Fabiola Rojo aceptó protagonizar Ni una palabra (o como convertirme en mar), la obra de Manya Loría sobre el abuso sexual a menores, por el uso que la dramaturga queretana da al agua ante el trauma.
“El texto me gustó por las por las metáforas que utiliza en relación al agua, cómo ve su liberación de descubrir lo que vivió a través de convertirse en agua, de convertirse en el mar, con el caos y la belleza y el miedo que eso conlleva”, comenta la protagonista, quien encabeza la compañía teatral Chac Bolay.
La obra en un solo acto, publicada en 2024 por Loría (1989) en la editorial Los libros del perro y estrenada en el foro La Chimenea de la ciudad de Querétaro en septiembre de 2025, ahora se presenta los lunes del 6 de abril hasta el 25 de mayo en La Capilla (Madrid 13, Coyoacán), dirigida por Diego Collazo, con Fabiola Rojo (Ana), Aurora Gonzvel (Bety) y Esmeralda Velázquez (El Mar, música).
Collazo, también al frente de Chac Bolay, hizo llegar el texto a las actrices con la propuesta de montarla. Y desde el inicio propuso a Rojo para el rol de Ana, aunque ella subraya que todas son Ana.
“Tuvimos lecturas individuales cada una y, después, con el director para abordar el texto ya de manera más profunda. Ana es un poco irónica, pero también muy sensible”, agrega la actriz y productora.
Agrega que en la trama de alrededor de 70 minutos las tres mujeres en escena representan a una sola.
“En realidad, los tres personajes son Ana. Digamos que uno de ellos es el subconsciente; el otro es el inconsciente y el otro es Ana, que es como ya el consciente del personaje. Pero los tres constituyen una parte de su mente”, añade la también protagonista de Próxima Estación: la Ciudad de las Jacarandas.
Con Bety como su interlocutora, Ana hila una serie de acontecimientos en su infancia y que cambiaron su vida, entre ellos el abuso que sufrió, con lo que se va reconstruyendo y liberando de la culpa.
Rojo explica que la característica principal de Ana es su corporalidad, todo parte de esta en la narrativa.
“Porque su malestar oculto se ha manifestado en su cuerpo, en cómo se mueve, en cómo reacciona a ciertos estímulos normales que para ella representan otra cosa, su estar, su manera de ver las cosas. Y también esa sensibilidad y ese miedo con el que carga y ese no entenderse a ella misma, además de su frustración de ni siquiera entenderse ella misma ni poder estar consigo porque aun eso la altera”, añade.
La obra transcurre en un solo momento, en el que Ana interactúa con Bety mientras que el personaje del Mar lleva las acotaciones y mantiene la relación con el público, a quien a veces se dirige en la obra.
La obra, con una escenografía sencilla, eficaz, incluye proyecciones al fondo del escenario, que se muestran en momentos clave de escenas para acompañar lo que sucede en la mente de la protagonista.
“El dispositivo de las proyecciones refuerza lo que está sintiendo Ana o lo que está viviendo en su mente. Y tenemos música en vivo que ejecuta la actriz que hace el personaje del Mar, toca un handpan (instrumento tibetano), pero con una especie de baquetas. Y también tenemos una escenografía que alude mucho mucho al sueño, como al onírico de la obra y a este estado acuoso de la obra”, dice Rojo.
Durante la segunda función de temporada, el lunes 13 de abril, una joven del público lloró toda la obra. Al respecto, la protagonista refiere cuál fue su impresión de las reacciones del público sobre una obra con el agua como metáfora, leit motiv, como algo orgánico que va llevando la trama hasta su desenlace.
“Fue muy interesante desde las exploraciones. Con el público se experimentó de una manera distinta, porque a veces uno construye la obra o la visualiza de una manera y ya con el público descubres incluso nuevas cosas o le das otra imagen a las palabras. En el estreno fue muy interesante ver ya cómo funcionaba con público la cuestión del agua, como esta ligereza o de pronto el caos o el movimiento que se siente estar en el agua. Es algo que todavía se puede ir construyendo aún más”, concluyó Rojo.
Sorprende a Fabiola Rojo reacción del público
De Ni una palabra (o como convertirme en mar), la dramaturga oaxaqueña Sonia Gregorio escribió: “Un cuerpo colmado de agua salada, que se ahoga en los recuerdos de un pasado que ha decidido olvidar, pero que vuelve una y otra vez como las olas del mar. Manya Loría plasma en su dramaturgia la experiencia psicológica de un cuerpo marcado por el trauma, creando un mundo onírico en el que los gatitos, una canción siniestra y las cualidades del agua, se mezclan con la voz de sus protagonistas que son una y tres a la vez.
«Ni una palabra es una obra escrita desde el cuidado y la madurez de su autora, las palabras no sobran y en cambio son las justas para encerrar un mundo que se desborda”.
Y su colega potosina Sayuri Navarro expone: “Nada de lo que nos ha sucedido es olvidado. Aunque no lo recordemos (…)” una declaración que abre el silencio de nuestros cuerpos; voces que se desdoblan como ecos en el mar. Con una narraturgia poderosa, Manya Loría logra construir una hendidura para el grito ahogado que reclama por salir, nos acompaña a atravesar la evasión y el estrés postraumático para encontrarnos con nosotras mismas. Una obra necesaria, llena de conciencia y valentía.”.
Ni una palabra (o como convertirme en mar): Asistencia de dirección de Aitana Valle; producción ejecutiva Fabiola Rojo, Sofía Gómez, Aitana Valle y Diego Collazo; diseño y realización de escenografía y vestuario: Majo Miselem; diseño y realización de iluminación: Mar Serna; dirección de fotografía: Andrés Cayambe; musicalización: Fabiola Rojo; diseño multimedia y programación: Diego Collazo; coproducción: Principio Investigadores Escénicos y Clímax; dir. Fotografía: Cayambe Román.
Éstas son algunas de las historias que llegan al Teatro La Capilla y Sala Novo en abril.
Consulta la cartelera completa en https://t.co/11UMOGXofa #TeatroLaCapilla #AgendaCultural #TeatroIdependiente pic.twitter.com/thY5TtBsKN
— Teatro La Capilla (@LaCapillaTeatro) April 3, 2026
La dramaturga
Manya Loría es licenciada en Artes Escénicas (UAQ) y maestra en Dramaturgia (UNA, Buenos Aires). Como dramaturga tiene 12 obras estrenadas en México y en Argentina. Fue becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas en Dramaturgia en la generación 2018-2019. Resultó seleccionada en 2020 por el Fonca con el CALQ, para realizar una residencia de creación en “Le Cube”, en Montreal.
En 2022 fue seleccionada para ser parte del Programa Internacional de Dramaturgia, de Teatro UNAM, Royal Court y Cátedra Bergman. En 2023 ganó mención honorífica en el premio nacional Dolores Castro, en Dramaturgia, con su obra Pareidolia. Actualmente es guionista, fue escritora de Belascorán para Netflix, recientemente terminó de desarrollar una serie para La Corriente del Golfo y un largometraje para Dynamo. Colabora en Metamorfina Teatro y dirige la compañía Los improductivos.

