El Centro Vlady de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México inauguró la exposición Leonora Carrington: un viaje sagrado, una muestra integrada por 60 obras y 20 fotografías de piezas que incluyen esculturas, joyas, litografías, dibujos y grabados en metal.
Las piezas pertenecen a la colección del Consejo Leonora Carrington, cuyo fundador es Pablo Weisz, hijo de la artista. La curaduría está a cargo de Fermín Llamazares, presidente del Consejo Leonora Carrington.
Más que reunir distintas disciplinas trabajadas por Leonora Carrington, la exposición propone acercarse a la manera en que la artista entendía el arte y la vida: como un mismo territorio en el que podían convivir los sueños, la cotidianidad, la literatura, el cine, la naturaleza y la imaginación.
Para Juan Carlos Aguilar, rector de la UACM, llevar la obra de Carrington al Centro Vlady “permite establecer un diálogo entre dos figuras fundamentales del arte y construir puentes entre distintas generaciones, historias y formas de creación”.
El rector señaló que la exposición también se relaciona con algunos de los principios que la Universidad busca impulsar: la autonomía, el pensamiento crítico, la imaginación y la libertad de creación.
También destacó el carácter público de la UACM y la importancia de que sus espacios permanezcan abiertos a la ciudad. Desde su perspectiva, acercarse al arte también forma parte del derecho a la educación y del derecho a la ciudad, por lo que invitó, tanto a la comunidad universitaria como al público en general, a recorrer y hacer suyos estos espacios.
Para Fermín Llamazares, presidente del Consejo Leonora Carrington, esta exposición tiene un significado especial. La consideró una de las muestras más importantes por presentarse en la casa que perteneció a Vlady, un espacio que permite establecer un encuentro particular entre las trayectorias de ambos artistas.
Durante su intervención, Llamazares recordó también la relación de Carrington con el movimiento feminista y su amistad con la escritora Gloria Orenstein. Recuperó una frase que la artista le dijo a Orenstein durante uno de sus encuentros: “Es tiempo de exigir mi derecho de ave”.
Para Llamazares, aquellas palabras pueden entenderse como una declaración del deseo de Carrington por ejercer su libertad, volar y construir su propio camino. Desde esa mirada, el “viaje sagrado” al que alude el título de la exposición también puede convertirse en un “vuelo sagrado”.
La idea del viaje apareció nuevamente en las palabras de Fernando Gálvez, titular del Centro Vlady, quien explicó que para Carrington “no existía una separación rígida entre el sueño y la vigilia, el trabajo y la vida cotidiana, la literatura o el cine. Todo formaba parte de un mismo flujo poético, con momentos luminosos, pero también con zonas oscuras y dificultades”.
Jorge Luis Rubio, coordinador de Difusión Cultural y Extensión Universitaria de la UACM, llevó esa idea a una experiencia personal. Recordó que durante la pandemia viajó a Michoacán con algunos compañeros y terminó en una casa particular donde se encontraba una amplia colección de obras.
Entre ellas había dos pinturas de Leonora Carrington que captaron por completo la atención de un niño de nueve años. El pequeño permaneció frente a ellas, absorto, sin conocer el nombre de la artista ni haber escuchado previamente una explicación sobre su trabajo.
Para Rubio, aquella escena resume parte de la fuerza de Carrington: sus obras pueden convertirse en una puerta hacia otros mundos incluso para quien las contempla por primera vez. No necesitan necesariamente una explicación previa; basta con encontrarse frente a ellas para comenzar el viaje.
Con esa misma intención, la exposición llega al Centro Vlady, como una invitación a mirar, imaginar y dejarse sorprender. La muestra permanecerá abierta del 27 de agosto al 9 de noviembre, para que estudiantes, habitantes de la ciudad y visitantes puedan acercarse al universo de una artista que hizo de la imaginación una forma de libertad.

Leonora Carrington, 15 años de su partida
Leonora Carrington nació en 1917 en Lancashire, al noroeste de Inglaterra. A los 19 años dejó su hogar y se fugó a París con el pintor alemán Max Ernst, quien le llevaba varios años. Fue entonces cuando comenzó a acercarse al círculo surrealista y a relacionarse con algunas de las figuras más importantes del movimiento, entre ellas André Breton, Joan Miró y Pablo Picasso.
Su vida estuvo marcada por la búsqueda de libertad y por experiencias que terminaron alimentando el universo fantástico de su obra. En 1942 llegó a México, después de escapar del sanatorio donde había permanecido internada durante cerca de dos años, tras sufrir una crisis nerviosa en medio de la Segunda Guerra Mundial.
México se convirtió en su hogar. Aquí obtuvo la nacionalidad mexicana y construyó una estrecha amistad con la pintora Remedios Varo. También desarrolló un lenguaje artístico propio, poblado por personajes fantásticos, criaturas místicas, referencias a la mitología y mundos que parecen existir entre los sueños y la realidad.
Carrington murió a los 94 años a causa de una neumonía, pero su obra continúa viajando y encontrando nuevas miradas. Sus hijos, Gabriel Weiss Carrington y Pablo Weisz Carrington, han impulsado distintos proyectos para preservar y difundir su legado, entre ellos la Fundación Leonora Carrington y el Consejo Leonora Carrington.
Yayoi Kusama, conocida por sus imágenes repetitivas de lunares, esculturas de calabazas e instalaciones con espejos, murió el 14 de agostohttps://t.co/XKeCFJjqqA
— Fusilerías (@fusilerias) August 27, 2026

