De niño, el ilustrador y autor de cómics Augusto Mora escuchó en muchas pláticas de sobremesa una historia que lo persiguió hasta la adolescencia: el asesinato a traición de su bisabuelo cuando se dirigía en carretera a Iguala, Guerrero. ¿Quién era? ¿Por qué lo asesinaron? No tenía las respuestas. Solo sabía que Antonio Mollado, como se llamaba su familiar, estaba relacionado con la clase política de aquel estado durante los años veinte y treinta del siglo pasado y que había sido víctima de aquellos tiempos convulsos.
Esta anécdota motivó a Mora (Ciudad de México, 1984) a indagar más sobre la historia de Mollado y sobre lo que ocurrió en Guerrero, en este período marcado por traiciones, asesinatos de líderes políticos y fraudes electorales.
El resultado de esa investigación es la novela gráfica Los esbirros del Palacio (FCE). Enmarcada en la encarnizada lucha por el poder que vivió México después de la Revolución, la obra se ubica en los años finales del maximato (1928-1934), cuando el Partido Nacional Revolucionario (antecesor del PRI) buscó arrebatar a punta de amenazas y chantajes todas las elecciones a los partidos pequeños que existían en el país, siempre bajo el control político de Plutarco Elías Calles, apodado el Jefe Máximo.
El libro de gran formato, publicado dentro de la colección Popular Novela Gráfica, cuenta la historia de Aurelio, candidato a diputado federal por el Partido Guerrerense, quien tendrá que luchar contra la maquinaria del Estado, mientras sus ideales políticos se ponen en juego. Mora concibió la obra desde 2014, pero la documentación y las ilustraciones las realizó durante los últimos cinco años con técnicas tradicionales, usando carboncillos, tinta china y lápices, todo en un estilo noir.

“Me parecía muy intrigante saber, primero, qué había sucedido con mi bisabuelo. Habían rumores de que tenía aspiraciones para convertirse en gobernador y que por eso había sido asesinado. Al rastrear su historia, me doy cuenta que fue miembro del Partido Socialista de Guerrero y que no hizo algo que realmente lo hiciera pasar a la historia. Pero a cambio me encontré con algo muy interesante: un conflicto político que sucedió en Guerrero, en el que habían sido asesinados muchos políticos de la región: era el resultado de la pugna entre el PNR y el Partido Socialista de Guerrero”, explica en entrevista Mora, quien consultó documentos del Archivo General de la Nación, el Registro Agrario Nacional y periódicos de la época.
En opinión del autor de Los fantasmas de la ciudad, en la escuela los maestros enseñan a los estudiantes el maximato en términos generales, pero nunca explican qué ocurrió en el interior del país. “Entonces lo que hice fue aglutinar y representar la historia de muchos personajes dentro de un drama político de ficción. A partir de un episodio local es que retrato lo que sucedió en el ámbito nacional”.
Y entre estos diferentes personajes están justamente los esbirros que dan el tono mafioso a tu novela. ¿Cómo te interesaba representarlos visualmente?
A los esbirros los muestro como personajes oscuros, siempre armados y siempre cuidándose de no ser asesinados. Eran hombres que sabían utilizar las armas y que estaban dispuestos a traicionar. En La sombra del caudillo, Martín Luis Guzmán relata una escena de una balacera dentro del Palacio Legislativo en la Ciudad de México; eso realmente ocurrió, y es que siempre iban con pistola.
El PNR no tenía su fuerza política en la popularidad con el pueblo, sino en los cacicazgos locales. Entonces muchos de los caciques lidereaban con mucha violencia las pequeñas regiones, los pueblos, y obedecían órdenes que venían cayendo en cascada, desde gobernadores hasta presidentes municipales. A cambio, pedían favores políticos y de pronto se volvían la mano derecha de tal o cual gobernante.
Para ese entonces, el PNR ya representaba el gran poder y la mayoría de los pequeños partidos políticos se afiliaron sin chistar. El Partido Socialista de Guerrero fue una de las pocas agrupaciones que se resistió a ser absorbido por el partido oficial.

