ARLÉS. En 2025, los Encuentros de la fotografía de Arlés nos invitan a ser desobedientes, rebeldes, insumisos. Les Rencontres de la photographie, in proper french, el más importante festival europeo en la materia, ha elegido para su 56 edición el lema “Imágenes indóciles”, cuestión de dar algo de coherencia, un hilo narrativo a las 47 exposiciones que, del 6 de julio al 5 de octubre, se realizan en 26 edificios de esta hermosa e histórica localidad a orillas del río Ródano: iglesias, claustros y conventos medievales; galerías y colegios; el “Espacio van Gogh” (ex manicomio al que llegó el pintor tras rebanarse la oreja), así como algunas salas de la moderna y “gentrificante” torre LUMA y el supermercado Monoprix exhiben durante estos tres meses la ecléctica selección que quiere dar cuenta del estado actual de la fotografía.

La ciudad provenzal, con su famoso anfiteatro romano del año 90 a.C., vibra a ritmo y alrededor de la fotografía, como si no existiera nada más. Además de la selección “oficial”, está el festival “off”, en vestíbulos de hoteles, pequeñas galerías y otros comercios; y el festival “off-off”, que se despliega en los viejos muros de esta localidad a orillas del río Ródano, de solo 45 mil habitantes invernales, casi todos ancianos, pero que durante estos Encuentros estivales recibirá un récord de 200 mil turistas, con todos los problemas de “gentrificación” y alza de precios que trae consigo el turismo masivo y que se ha vuelto todo un tema en Arlés.

“Herramienta de resistencia” en Arlés
De “indocilidad” se trata, entonces, en estas “Rencontres”: de ver la fotografía como “una herramienta de resistencia, de testimonio y transformación social”, como escribe en el catálogo de los Encuentros su director, Christoph Wiesner. Pertinente declaración de intenciones, sobre todo cuando soplan en el mundo vientos malolientes, contrarios a la diversidad, la inclusión y la igualdad. Una parte de los fotógrafos de esta edición “indócil” se enfocan en las minorías excluidas, los pueblos colonizados y otros marginados, con Brasil y Australia, dos países que algo saben de colonialismo y marginación, encabezando el cartel.

De hecho, la imagen del póster oficial del evento y portada del catálogo es la de un niño aborigen en medio del desierto, que posa en traje de superhéroe Marvel, un Capitán América-Warakurma, en actitud de desafío, con la capa al viento y los pies firmes sobre un coche destartalado. El retrato, obra de los fotógrafos Tony Albert y David Charles Collins, es un manifiesto visual: devolver la voz a los pueblos silenciados, que, tras siglos de opresión, se levantan hoy sobre las ruinas de la herencia colonial.
On country: fotografía de Australia, se llama esta interesante exposición colectiva, de fotógrafos autóctonos y no autóctonos, que escarba en la compleja identidad de este país continente, en el que se instauró un sistema de apartheid que no pedía nada al de Sudáfrica.
También de la identidad de otro “país continente”, Brasil, se trata en otra exposición estelar: Futuros ancestrales. Escena contemporánea brasileña, que presenta una nueva generación de artistas; reinterpretación de archivos visuales y tradiciones brasileñas, a través de fotos, videos, collages e incluso la inteligencia artificial. Lejos de la mirada del colono blanco, de los estereotipos, otras representaciones de la belleza, el cariño y la espiritualidad, con acento en la cultura afrobrasileña y lo LGBT+.
De memoria e identidad es cuestión en otras exposiciones de los Encuentros de la Fotografía de Arlés, pero ya comentaremos en otras entregas para Fusilerías.