A Karla G. G., gracias
por contarme un cuento.
Sólo de pensar en comerme una pasita siento muy feo. De veras, no soy payasa ni «especialita» (como me dice mi tío) o que no le dé gracias a mi mami por la comida rica. Es que tengo un secreto: descubrí quién soy.
Y una no se come a sus amigos o a su familia, ¿verdad?, ¿verdad?
¿Que cómo lo supe? Todo comenzó el sábado, el día en que puedo quedarme más y más tiempo en la bañera siendo una sirena o un animalito del mar. El agua me da como abracitos. Aún no conozco el océano, pero mi abuelito me prometió ir.
Soy muy feliz cuando estoy en la bañera y cuando me dicen que iré al mar para quedarme ahí adentro todo el día.
Pero el sábado algo pasó. Estuve chapoteando un buen rato y cuando me pidieron salir quise llorar, hasta me agarré fuerte fuerte de la bañera. Entonces, mi tía me dijo: Nena, ya, te vas a quedar arrugada como pasita si no te secas.
Descubrí una cosa.
Me hicieron taquito con la toalla y me prepararon para sentarme a desayunar. Enfrente de mí apareció un tamalito dulce.
Con pasas.
Hubo lágrimas.
No iba a comerme eso. Uno no se come a su familia ni a sus amigos. No. Yo ya sabía algo: que era una pasita arrugada por el agua calientita.
Así que no soy payasa ni «especialita».
Pasita no come pasita.
CUENTO | Por @condesm
Antes de comenzar quisiera saber si alguien aquí no sabe quién es el Coco
Ilustración: Alejumahttps://t.co/EqXylcNVw2— Fusilerías (@fusilerias) February 9, 2026