Ese México de mafias y traiciones era ideal para ser representado visualmente como un enfrentamiento entre gánsters…
De hecho, esa idea me surge después de una plática con Paco Ignacio Taibo II, uno de los editores del libro. Me dijo que tenía ciertos tintes de novela negra y yo le di completamente la razón. En aquella época los políticos actuaban como gánsters. Si algún político veía que alguien estaba ganando fuerza, pues lo mandaban matar, tal y como ocurre con los cárteles de ahora. Los políticos se manejaban con traiciones, intrigas y conjuras para derrocar a ciertos personajes, y eso fue lo que me hizo utilizar esta estética contrastada del blanco y negro.
Los claroscuros son muy de la novela negra, tipo Sin City de Frank Miller o del trabajo de Alan Moore (Watchmen, V de Vendetta). Ellos dos fueron importantes influencias para mí. A nivel de gráfica y de formas, también me inspiré en ilustradores y caricaturistas de la época como el Ernesto García El Chango Cabral y Miguel Covarrubias. Leopoldo Méndez fue una gran referencia con su gráfica popular. En su taller se hacían litografías con motivos de la Revolución y me inspiró para representar esta historia que ocurría en los años treinta. Otra autora que fue una influencia por su trabajo de época fue la ilustradora francesa Daphné Collignon.
Este periodo histórico es riquísimo en personajes. ¿Cuál te ha resultado más atractivo?
Fíjate que hay muchos. A nivel nacional, obviamente Plutarco Elías Calles, con todos sus claroscuros. Durante su periodo, por ejemplo, se frenó el reparto agrario, que era una de los aspectos que buscaba la Revolución. Y después, claro, detentó el poder detrás de la silla presidencial, dando inicio a lo que se conoce como el maximato.
Lucha de narrativas, la apuesta de Augusto Mora
Otro personaje que me llama mucho la atención es Gabriel Guevara, quien fue gobernador de Guerrero entre 1933 y 1935; en el libro aparece bajo el nombre del general Vergara. Fue removido de su cargo por diferentes acusaciones de represión contra los campesinos, manipulación y compra de votos. Al final, la gota que derramó el vaso fue una masacre ocurrida en abril de 1935 en Coyuca de Catalán, en la costa grande de Guerrero; eso terminó con su carrera política. Guevara huyó y jamás recibió un castigo. Varios años después fue gobernador de Quintana Roo.
Me parece un personaje muy oscuro. Es el villano más villano de la historia, que dibuja a ese político que hará lo que sea por mantenerse en el poder, hasta el último instante. Es un emblema de esa ambición.
En contraparte, está el anterior gobernador a Guevara, el general Adrián Castrejón (1928-1933), que en el libro aparece representado como el general Castejón. Con ideales un tanto más progresistas, fue un capitán del ejército zapatista. Justamente este conflicto entre estos dos gobernadores fue una de las cosas que yo quería representar en la historia.

¿Cómo podrías definir el maximato?
Es un período entre la revolución y el cardenismo, en el que los bandos políticos se reorganizaron por la fuerza. Es hasta el cardenismo cuando las cosas comienzan otra vez a equilibrarse entre obreros, campesinos y el poder del Estado, ya con Calles exiliado. Como Guevara era callista, también deja de tener protección y llegan las denuncias. No lo exilian del país, pero sí lo desaforan y lo destituyen.
¿Qué opinión tienes de la manera en que se difunde actualmente la historia con personajes como Juan Miguel Zunzunegui?
Creo que es una espada de doble filo. Si bien la mejor manera en que se pueden utilizar las redes sociales es para informar y llegar a públicos que quizá no se interesan en otro tipo de plataformas, también se corre el riesgo de encontrarse con personajes que pueden distorsionar la historia para contar una narrativa que le conviene a cierto poder.
Considero que el criterio recae en la audiencia que consume ese tipo de contenidos; el público es quien debe formarse su propio criterio. Es decir, te puede llegar información de muchos lados, pero a final de cuentas, nadie te cuenta la verdad absoluta. Lo importante es que como audiencia nos generemos un criterio propio para saber qué contenidos son mucho más equilibrados ante los hechos que se narran. Al final, es una lucha de narrativas.
Yo siempre recomiendo en no quedarse con una sola fuente, que los cómics y las historietas sirvan como una introducción temática hacia un tema en particular. Por eso es que al final del libro doy un contexto más amplio de lo que sucedía en aquella época, para que después los lectores puedan ahondar más en el tema.
Este sábado a las 13Hrs en el marco de la @FicomicsB86074 presentamos «Los Esbirros del Palacio» en el Complejo Cultural Universitario de la Buap. pic.twitter.com/LInpIN7U6h
— Augusto Mora (@augustomora) August 10, 2026
¿Has pensado en hacer un segundo tomo que comience con el sexenio de Lázaro Cárdenas?
Sin duda, es una época en la que se vivieron episodios muy interesantes. Sería bueno abordarlo en una novela gráfica. Por ahora tengo otros proyectos, pero nunca estaría demás abordar otros períodos históricos del país.
¿Cómo te gustaría que el público recibiera tu libro?
Sobre todo que pudieran entender que la historia de México es muy compleja, que tiene muchos claroscuros en las diferentes transformaciones y movimientos armados que ha habido. Me gustaría que el público pudiera conocer un poquito más sobre la década de los treinta no solo en sus aspectos político y social, también en lo cultural.