El compositor y director John Adams apenas llegó a México para su debut con la Orquesta Sinfónica de Minería (OSM) y ya dio doble cátedra, en las que se declaró “un gringo viejo que ama la cultura mexicana” y como ejemplo de ello habló de las poetas Rosario Castellanos y sor Juana Inés de la Cruz, cuyos poemas recuperó en su oratorio El Niño, en el que equiparó la matanza de inocentes perpetrada con Herodes con los estudiantes asesinados durante la matanza del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco.
Adams abrió la semana la noche del miércoles 20 de agosto, después un primer ensayo con la OSM, con una charla con Juan Arturo Brennan para asiduos a los conciertos del ensemble universitario que dirige Carlos Miguel Prieto y la tarde del jueves 21 acudió puntual a charlar con la compositora mexicana Gabriela Ortiz en una sala llena ahora de estudiantes de la Facultad de Música de la UNAM.

Adams (Worcester, Massachusetts, 1947), ganador de tres Grammys (1989, 1998 y 2005) y un Pulitzer (2003), tomará la batuta de la OSM como director huésped de la orquesta universitaria en los conciertos del sábado 23 y domingo 24 de agosto, para dirigir su propio Concierto para violín (1994), en la sala Nezahualcóyotl de la UNAM, con el italo-alemán Augustin Hadelich como el solista de lujo.
En la Casa del Risco de San Ángel, Adams, considerado uno de los compositores vivos más importantes del mundo, junto con Philip Glass, se unió a las charlas que desde hace 30 años Brennan ofrece a los fanáticos de la OSM antes de sus conciertos de la temporada de verano y habló en particular sobre su Concierto para violín, de unos 35 minutos de duración, comisionado por el New York City Ballet, que tuvo su premier mundial el 19 de enero de 1994, en el Ordway Music Theater, en Saint Paul, con la Minnesota Orchestra dirigida por Edo de Waart y como solista Jorja Kay Fleezanis.
Dedicado a la memoria de David Huntley, de la editora inglesa Boosey & Hawkes, se divide en tres movimientos: I. Quarter note: 78; II. Chaconne: Body through which the dreams flows, y III. Toccare.
Ahí habló de sus óperas y de sus dos oratorios: El Niño (en español, 2000) y The Gospel According to the Other Mary (El evangelio según la otra María, 2013), que como sus otras óperas contó con la colaboración del director de escena legendario Peter Sellars, a quien atribuyó haber conocido a poetas latinoamericanos Rosario Castellanos, sor Juana, Gabriela Mistral y Rubén Darío que incluyó en particular en El Niño, que tanto en Casa del Risco como en la Facultad de Música llamó su “Mesías”.

Contó en las dos charlas que ambos oratorios partieron de que fueran mujeres las que hablaran sobre los evangelios, dado que hasta entonces sólo hombres habían sido quienes daban su versión sobre el nacimiento de Jesús, cuando, ironizó, “las mujeres deben de saber algo acerca de dar a luz a alguien”.
El tema volvió a salir durante la charla con la compositora Gabriela Ortiz, que este año ganó en lo personal un Grammy de cuatro que obtuvo la grabación de su primer ballet Revolución diamantina, con la Filarmónica de Los Ángeles, dirigida por Gustavo Dudamel, con texto de Cristina Rivera Garza.
Ortiz, que fungió como entrevistadora del maestro estadunidense, preguntó sobre la poesía de Rosario Castellanos que había incluido en El Niño, en particular Memorial de Tlatelolco, tras contarle a Adams que muchas familias, incluyendo la suya, en la persona de un tío, sufrieron la represión contra los estudiantes, en su caso cuando el Ejército invadió Ciudad Universitaria el 18 de septiembre de 1968.
John Adams, homónimo de uno de los fundadores de Estados Unidos y presidente, atribuyó a Sellars el haber conocido la poesía de Rosario Castellanos y de los otros escritores mencionados antes y dijo que cuando buscó equivalente en la época actual a la matanza de los inocentes perpetrada por Herodes tras el nacimiento de Jesús, según la versión de los Evangelios, y concluyó que podían ser los estudiantes.
Y fue así como llegó a Memorial de Tlatelolco para representar que siempre en la represión que ejercen los gobiernos contra inocentes, los estudiantes de todas partes del mundo son las primeras víctimas.
Gabriela Ortiz aprovechó para solidarizarse con Adams por los recortes que ha emprendido el gobierno de Donald Trump a las universidades estadounidenses por las críticas a su gestión y por las protestas estudiantiles en instituciones como Harvard por el genocidio que perpetra Israel contra los palestinos.
Y tomando como ejemplo la ópera de Adams, The Death of Klinghoffer (1991), sobre el secuestro del crucero Achille Lauro perpetrado en 1985 por el Frente de Liberación de Palestina y el asesinato del anciano judío en silla de ruedas Leon Klinghoffer, que le ganó críticas a Adams de antisemitismo, Ortiz preguntó a su colega hasta dónde un compositor puede manifestar artísticamente sus posturas políticas.

