Un mexicano debe saberse boleros como “El reloj”: Camarena

El tenor, que homenajeó a Roberto Cantoral en Bellas Artes, dice que la música popular es cultura, pero se ha vulgarizado
Javier Camarena
Javier Camarena

El tenor Javier Camarena está convencido de que la canción mexicana, y en particular el bolero, es un tesoro de México para el mundo, por lo que considera más que merecido el concierto en homenaje al compositor Roberto Cantoral en el que participó el sábado 13 de mayo en Palacio de Bellas Artes.

Sostiene que la música popular también es cultura, aunque considera que la que se hace en la actualidad “se ha vulgarizado”, por lo que manifiesta su felicidad de que el máximo recinto cultural del país se abra a compositores como Cantoral y a géneros como el bolero, que “es nuestra cultura y nos define”.

“México disfruta la música, es un pueblo musical, vivimos la música en el día a día. Y dentro de esa gran tradición musical hemos tenido grandes compositores de canciones que son un emblema de nuestra cultura, como las de Cantoral, entre otros que nos han legado canciones maravillosas”, comenta en entrevista el tenor, que ya ha rendido homenajes a José José y a Francisco Gabilondo Soler, Cri-Cri, en sus presentaciones en el país, en medio de la intensa agenda internacional como estrella de la ópera.

“Si menciono tan sólo ‘El reloj’ sabemos que es México, es algo que tenemos en nuestra cultura musical; casi, casi es obligatorio para un mexicano saberse esa canción, conocerla. Y como esta hay muchas: ‘La barca’, ‘Regálame esta noche’… muchas. Este homenaje es mucho más que merecido para un artista que ha dejado en la historia de nuestro país y, en específico, en la historia cultural y musical de nuestro país, un legado importantísimo. Yo estoy feliz de participar en esta celebración”.

Bajo el sello de Ocesa, el concierto Regálame esta noche. Homenaje a Roberto Cantoral se inició el sábado 13 de mayo a las 20 horas en el recinto cultural administrado por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal) y contó también con las voces del tenor Fernando de la Mora y de Eugenia León, acompañados por la Orquesta Sinfónica de Minería, bajo la batuta de Enrique Patrón de Rueda.

“Sobre el programa, a mí me tocan ‘Quiero huir de mí’, una canción preciosa, muy intensa en el texto y en su poesía; del tipo de canción de ‘El andariego’, para quien no la conozca. Una de las canciones que más me han emocionado desde que tengo memoria, porque me acuerdo de que era un casete que tenía mi madre y que solía escuchar con frecuencia, es ‘Al final’, que cantaba en ese álbum Emmanuel; y me han concedido este gran honor de cantarla en este gran concierto, con un arreglo hermosísimo, muy contemporáneo; será para mí un deleite cantarla. También ‘Noche, no te vayas’. Y una canción maravillosa que hacía Víctor Iturbe, El Pirulí: ‘Yo lo comprendo’. Además, habrá algunos conjuntos con las más reconocidas, como ‘El reloj’, ‘El triste’, ‘La barca’ o ‘Regálame esta noche’… Es un programa completísimo, que disfrutamos muchísimo tanto los cantantes como el público”, dice el tenor.

—¿Y a quién le regala una noche tan especial en Bellas Artes?

—Yo le regalo la noche a mi madre (Yolanda Pozos), que me acompaña en el concierto y que siempre ha estado en primera fila en mis presentaciones en México. Es un regalito retardado del 10 de mayo por el Día de las Madres. Y se la regalo a todas las madres de nuestro México, es mi gran dedicatoria.

—¿Cómo se siente de llevar música popular a Bellas Artes, que por años estuvo reservado a la llamada “alta cultura”, salvo en escasas ocasiones, como con el mítico concierto de Juan Gabriel?

—Es cierto lo que dices. Bellas Artes es el gran templo de la cultura en nuestro país. Pero, no hay que olvidar que esta música que presentamos en este concierto también eso es cultura, es nuestra cultura, y es una cultura que nos define. Lejos de desdeñarla y hacerla a un lado, estamos haciendo estos conciertos, como también el de Juan Gabriel, uno de los compositores más prolíficos y reconocidos de nuestro país. Yo no tuve la oportunidad de verlo en vivo, pero están los registros en video y audio y fue un gran concierto, no se puede negar. Ha habido de otros artistas. A invitación de mi queridísima Lila Downs tuve la oportunidad de participar en un concierto con su música en Bellas Artes. Ella es un gran estandarte de nuestra cultura musical en el mundo, una de las cantantes más reconocidas y queridas en todo el planeta. ¿Por qué no tener la oportunidad de que tu propio país viva la cultura como la viven en otros lados y disfrutarla igual? Estoy feliz de que estos géneros musicales, que son de gran calidad, tengan este espacio tan importante en nuestro recinto cultural por excelencia.

—Ha dicho que “Al final” es su canción favorita de Cantoral. Pero ¿recuerda cuál fue la primera que escuchó de él?

