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Iron Maiden: la Bestia oficia en el Foro Sol

Fuego, cruces, duendes, sables, Eddie y heavy metal puro en la vuelta de la banda británica a Ciudad de México

La Luna comenzaba a asomar entre las nubes amenazantes de tormenta cuando un legionario de múltiples rostros, variados disfraces y rugido incomparable apareció ante sesenta y cinco mil almas que lo aclamaban junto a su banda, una doncella de hierro sexagenaria que ha tomado con sables, fuego, duendes y faraones la noche del Foro Sol a ritmo del más puro heavy metal.

Máscaras, humo, mucha mota, cervezas y coros improvisados dan la bienvenida a Bruce Dickinson, Steve Harris y compañía en medio de un espectáculo rico en escenografía, llamaradas, vitrales de iglesia, motivos egipcios y vertiginosos periplos entre una cruz y los demonios que siempre acaban con la cara de Eddie the Head, la mascota-ícono que les acompaña desde los inicios de los tiempos, allá por finales de los años setenta, y que ahora comparte una ventana al fondo con Ramses II.

Dickinson se deja querer y devuelve las ovaciones con el dato de que la entrada en el Foro Sol es la más nutrida con cinco mil siervos del metal más que en sus llenos en Suecia y Brasil, después de tres “fuckin’ years” sin conciertos. La aclamación le saca un “lindo fuckin’ awesome” cuando ya empieza a tomar forma la primera mitad de la velada con “Sign of the Cross” y “Fligh of the Icarus”, ésta una de las más coreadas con el personaje de las alas de cera en una figura gigantesca en las alturas, y antes, de arranque, con “Senjutsu”, un guerrero japonés que practica el arte de la guerra.

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Crédito: Fernando Aceves
“Scream for me, Mexico!!!”

La segunda parte es el plato fuerte. Duendes celtas, cambios de vestuario completos del cantante, más fuego, estruendo, iconografía gótica y las rolas más emblemáticas que la multitud canta estrofa a estrofa. Es un acontecimiento “Fear of the Dark”, una de las piezas más gloriosas en sus producciones en vivo, con tres momentos armónicos bien marcados y dos solos de guitarra que se dividen Dave Murray y Adrian Smith, coros cortesía de la banda en masa, ya para entonces en éxtasis.

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Crédito Alfredo Campos Villeda

Éxtasis literal, no del otro, aunque lo que sí corrió en grande fue la mota con la certeza de que ahí, en el Foro Sol, este siete de septiembre de dos mil dos hay más mariguanos que en la seudocarpa o refugio chafa afuera del Senado, justo cuando comienza la letanía aquella en off que marca el alba de “The Number of the Beast”, rito iniciático que ha marcado la travesía de una doncella con más de cuatro décadas de brega metalera. Dickinson la cierra con su llamado clásico en vivo, “Scream for me Mexico!!!”, que el avejentado y el nuevo respetable, porque hay de todo, responden con júbilo. Apoteósico.

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Crédito Alfredo Campos Villeda

Legacy of the Beast se llama la gira mundial que en Ciudad de México deja el espacio telonero a Mastodon, cuarenta y cinco minutos de metal para abrir boca, y después un concierto en el que no faltarán, por supuesto, los sombreros de charro en el segundo encore (el tercer guitarra, Janick Gers, no se lo quería quitar) y, desde el principio de la tocada, doctores Simi voladores de peluche que acaban entre los platillos y tambores del gran Nicko McBrain, el sonriente dueño de las poderosas batacas que invocan a Eddie the Head, un personaje de dimensiones inimaginables que aparecerá dos veces en el escenario. Hasta un pollo de hule, de esos chillones al apretón, termina en manos de Dickinson en medio de “olé, olé, olés”.

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Crédito Alfredo Campos Villeda

Las banderas de México y Gran Bretaña toman turno en manos del hombre que oficia cuando interpreta “The Trooper”, la multitud explota de júbilo a continuación y canta a voz en cuello “The Clansman”, himno extraordinario de ambiciones sinfónicas, y alcanza el estado ideal con “Run to the Hills”, rola de orígenes antiquísimos, cuando los sucesores del hard rock comenzaban a darle forma al heavy metal y que hoy se homenajean con aquella música y aquellos tiempos: rock, piel, mezclilla, estoperoles, botas y melenas. Uf, qué días. ¡Chavorrucos del mundo, uníos!

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Crédito: Fernando Aceves

Cuando la sacudida ha llegado a su fin, Tláloc, benevolente, se permite dar una salpicadita a los súbditos de la doncella de hierro, apenas un rocío refrescante para recuperar la cordura y la vertical, mientras se escucha el canturreo de la multitud en fuga a la voz de “Freedom” y los ecos de la carcajada de Dickinson que sus fieles atribuirán siempre, siempre a Eddie. La Bestia ha oficiado en el Foro Sol.iron maiden

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Crédito: Fernando Aceves
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Crédito: Fernando Aceves
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