Querétaro, Qro. Gracias a la publicación de novelas como Casas vacías y Ceniza en la boca, Brenda Navarro se convirtió en una de las voces literarias más destacadas de México y del ámbito hispano. Sus posturas, incisivas y necesarias, la establecieron como una autora que visibiliza la violencia sistémica, los traumas familiares y la complejidad de la migración. Recibió galardones importantes, como el Premio Tigre Juan de Novela y el Cálamo, consolidando su lugar como un faro para la literatura contemporánea que aborda temas sociales urgentes.
Después de varios años, no está cansada. A sus cuarenta y tres años está lejos de ser una escritora apacible. Es una mujer fuerte, de mirada directa, abierta y cálida, y dispuesta a defender sus posturas hasta donde tope. Como escritora, no se considera “una intelectual”. Desde hace algunos años, se convirtió en una firme defensora de los derechos humanos y es conocida por su enfoque en la violencia de género y las violencias estructurales en México y otros lugares. Además, es una de las referentes de la literatura mexicana.

La entrevista
El encuentro formal con Navarro fue en una improvisada sala de prensa, situada en el segundo piso del Gran Hotel de Querétaro, ciudad a la que llegó como invitada para participar en la décima edición del Hay Festival Querétaro.
El primer encuentro, sin embargo, fue en un elevador, segundos después de que la puerta corrediza del edificio la arrollara con furia. De primeras parece distraída. Los viajes exigen cambiar de tiempo. Obligan a acostumbrarse a un horario diferente. Y ella, confiesa, apenas lleva tres horas en México. Su rostro redondo y suave se asoma tímidamente detrás de su desordenada melena negra. Acaricia su pelo. Con sus ojos grandes y redondos mira con atención. Cuando habla, mueve las manos con vehemencia para acompañar su discurso con pasión, entusiasmo y, por qué no, para ayudar a organizar sus pensamientos.
A primeras da la impresión de ser cercana y amable. Y, a medida que empieza a entrar en confianza, su plática se transforma en un río que fluye sin esfuerzo y sólo se detiene cuando le da un sorbo a su Coca-Cola. Brenda, sin embargo, no es condescendiente, cuando no está de acuerdo su voz traza una línea firme e inconfundible. Cuando le toca responder a una pregunta respira, mira y luego con voz determinada, segura. Toda su vida se ha interesado por romper moldes. Nació en los ochenta en una familia nuclear de la que es la primera en asistir a la universidad.
—¿Crees en la escritura como un acto social? —le pregunto.
—Claro. Pero no estoy aquí por Rosario Castellanos. Antes que eso yo estoy aquí por mis padres, mi mamá, mi hermana y el padre de mi hija, quien la cuida. Estoy aquí por muchas personas que dan su tiempo para que yo pueda escribir.
En 2015 Navarro se mudó a España, con su esposo. Ahí empezó a meditar sobre maternidad, pero de una forma muy cruda y compleja. Y a trabajar como escritora. Casas vacías, su primera novela, fue publicada tres años más tarde por la editorial Kaja Negra y un año después por la mexicana Sexto Piso. Luego dio el salto a la no ficción y escribió un innovador ensayo, una exploración cruda de las complejas relaciones entre mujeres y una denuncia de las estructuras patriarcales que las oprimen, pero también es un reconocimiento de su capacidad de resistencia.
Su texto provocador, publicado en la antología Tsunami II, reforzó su postura como una de las voces disidentes del país. “Un invaluable análisis transversal del estado del feminismo mexicano contemporáneo”, escribió Publishers Weekly sobre la traducción al inglés. En 2022 apareció Ceniza en la boca y Brenda pasó a ser una de las escritoras más leídas y una de las puntas de lanza de un grupo de mujeres escritoras que están generando un boom literario y demostrando la diversidad y la fuerza de la literatura latinoamericana contemporánea, que apunta hacia las escritoras entre las que destacan, además de ella, Fernanda Melchor, Mariana Enríquez, Agustina Bazterrica, Pilar Quintana o Samanta Schweblin.
—En tus libros no se defiende la intelectualidad ni la alta cultura; por el contrario, parece haber una inclusión de la cultura pop. ¿Eso es una impronta de tu trabajo?
—No pertenezco a las élites culturales y, afortunadamente, no tengo que cumplir sus códigos. Esto me permite hacer lo que me da la regalada gana. La primera vez que pensé que podría ser escritora fue leyendo a José Agustín. En ese momento me di cuenta de que “se puede escribir de esta otra manera”. Después llegó Yuri Herrera, con su lenguaje tan propio, y me confirmó que no siempre se tiene que escribir como Octavio Paz, sino que es posible hacer otras cosas. Me siento mucho más cómoda con ese tipo de registro, en el que se usan las palabras de la gente común, en lugar de un estilo muy garigoleado o que parece demasiado intelectual. Sinceramente, entre más intelectual me parece un libro, menos me interesa.
—¿La escritura de ensayos es una liberación de tus obsesiones? ¿Te sientes más cómoda con la escritura de no ficción?
—No. Con la narrativa, definitivamente, me siento más cómoda. Si me pidieran escribir un reportaje de largo aliento yo querría llegar tanto a la veracidad que me perdería. Yo creo que la ficción me permite sentirme cómoda, porque sé que puedo hablar de lo que sea.

