Implacable
Decidió nunca más volver a participar en redes sociales aun y cuando, para lograrlo, fuera necesario tener que relacionarse en persona con un ser humano.
La felicidad tocó a su puerta
Juan era muy desdichado. Como siempre sucede, un buen día la felicidad tocó a su puerta y ésta, excitada por tal atrevimiento, se entregó a ella. Así, la felicidad y la puerta fueron muy felices y Juan, además de su desdicha, tuvo que aprender a vivir sin puerta.
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