París. Hay de exposiciones a exposiciones, pero la que presenta el Museo de Louvre en torno a los escultores Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) y Augusto Rodin (1840-1917), de título Corps Vivants, es de verdad excepcional. Un “mano a mano”, nunca mejor dicho, entre las dos figuras dominantes del arte de la escultura.
Pasará mucho tiempo para que estén juntos otra vez, codo a codo, el mármol Esclavo rebelde de Buonarroti (1514) y el bronce Adán de Rodin (1881), desnudos masculinos que abren esta magna exhibición en la rotonda del salón Napoleón, dos obras que unen con hilo invisible la historia del arte europeo, del apogeo del Renacimiento al comienzo del modernismo.

Esculturas importantes en los catálogos de Miguel Ángel y Rodin: el Esclavo de mármol se concibió para el inconcluso mausoleo de Julio II (della Rovere, el Papa entre 1503 y su muerte en 1513); el bronce de Adán sería para el monumental proyecto de Las puertas del infierno, que también quedó inconcluso –su primera fundición no fue sino hasta 1938 (una de las ocho copias existentes es la que puede verse en el museo Soumaya de Ciudad de México).
Mármol y bronce con el soplo de la vida, asistimos a un milagro: dos esculturas que juntas se cofunden en una y la misma, como en un espejo: la idéntica postura, la misma e impresionante torsión: un diálogo de cuatro siglos entre los dos titanes, la agonía y el éxtasis, en efecto.

Los curadores de la muestra, Chloé Ariot, del Louvre, y Marc Bormand, del Museo Rodin, quieren revelar las afinidades y correspondencias entre Buonarroti y August, medirse con la antigüedad grecorromana o el recurso del “non finito”, por ejemplo, como lo son también las diferencias entre uno y otro: uno tallaba directamente sobre el mármol, el otro moldeaba la figura en yeso o terracota antes de fundirla en bronce.
Cuerpos vivos o la gran influencia de Buonarroti sobre Rodin, quien desde muy joven, como estudiante de arte, venía al Louvre a dibujar este mismo Esclavo rebelde, así como el que se encuentra a su espalda en la misma rotonda, el Esclavo moribundo, otra cumbre manierista de Miguel Ángel, también en propiedad del Louvre desde 1794.

Esbozos juveniles que forman parte de la exposición, junto con otros estudios estudiantiles repletos de referencias explícitas al maestro florentino. Por ejemplo: el busto de mármol de 1864, Hombre con la nariz rota, su primera obra aceptada en el Salón, clara alusión a Miguel Ángel, cuyo rostro se deformó a los quince años luego de recibir en un pleito un puñetazo que le rompió los huesos nasales.
Rodin no ocultó su devoción por Miguel Ángel, al que llamaba “el gran mago” (otros le llamaban simplemente “el divino”): se tomaba como el hijo del padre, su heredero natural. Su escultura de Adán se basa directamente en el que Buonarroti pintó para La creación de Adán en la bóveda de la Capilla Sixtina (1508-13) y que Rodin pudo ver en Roma durante su gira por Italia en 1876, viaje que le cambió la vida cuando conoció a Miguel Ángel en persona, por así decirlo.

En Florencia visitó y dibujó la tumba de los Médicis, en la sacristía nueva de la basílica de San Lorenzo, y tuvo una epifanía. Así lo escribió a su pareja, Rose Beuret: “He estado estudiando a Miguel Ángel desde la primera hora que llegué a Florencia y creo que este gran mago me está revelando algunos de sus secretos”.
La rotonda se completa con otras dos esculturas históricas de Rodin, también desnudos masculinos: La edad de bronce (L’âge d’Airain, 1877), la primera escultura a escala humana que realizó el artista después de su viaje a Italia y la que lo llevó a la fama, y Jean d’Aire (1889), estudio en yeso para otro de sus grandes conjuntos escultóricos, Los burgueses de Calais (1889), que se levanta en la plaza municipal de esa ciudad del norte de Francia; una segunda fundición en bronce es la que puede verse en el Soumaya.

La mera contemplación de estas cinco esculturas, en una escenografía antológica, daría para horas de divagaciones como las anteriores, pero esta primera visión es sólo para abrir boca, porque en la exposición hay otros dos centenares de piezas, entre mármoles, bronces, yesos, esculturas de terracota, moldes, dibujos y obra gráfica. Un recorrido maravilloso por los mundos de estos dos mitos del arte.
Hay momentos sublimes, como cuando al doblar un ángulo de la galería, se nos presentan, lado a lado, la copia fiel del Moisés de Miguel Ángel (el original se halla en la iglesia de San Pietro in Vincoli de Roma) que se mide con el monumental Balzac (1898) modelado por Rodin. A unos metros, el estudio de la bata del novelista, su prenda de vestir favorita, su piel simbólica.

Corps Vivants muestra también los vínculos entre Miguel Ángel, Rodin y las generaciones posteriores de escultores. Ahí están el surrealista Jean Arp, con su Escultura automática: homenaje a Rodin (1938), y el fabuloso constructivista ruso Ossip Zadkine con otro Homenaje a Rodin, de 1944. Completan el elenco de modernistas invitados el neodadaísta alemán Joseph Beuys, el italiano arte povera Giuseppe Penone y el expresionista norteamericano Barnett Newman con una videoinstalación que juega con los conceptos de equilibrio-desequilibrio, tan recurrentes en las obras de Buonarroti y Rodin.

Un “mano a mano” entre Miguel Ángel y Rodin
Para el final dejo las manos de estos inmensos escultores, que aquí veo: la izquierda de Miguel Ángel, expuesta desde el siglo XVIII en la basílica de San Lorenzo, en terracota por un anónimo hacia 1580, y la de Rodin, moldeada de su mano derecha en yeso por Paul Cruet en 1917 y que sostiene entre pulgar e índice un torso femenino. Estas sí son, verdaderamente, las manos de Dios.
🇫🇷 Les sculptures de Michel-Ange et de Rodin ont peut-être 4 siècles d’écart, mais elles ont bien plus de similitudes que vous croyez !
✨Les commissaires de l’exposition «Michel-Ange Rodin. Corps vivants» nous décrivent la très impressionnante rotonde qui ouvre le parcours avec… pic.twitter.com/SPG3GU3aVu
— Musée du Louvre (@MuseeLouvre) May 9, 2026