La doble cita en el Hay
Navarro vino a Querétaro a conversar con la escritora, actriz y promotora cultural nahua Ateri Miyawatl y con la autora sudafricana Deborah Levy. Pero como era de esperarse, su voz que desafía las narrativas convencionales y se enfoca en temas sociales complejos desde una perspectiva cruda y empática no la hicieron pasar inadvertida: cientos de lectores asistieron a su primera conferencia en el Jardín Guerrero. Horas más tarde, en el Teatro de la Ciudad, volvió a emocionar a sus fans. No se habla de rumores sobre su personalidad. “Tú pregunta lo que quieras; si no me gusta, simplemente no te voy a contestar”, me dijo la escritora nacida en la Ciudad de México. Pero nada resultó ser más falso: está dispuesta a hablar de lo que sea, su vida privada, la situación política u otros temas delicados. Nunca deja que su vida doméstica afecte la defensa de sus ideas.
De hecho, en noviembre de 2022, después de la aparición de su segunda novela, escribió una crónica para el diario El País en la que sostiene que la política de migración española se basa en una “ficción legal” que despoja de derechos a los no-ciudadanos. Al citar la Constitución, subraya que el Estado español se proclama democrático, pero al mismo tiempo crea una jerarquía que considera a los inmigrantes como personas de “rango inferior. “¿Por qué muchas personas tenemos el derecho de vivir una migración tranquila, mientras que otras no? ¿Por qué estas personas, que están dejando su cuerpo y a sus familias atrás, no pueden lograrlo? De ahí nació Ceniza, de preguntarme: ¿Qué tan justo es que yo sí tenga ese derecho y ellas no?”, reflexiona la escritora.
Su cuento “Mi sur”, publicado en el mismo diario en agosto de 2023, aborda el tema de la migración como una consecuencia de la desigualdad y la precariedad económica.“Todos desiguales, no como la ropa, sino como los que se tienen que ir para volver con el paso de los años a ver morir lentamente a los padres que la sanidad pública ya no quiere cuidar.” Esa frase alude directamente a las personas que se ven obligadas a dejar su lugar de origen para buscar mejores oportunidades, sólo para regresar años después en circunstancias tristes.
Su interés por la desilusión social y la búsqueda de la autonomía colectiva también quedó plasmado en su trabajo periodístico. En el artículo de opinión titulado “Otra forma de nombrar el dolor”, la escritora utiliza el término chipil, del náhuatl, para describir el sentimiento de vulnerabilidad y malestar que experimenta la sociedad cuando se siente “destetada” o abandonada por las autoridades y el sistema que se suponía que debían proveer bienestar.
Entre 2013 y 2015 aparecieron algunos cuentos suyos —“El asalto a Raúl Castro”, “La cobija azul” y “Jauría de perros”— en revistas y antologías independientes. La inmersión al cine del trabajo de Brenda Navarro llegó de la mano del actor, productor y director Diego Luna, quien anunció que Ceniza en la boca será su cuarto largometraje de ficción como director. Irene Azuela y Berenice González se encargaron de realizar la versión teatral de las dos novelas de la escritora. No hay un consenso absoluto sobre cuál es el mejor libro de la mexicana.
Brenda Navarro no es todavía un ícono de la cultura o el activismo, pero su trabajo, su figura fuerte y combativa y su voz tienen el potencial de convertirla en uno. Es imposible no abordar su faceta dentro del trabajo editorial de la mexicana con #enjambreliterario, un proyecto editorial al que le interesa difundir obras publicadas por mujeres.
—¿Cuál crees que es el legado que están construyendo las escritoras?
—¡Pues todo! Estamos dejando un legado tremendo. Las mujeres estamos sosteniendo el mundo. Yo soy de las que tienen la fortuna de no sostenerlo tan fuerte como las madres trabajadoras, las madres migrantes, las madres que cuidan a otros seres humanos, pero yo creo que el mundo sigue existiendo gracias a ellas.
Para los últimos minutos de plática, Navarro se guardó lo mejor. De nuevo se hizo evidente la fascinación que tiene por abordar temas sociales y políticos complejos con una perspectiva feminista: “Trabajo en una tercera novela que es el cierre de este ciclo de historias de mujeres. Para mí es distinta, pero eso pensaba de Casas vacías y Ceniza en la boca, y ustedes han encontrado todos los ejes temáticos que las emparentan. Eso sí, me estoy dando el tiempo de disfrutar la escritura sin responder a las exigencias del mercado y a la presión de tener que escribir y publicar rápido, porque además sigo hablando de estas novelas y no tengo la necesidad de correr mucho”.
Al final de la entrevista descubrí dos cosas. Una: que, a pesar de todo, Brenda Navarro sigue siendo la misma persona y que, a sus 43 años, el éxito no la ha afectado ni ha perdido ese ímpetu que la llevó a tomar el papel y escribir los libros que ella quería. Y dos: que la Coca-Cola quedó casi intacta en la mesa. Tiene una forma de hablar tan intensa que, una vez que la escuchas, te das cuenta de que su entusiasmo no tiene fin.
Tal vez sea el secreto de su carisma.
Junto a @despixeleada, la escritora inglesa Deborah Levy presentó su más reciente libro: «Azul de agosto», un deslumbrante y melancólico retrato de una transformación introspectiva. 📚✨@mxbritish pic.twitter.com/27a5nvup0A
— Hay Festival Esp (@hayfestival_esp) September 9, 2025