El escritor francés Georges Perec (1936-1982) no dejó biografía o apuntes para memoria. No era un género favorecido ni por Perec ni por los otros raros —el matemático François Le Lionnais y el poeta Raymond Queneau— que formaron en los años sesenta del pasado siglo el grupo Ouvroir de Littérature Potentielle, mejor conocido por todos como Ou.Li.Po. Los oulipianos estaban demasiado ocupados con los juegos de palabras para hacerle a la introspección. En el “taller de literatura potencial” se escribían palíndromos, anagramas, crucigramas, holorimas, isovocalismos, sonetos heterogramáticos, traducciones homofónicas y otras manipulaciones lexicográficas y maquinarias textuales.

Una especialidad eran los lipogramas (la exclusión en el texto de una o más vocales, como la novela sin “e” que Perec publicó en 1969, La disparition, y que precedió tres años a Les revenentes, una “fantasía monovocal” escrita esta vez sólo con la “e”). Eran los oulipianos cruciverbistas que se deleitaban con las formas combinatorias y otros rompecabezas. Concebían la literatura como una actividad lúdica, en las antípodas de la seriedad de sus contemporáneos del nouveau roman o los existencialistas.
Perec es el oulipiano emblemático. Su libro La vida instrucciones de uso (La vie mode d’emploi, 1978), collage de 99 novelas potenciales en los 99 departamentos de un inmueble de París, es la cumbre del estilo puzzle, su obra maestra. Ese mismo 1978, Perec publicó otro libro que ha pasado con discreción al catálogo de su obra. Se titula Me acuerdo (Je me souviens, en el original) y publica la editorial Impedimenta en una nueva traducción de Mercedes Cebrián.

No se trata en sentido estricto de una obra de experimentación oulipiana, sino de una serie de 480 recuerdos fragmentarios que pueden leerse como lo más cercano a una autobiografía de Perec, para volver al inicio de esta reseña. El principio es simple, según explica Perec en un breve postscriptum: “Recuperar un recuerdo casi olvidado, trivial, común, si no para toda, sí para mucha gente”. Cada uno de estos 480 fragmentos empieza por un “Me acuerdo…” (por ejemplo: “Me acuerdo del día cuando capituló Japón”, “Me acuerdo de mayo del 68”). No se trata sólo de recuerdos personales, sino de pequeños trozos de lo cotidiano, de hechos, cosas, personas, que la generación de Perec compartió y que después dejó caer en el olvido.
Perec y los recuerdos
Recuerdos infraordinarios —por utilizar el título de otra obra de Perec que en mucho se asemeja a la que aquí se comenta—, pero que pasado un tiempo vuelven a la memoria, intactos y minúsculos: la proeza de un campeón, la voz de una cantante, una nota roja de escándalo y otras migajas de memoria.
Así, Perec se acuerda del jazzista Lester Young en el Club Saint-Germain; de Alain Delon cuando era empleado de una carnicería; de Shirley McLaine en una película de Hitchcock; del buque Andrea Doria, de Yuri Gagarin, del asesinato de Sharon Tate, de Biafra, del yo-yo, de María Félix, de Cantinflas como Passpartout en La vuelta al mundo en ochenta días…
Me acuerdo o un original caleidoscopio de lo que fue nuestro mundo en los años 1950-1980.
La Bibliothèque nationale de France (BnF) présente 300 pièces liées au romancier unique Georges Perec, mort en 1982.
«Georges Perec, modes d’emploi» se tient jusqu’au 14 février 2027 à la BnF François Mitterrand.⏪En 1969, il écrit un roman de 300 pages sans jamais utiliser la lettre «e». Comment a-t-il fait ?
— INA.fr (@Inafr_officiel) October 29, 2026