La Compañía Nacional de Ópera abre su temporada de producciones con Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, de Kurt Weill y Bertolt Brecht, que enmarca también el regreso del director concertador serbio Srba Dinić al frente de la Orquesta del Palacio de Bellas Artes después de su despido en 2019.
Marcelo Lombardero, director artístico de compañía y de escena de la producción, que ya montó en Argentina, Chile y Colombia, adelantó que se forma parte de su proyecto de estrenar óperas contemporáneas en Palacio de Bellas Artes, como hizo ya el año pasado con Lady Macbeth de Mtsenk.
“Queriendo instaurar esta pequeña tradición, que comenzamos el año pasado, de estrenar títulos emblemáticos del siglo XX y siglo XXI, este año decidimos que era importante estrenar finalmente en el Palacio de Bellas Artes esta obra fundamental del repertorio lírico dramático”, expresó Lombardero.
El ex barítono argentino ofreció una conferencia de prensa para detallar la puesta en escena, acompañado por Lilia Maldonado, subdirectora artística de la compañía y por Dinić, quien en algún momento dijo que no iba a hablar de su despido a cargo de la ex directora del Inbal, Lucina Jiménez.
Dinić se convirtió en director artístico de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes en 2013 y en noviembre de 2019 no se le renovó su contrato, lo que generó polémica cuando el artista hizo público su reclamó a Jiménez de que ni siquiera se le había notificado su despido tras seis años de trabajo.

Durante la presentación, se limitó a decir que volvía a casa, en referencia a México y subrayó que era la primera vez que dirigiría la ópera de Weill y Brecht, a la que consideró como muy rica musicalmente, ya que incorpora diferentes estilos, que van desde el jazz, el cabaret, hasta la ópera tradicional.
El director concertador se dijo emocionado de volver a trabajar con Lombardero y con el elenco de la compañía, y por ser parte de una puesta en escena como Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny.
“No se puede describir tan fácilmente, contando las obras que he hecho en mi vida esta es la número 78, pero nunca me tocó una como ésta, es muy distinta a las que he hecho en toda la vida”, dijo Dinić.
Srba Dinić va por su ópera numero 78
Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny se presentará los días 22, 24, 26 y 29 de marzo de 2026 en la sala principal del Palacio de Bellas Artes, con un elenco en su mayoría de cantantes mexicanos.
“En 80 por ciento el elenco es local, mexicano, es de la casa, continuando con la idea de esta gestión de que tenemos artistas suficientes para soportar cualquier repertorio. Lo demostramos el año pasado con dos elencos maravillosos de Elektra en donde solo había tres artistas extranjeros”, destacó Lombardero.
Rosa Muñoz, como Leokadja Begbick; Evanivaldo Correa, como Fatty, el procurador; Hernán Iturralde, como Moisés Trinidad; Hildelisa Hangis, como Jenny; Gustavo López Manzitti, como Jim Mahoney; Víctor Hernández, como Jack; Alejandro Paz Lasso, como Bill; David Echeverría, como Joe Lobo de Alaska; Luis Alberto Sánchez, como Tobby Higgins, y el pianista Andrés Sarre.

Además, participan doce integrantes del coro femenino: Edurne Goyarzu, Rosario Aguilar, Lucía Salas, Yutsil Romero, Diana Mata, Jazmín Quintero, Araceli Hernández, Sandra Olivas, Lourdes Beltrán, Belem Rodríguez, Guadalupe López y Mariana Sofía García, así como cuatro actores y diez bailarinas.
La ópera, cantada en alemán, dura aproximada es de 150 minutos, con un intermedio de 15 minutos.
Lilia Maldonado, subdirectora artística de la compañía, dijo que “es una obra muy importante para nosotros porque, aunque fue escrita en 1930, habla de temas muy vigentes. Es una puesta en escena que los va a conmover mucho, está hecha de una manera excelente y los cantantes son de muy alto nivel”.
El equipo creativo reúne a destacados artistas escénicos: Diego Siliano, en la escenografía; Rafael Mendoza, en el diseño de iluminación; Luciana Gutman, en vestuario y maquillaje; Ignacio González Cano y Hugo Curcumelis, en la coreografía; Giselle Huauscarriaga, en el diseño de video, y Georg Tielmann, como coach lingüístico.

Lombardero comparó la historia de Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny con la creación de Las Vegas.
Dividida en tres actos, presenta la historia de una ciudad ficticia fundada en medio del desierto bajo la promesa de convertirse en un paraíso del placer ilimitado. Mahagonny nace como un espacio en el que todo parece posible, siempre y cuando se tenga dinero.
En ese entorno de excesos, violencia y progresiva corrupción moral, la ciudad alcanza su esplendor, pero también siembra las semillas de su propia destrucción.
Escrita entre 1927 y 1929, la obra tuvo estreno mundial el 9 de marzo de 1930 en el Neues Theater de Leipzig, bajo la dirección de Gustav Brecher. Desde entonces es reconocida como una pieza fundamental en la transformación de la ópera del siglo XX. Con ella, Weill y Brecht consolidaron una de las colaboraciones más significativas del teatro moderno, en un contexto marcado por las tensiones sociales y políticas de la República de Weimar.
La partitura combina de manera innovadora elementos de la ópera tradicional con jazz y canción popular, al incorporar ritmos y estructuras poco convencionales que, en su momento, desafiaron las formas establecidas y ampliaron los límites del género.
Hoy se realizó la conferencia de prensa de Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, la emblemática sátira de Kurt Weill y Bertolt Brecht.
La @OperaINBAL llevará esta producción a la Sala Principal del @PalacioOficial los días 22, 24, 26 y 29 de marzo.
La puesta en escena… pic.twitter.com/ahQmM3HyK4
— Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (@bellasartesinba) March 3, 2026
“Los cantantes, los músicos, el director de orquesta y el director de escena tienen que transitar de una manera un poco anfibia, habitando dos mundos: el mundo formal de la música académica, erudita y mal llamada clásica, y el mundo de la música popular”, explicó Lombardero sobre la ópera alemana.
Recordó que la colaboración entre Weill y Brecht dio forma a un modelo de teatro musical que rompía con la tradición romántica de la ópera. Weill incorporó sonoridades cercanas al jazz, la canción popular y el cabaret, mientras Brecht desarrolló su concepto de “teatro épico”, pensado para invitar al público a reflexionar más que a identificarse emocionalmente con los personajes.
El resultado es una sátira aguda sobre el capitalismo, el consumismo y la pérdida de valores, temas que, aún hoy, dialogan con nuestra realidad.

