚖𝚞𝚢 𝚎𝚜𝚙𝚎𝚛𝚊𝚍𝚘
𝘌𝘭 𝘪𝘯𝘴𝘱𝘦𝘤𝘵𝘰𝘳 𝘭𝘭𝘢𝘮𝘢 𝘢 𝘭𝘢 𝘱𝘶𝘦𝘳𝘵𝘢.
En mayor o menor medida, nuestras vidas están entrelazadas, descubre cuál es el vínculo entre la familia Birling y una joven fallecida en “El inspector llama a la puerta”,… pic.twitter.com/nZ5UWdX0b8
— Centro Cultural Helénico (@Helenico) October 13, 2025
El director de escena y traductor de la obra recuerda que Arthur Birling es un industrial inglés que sólo se preocupa de que sus negocios vayan bien sin que le afecte qué ocurre a la gente fuera de su círculo.
“Pero eso no puede ser así. A nuestro alrededor hay toda clase de personas que están enfrentando serios problemas, dificultades para salir adelante en la vida. Como dice otro personaje: Hay millones de jóvenes, hombres y mujeres, empezando la vía, y están inmersos en el azar, en que ni siquiera conocerán la felicidad porque la vida se les presenta muy complicada y dura.
“Y a Birling, como le va muy bien, no importa lo que les pase a los demás. Pero eso acaba costando caro, el mundo se cae a pedazos: ahí viene la primera guerra mundial, la segunda… Y como nunca deja de haber guerras. Y no solo eso: la violencia, las desigualdades sociales, las injusticias. Si no abrimos los ojos a la realidad y nos preocupamos por los demás más allá de nuestra propia suerte, el mundo se cae a pedazos”, sentencia Minera, que estrenó la obra en julio de 2022 en el Teatro Orientación.
Minera descubrió la obra de Priestley “por suerte”, pero no tanta, porque se confiesa fanático del teatro inglés, no solo el clásico, y ve “una tradición ininterrumpida” desde Shakespeare hasta la actualidad.
“Hay una experiencia acumulada de siglos. Y hay una entrega de los ingleses al teatro, la gente tiene una relación muy cercana con el teatro, los actores, las actrices, los directores y los dramaturgos. Esa tradición inglesa me llamó la atención y fui leyendo y descubriendo autores que tenían mucho que decir, tanto artísticamente, por el oficio en que sus obras están escritas, como por los asuntos que tocan.
“Así descubría a Priestley y, desde luego, El inspector llama a la puerta es quizás su obra más reconocida y representada en el mundo de habla inglesa, pero también en otros lados. Una de las cosas que me empujaron a hacerla justamente fue que nunca se había hecho en México”, comenta el director.
Recuerda que Manolo Fábregas planeaba llevarla a escena, sin lograrlo. Y cita una adaptación, no la obra de Priestley, que hicieron Juliana Faesler y Clarissa Malheiros con La Máquina de Teatro en 2014.
“Desde que la leí la primera vez, me gustó muchísimo y me animé a traducirla y buscar la manera de subirla al escenario. Esta es ya la tercera temporada, lo cual es también una muestra de que ha sido muy bien recibida por el público, al que no deja escapar, con su forma en que recurre también a la novela policiaca, crea un suspenso, un interés que no se detiene, que te tiene colgado del escenario, con los ojos puestos ahí”, apunta Minera sobre la nueva temporada en el Teatro Helénico, con el mismo elenco.
Pero, sobre todo, subraya que el dramaturgo, un socialista inglés de la primera mitad del siglo pasado, da un giro a esa historia de una familia con un conflicto que desata la visita de un inspector de policía.
“Priestley le da un giro muy padre y le añade una enorme y profunda dimensión social a la historia”, señala el hombre de teatro, respecto al personaje de Eva, una obrera que detona toda la confrontación.
¿Por qué cambió el nombre del inspector Goole, en el original en inglés, a Revenant?
Porque era impronunciable en español, a mi juicio como traductor; en la traducción hay que cuidar que las cosas lleguen suavecitas y que no tengamos que estar oyendo tropiezos, resbalones o atorones con las palabras extranjeras o en español. Que sean palabras dramáticas, con fuerza, pero que al mismo tiempo tengan validez y belleza literaria y se puedan decir con toda seguridad y fuerza por parte de los actores. Pero lo cambié por un nombre que implica lo mismo: Goole, de goolish, fantasmal, espectral; y Revenant quiere decir alguien que regresa después de la muerte, tiene ese toque sobrenatural.
“También es lo que todos nos preguntamos, que fue el juego de Priestley: ¿Quién era el inspector? ¿existe o no existe? ¿de dónde sale? Mi respuesta es que Revenant es la conciencia negra que tienen los personajes, estas culpas de las que se desentienden y que de repente salen, alguna circunstancia nos obliga de pronto a reconocer que hemos metido la pata muchas veces. Claro varios de los personajes se niegan a aceptar su responsabilidad, pero otros sí se sienten muy mal por lo que han hecho”.
¿Qué representa para usted la sirvienta Edna, que la pone muy silenciosa en el escenario y ella se pasa leyendo en escena un libro, que es irónicamente la obra de Priestley?
Para mí representa justamente esa indiferencia ante la vida de los demás; los Birling están en su cena deliciosa, muy contenta toda la familia. Y ella ahí está en la cocina, atenta a que la señora la llame para que recoja los platos, traiga el café. Y una vez que llega el inspector y que todos están metidos en eso, la noche se va alargando, y ya no se acuerdan para nada de Edna, nunca a la señora le pasa por la cabeza que se vaya a dormir. Ese es el grado de indiferencia; Edna no tiene ningún valor para ellos.
¿Edna es el espejo de la joven suicida Eva Smith?
Edna no muere, pero está perdiendo la vida ahí sentada en un banco en la cocina hasta altas horas de la noche porque la familia está en sus alegrías y en sus broncas, completamente desentendida de ella. Es lo mismo que hicieron con Eva Smith, se olvidan de ella, la tratan mal, abusan de ella. Y no les importa.
«Acuérdate de la frase que dice el inspector: Eva Smith está muerta, pero hay millones de Evas y Adanes Smith entre nosotros, entrelazados con nuestras vidas. Somos un gran cuerpo social y si no aprendemos esta lección pues la vamos a después a tener que aprender a sangre, fuego y angustia. Entonces, sí Edna es una más de esos millones de Evas y Adanes Smith».
Priestley era socialista y su ideología está muy presente en su obra. ¿Ve una reivindicación en ella?
Sí, totalmente. Priestley estaba en eso desde luego. Y en esta obra, no de una manera simplona, panfletaria, sino con una gran riqueza argumentativa, él nos presenta toda una situación que desde luego es perfectamente real, posible, esas cosas pasan. Y podemos ver vidas humanas enfrente de nosotros y tomar lo que cada cabeza y corazón entiendan que hay que tomar en cuenta.





