Sarai Aguilar Cometierra

Mundial de la discordia: entre la auditoría estética y el racismo

Las burlas contra la influencer surcoreana Ino Cat es una situación que invalida cualquier intento de defensa sobre la picardía mexicana

El Mundial de la discordia

Más vale maña que fuerza, dicen por ahí. Pero actualmente, tal pareciera que la fuerza del prejuicio pretende imponerse sobre la mesura y tono de los análisis.

Hasta hace poco decir “sólo en México” implicaba una alusión al ingenio o humor nacional. Causaba algo de risas e hilaridad, pero se tomaba como parte de la idiosincrasia nacional, que si bien podrán decir no redituaba en nada, tampoco se consideraba ofensivo o denigrante.

Históricamente, esa expresión encapsulaba una resignación festiva ante lo absurdo, pero en el contexto de un evento global como el Mundial, ese mismo giro se ha transformado en un instrumento de segregación. La polarización ha llegado al paroxismo donde el humor mismo se ha convertido en un marcador de clase y de buen gusto.

Pues ya no basta con disfrutar el evento, ahora es necesario ejercer una auditoría estética sobre la conducta ajena, juzgando la vivencia popular en las calles bajo la guía de los gurús de redes o lideres de opinión, cualquier cosa que ello signifique pero que implique contraponer lo nacional con la supuesta sofisticación de las sedes extranjeras.

No obstante, esta obsesión por el juicio con carácter de juicio sumativo se manifestó particularmente en la comparación de las inauguraciones. Es cierto que existen aspectos susceptibles de mejora, y señalarlos es un ejercicio necesario. Sin embargo, existe una abismal diferencia entre el análisis profesional y los excesos de dudar si Shakira es quien cantó o no, lo cual, eso sí rayó en el ridículo.Mundial de la discordia: entre estética y el racismo

Ahora bien, mientras se discuten las fallas o teorías conspiracionistas de un show o la presencia de luchadores en Paseo de la Reforma, en las tribunas han ocurrido episodios que superan cualquier crítica de estilo, las cuales sí vale la pena señalar y cuestionar.

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El incidente de la turista oriental, víctima de burlas racistas sobre sus rasgos físicos y documentado en video, es una situación que invalida cualquier intento de defensa sobre la “picardía”. Aquí no hay humor viable, sino que se transforma en violencia directa y hostilidad.Mundial de la discordia: entre estética y el racismo

Donde sí es necesario alzar la voz es por la violencia ya histórica en los estadios. En eventos pasados se ha sancionado la homofobia. Hoy el racismo fue el asistente. La verdadera vergüenza no radica en una coreografía mal ejecutada o en una falla técnica durante una inauguración, sino en la normalización de la discriminación, que nos retrata con una crudeza que ninguna disculpa pública puede remediar de fondo.

La exigencia de una mejora en los eventos masivos debe ir de la mano con una exigencia de construir espacios seguros y libres de violencia social. De nada sirven las grandes puestas en escena si, detrás de las cámaras, persiste una cultura que considera que vulnerar la dignidad de la otredad es parte del folclore nacional. La fragmentación social, alimentada por el clasismo y la intolerancia, que existe en ambos polos de nuestra sociedad, es el verdadero marcador de nuestra incapacidad para habitar el espacio público sin cometer penales.Mundial de la discordia: entre estética y el racismo

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