Y él respondió que, aunque toda obra puede ser una declaración política, simplemente “no hay reglas”.
Adams es considerado uno de los compositores vivos más importantes y más interpretados en el mundo, con una prolífica obra que, además de piezas orquestales y de cámara, incluye polémicas óperas centradas en personajes o acontecimientos del siglo XX, como Nixon in China (1987), sobre la visita del presidente de EU Richard Nixon a la China comunista de Mao Tse-Tung en 1972; o Doctor Atomic (2005), sobre Robert Oppenheimer, el Proyecto Manhattan y el desarrollo de la bomba atómica.
Siempre con bromas y sonriente en ambas presentaciones previas a sus conciertos, Adams, residente de Berkeley, California, entendía perfectamente el español, pero prefirió que las charlas fueran en inglés, porque reconoció que su español “parecía de jardinero de San Francisco” y, en el segundo encuentro, igual pidió su lengua materna después de denominarse “un gringo viejo que ama la cultura mexicana”.
No sólo habló de la poesía mexicana de sor Juana y Rosario Castellanos, quien este 2025 es el centenario de su nacimiento, también a pregunta expresa de este reportero dijo que, si pudiera dirigir una obra de Gabriela Ortiz, quien “es muy, muy famosa en EU”, sería La Calaca. También refirió que ha dirigido piezas de “clásicos” como Carlos Chávez, Silvestre Revueltas, Javier Álvarez y que pronto dirigirá una de Enrico Chapela, presente en la sala Xochipilli de la Facultad de Música de la UNAM.
¿Has oído hablar de John Adams pero no sabes quién es? 🤔
En este episodio, te contamos todo sobre John Adams: compositor contemporáneo y director huésped, quien estará al frente de nuestro Programa 8 de la Temporada de Verano 2025.🎧 Escúchalo completo en Spotify y Apple… pic.twitter.com/TlDqFvdnAm
— Sinfónica de Minería (@orquestamineria) August 19, 2025
John Adams, dos conciertos para la historia
Como ha venido informando este reportero desde junio, Adams hará historia con la OSM este próximo fin de semana, en su debut en México, en la sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario.
El solista de su Concierto para violín será Augustin Hadelich, frecuente invitado de la OSN y ganador del Grammy 2016 en la categoría Best Classical Instrumental Solo, por su interpretación del Concierto para violín, L’abre des songes, de Henri Dutilleux, con la Seattle Symphony, bajo la dirección de Ludovic Morlot.
De hecho, Hadelich fue nombrado en abril pasado artista en residencia con la Orquesta Sinfónica de Boston para la temporada 2025/26, que abrirá en octubre próximo con tres interpretaciones del Concierto para violín de Adams, bajo la dirección de Andris Nelsons, seguido por un segundo programa en febrero de 2026 con Thomas Adès, que contará con el concierto de este compositor británico subtitulado Concentric Paths for violin and orchestra
John Adams será así la gran figura de la próxima temporada de verano de la Sinfónica de Minería, como declaró el director artístico de la orquesta, Carlos Miguel Prieto.

Apenas el pasado 12 de mayo estrenó en la Metropolitan Opera House de Nueva York Antonio y Cleopatra, basada en el drama de William Shakespeare, luego de que en la temporada 2023-24 tuvo la premier en ese escenario neoyorquino de su curiosa producción cantada en inglés, latín y español, el oratorio de Navidad El Niño (2000), que además de textos bíblicos, incluye poemas de Rosario Castellanos, textos de sor Juana Inés de la Cruz, la Nobel chilena Gabriela Mistral y Rubén Darío.
El compositor ganó en 2003 el premio Pulitzer a la Música por su pieza coral On the Transmigration of Souls (2002), en la que conmemora a las casi 3 mil víctimas de los atentados de Al Qaeda con aviones del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York, Washington y Pensilvania.
Además de contar con el director escénico Peter Sellars (1957) como su colaborador operístico, John Adams también ha desarrollado su faceta como director al frente de varias orquestas en Europa y EU.