—Es complicado. Por una parte, tenía a mis abuelos, que escuchaban canciones de tríos: Los Panchos, Los Tres Caballeros… Y, obviamente, estaban los temas de Cantoral presentes, y recuerdo muchísimo “El reloj”, una de las canciones emblemáticas del país. Sobre “Al final”, se conjuntaron muchas cosas para que me llegara tanto. Nunca he hablado de esto. Había una película de Disney, Bernardo y Bianca, dos ratoncitos. El tema principal era muy nostálgico y triste. Empezaba con una introducción donde se oye una base de cuerdas y había el sonido del oboe. Ese recuerdo se me quedó muy marcado, porque el sonido del oboe es uno de los que más me gustan en la orquesta. Y en “Al final”, en ese arreglo que cantaba Emmanuel, igual empezaba con una base de cuerdas y venía el oboe haciendo un solo.

“Después, en el desarrollo melódico, empieza una primera parte que se repite y la segunda va como in crescendo hacia la parte grande del coro, y se va intensificando con la participación cada vez más presente y fuerte de la orquesta. Eso es lo que más me gustaba, me conmovía y me emocionaba mucho: la música. Obviamente, a los cinco o seis años entender el texto no era algo que tuviera muy presente. De hecho, por muchos años sólo sabía yo (canta): “Al final, tarara tarara…”, porque a mí lo que me gustaba era la melodía. De más grande, empecé a escuchar con más atención el texto, y es una gran canción”.

—Hace rato hablaba de la poesía de letras, como la que hay en “Al final”.

—Y con esto llego a esta otra parte que es la poesía, que es de los grandes, grandes tesoros que puede aportar la música popular mexicana al mundo, sobre todo en el tiempo del bolero, que ha sido yo creo una parte muy prolífica en ese sentido, en donde el buen decir, el uso de la palabra, también era muy importante para crear esta atmósfera romántica. Hoy día, si hay algo de lo que adolece nuestra música, la música popular en el mundo, creo yo que es esa parte de su poesía. Todo se ha vulgarizado. Toda la parte romántica, que habla de amor un poco más profundamente, se ha relegado a otro tiempo y a veces hasta puede parecer cursi, pero no lo es. Textos como los que escribían Roberto Cantoral, Álvaro Carrillo, el gran Armando Manzanero, Agustín Lara, María Grever y tantos y tantos otros, en los que también el uso de nuestro idioma era tan importante. Todas estas cosas deberíamos tenerlas presentes para realmente darle el valor que tiene toda esta cultura musical en la historia de nuestro país.

—Pensé que, relacionado con la poesía, iba a citar esa metáfora al final de “Al final”: “Por amarte como un Cristo / me quedé / con los brazos abiertos / al final”.

—Ja, ja, ja. Bueno, es una analogía. Se queda con los brazos abiertos esperando el abrazo de vuelta, y al final está solo. Le dan la espalda. Que es una analogía muy bella, si la piensas de esa manera.

—Y muy fuerte y muy audaz. Justo cuando le dieron el Nobel de Literatura a Bob Dylan, me preguntaba por qué a ninguno de nuestros grandes compositores se les ha dado esa categoría de poetas aquí. A Dylan y a Patti Smith se les incluye en antologías de poesía desde los setenta en EU.

—¿Cómo no puedes valorar algo como “La barca”?: “Dicen que la distancia es el olvido. / Pero yo no concibo esa razón / Porque yo seguiré siendo el cautivo / de los caprichos de tu corazón…” Tiene la estructura, la rima, características de la poesía. O como “Al final”: “Al final me dejas solo / Desangrando de llorar / Sin primaveras en mis manos para dar / la vida se me va con tu querer…”. No sé, pero si uno los recita, pueden ser poemas sin dudarlo.

—Bueno, usted sabe mucho de eso, los libretos de las óperas los escribían poetas.

—Exacto. Los libretos los hacían escritores y poetas, tomaban algún tema literario y lo convertían en poesía para hacerlo coincidir con una estructura musical. Y así es. Sí, no importa que sea música popular, hay que dejar un poquito de criticarla con este ojo severo y dejar de tomar las cosas como si fueran menos ¿sabes? No es así, no es el caso de esta música, mucho menos, del bolero.

—Ya entrados en gastos. ¿Se habrían merecido el Nobel estos compositores mexicanos?

—¿Por qué no?

—¿Como quién?

—Ya que estamos hablando: Roberto Cantoral o Armando Manzanero (se lo merecían). Fueron grandes escritores de canciones y de un contenido poético maravilloso.

—¿Cuáles son las canciones que harían la serenata perfecta para usted?

—Sin duda estarían “Regálame esta noche”, de Roberto Cantoral. Luego, “Sabrás que te quiero” (ahí sí te voy a fallar porque no me acuerdo del autor) –Teddy Fregoso–. De Armando Manzanero, “Adoro”, por ejemplo. Haría “Así”, de María Grever. “Amor mío”, de Álvaro Carrillo. Para empezar, esas.

—Ya con estas no sería para una serenata, sino para un recital en el Carnegie Hall.

—Ja, ja, ja. Sí, estaría excelente.

—¿Con qué palabra definiría a Roberto Cantoral?

—Romance.

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