En la primavera de 2003, el Lincoln Center presentó el festival John Adams: An American Master, el mayor a un compositor vivo. Su libro de memorias y viaje musical, Hallelujah Junction. Composing an American Life, se catalogó El Libro Más Notable del Año 2008, en la selección de The New York Times.
En junio de 2023, la Biblioteca del Congreso anunció la adquisición de los manuscritos musicales y documentos del compositor, director de orquesta y escritor, que se unieron a los de “otros gigantes de las artes escénicas, incluídos Leonard Bernstein, Aaron Copland, George e Ira Gershwin, Martha Graham, Charles Mingus y Neil Simon”, conservados en la División de Música de esa institución.
La London Symphony Orchestra, bajo la batuta de Ken Nagano y con Gidon Kremer en el violín solista, hizo la primera grabación de su Concierto para violín en 1996, bajo el sello Nonesuch.
Sobre esta obra que podrá escucharse en México este 23 y 24 de agosto con la OSM dirigida por su autor, la página de Filarmónica de Los Ángeles cita palabras de Adams en su premiere el 9 de mayo de 1997, con Gidon Kremer de solista y el compositor dirigiendo a esa orquesta.

“La propuesta de escribir un concierto para violín vino de la violinista Jorja Fleezanis, amiga cercana y entusiasta defensora de la nueva música. Los compositores que no son instrumentistas de cuerda enfrentan serios desafíos a la hora de escribir un concierto, y las colaboraciones cercanas son la norma, como lo fue en este caso. Para aquellos que no han tocado un violín o un cello, la relación física de la muñeca izquierda girada y los dedos que sujetan desafía la lógica. Intervalos que deberían ser simples son torpes, mientras que gestos que parecen humanamente imposibles resultan ser rudimentarios.
“Un concierto sin una fuerte declaración melódica es difícil de imaginar. Sabía que si iba a componer un concierto para violín tendría que resolver el problema de la melodía. No podría haber producido algo así en la década de 1980 porque mi lenguaje compositivo era principalmente de sonoridades masivas surgiendo sobre grandes olas de energía. La armonía y el ritmo eran las fuerzas impulsoras de mi música de esa década; la melodía casi no existía. El aria ‘News’ en Nixon en China, por ejemplo, es menos melodía de lo que es declamación sobre lo que se siente como los acordes de un gigantesco ukelele.
“Pero a principios de la década de 1990, durante la composición de La muerte de Klinghoffer, comencé a pensar más en la melodía. Esto fue quizás el resultado de estar parcialmente liberado por una nueva riqueza cromática que se estaba infiltrando en mi sonido, pero lo más probable es que se debiera a la necesidad de encontrar un medio melódico para establecer el libreto psicológicamente complejo de Alice Goodman.

“Como si para compensar años de descuidar la ‘línea cantada’, el Concierto para Violín emergió como una pieza casi implacablemente melódica —un ejemplo de ‘hipermelodía’. El violín teje una larga frase tras otra sin parar durante casi los 35 minutos completos de la pieza. Adopté la forma clásica del concierto como un modelo platónico, incluso hasta el punto de colocar una breve cadencia para el solista en el lugar tradicional cerca del final del primer movimiento.
“El concierto comienza con una larga rapsodia extendida para el violín, una ‘melodía sin fin’ libre y fantástica sobre la escalera pulsante y regularmente ascendente de figuras en la orquesta. El segundo movimiento toma una forma recibida, la chaconne, y suavemente estira, comprime y transfigura sus contornos y modalidades mientras el violín flota como un espíritu desincarnado alrededor del tejido orquestal.
«El título de la chaconne, ‘Body through which the dreams flows (Cuerpo a través del cual fluye el sueño)’, es una frase de un poema de Robert Haas, palabras que me sugirieron la la dualidad de la carne y el espíritu que permea el movimiento. Es como si el violín fuera el ‘sueño’ que fluye a través del latido lento y regular del “cuerpo” orquestal.
“El ‘Toccare’ utiliza el impulso motor de las Shaker Loops para crear un vehículo virtuoso para el violín solo. Después del memorable estreno de Jorja Fleezanis, muchos violinistas han interpretado la pieza, y cada uno lo ha hecho con su propio estilo y comprensión únicos. Entre ellos se encuentran Gidon Kremer (quien hizo la primera grabación con la London Symphony), Vadim Repin, Robert McDuffie, Midori y, quizás, lo más sorprendente de todo, Leila Josefowicz, quien ha convertido la pieza en su tarjeta de presentación personal durante años”.
