Mireia Yévenes explora psicología de sus personajes

La arquitectura del miedo: una conversación con Mireia Yévenes

La llegada de la novela ‘Sugarkiller’ no es solo una historia de suspense, es un espejo que muestra a una generación que intenta sobrevivir al capitalismo afectivo

Apertura: México y América Latina viven un momento de introspección feroz sobre las violencias sistémicas y la precarización de la vida. Desde el Cono Sur hasta la Ciudad de México, la literatura ha convertido el cuerpo femenino en un territorio de disputa. En este contexto, la llegada de la novela Sugarkiller (Contraluz editorial), de Mireia Yévenes a nuestras librerías no es un evento fortuito, sino necesario. No es solo una historia de suspense; es un espejo que, al romperse, revela los pedazos de una generación que intenta sobrevivir al capitalismo afectivo y a la sombra del patriarcado.

Carlos Priego: Tu novela utiliza los mecanismos del thriller para diseccionar problemas que suelen reservarse al ensayo sociológico o a la novela “seria”. ¿Fue el suspense una decisión deliberada para evitar el panfleto, o descubriste que la tensión narrativa era la única forma de reflejar la ansiedad de tus personajes?

Mireia Yévenes: Elegí escribir un thriller para explorar la psicología de los personajes, porque creo que el mundo necesita más comprensión. Vivimos situaciones muy extrañas —tanto en México como en España y otros países— marcadas por la desigualdad y por el rechazo a quienes percibimos como diferentes. Esas diferencias generan confrontación. Por eso, lo que realmente necesitamos es tender puentes, y para lograrlo es indispensable comprender por qué la persona de enfrente actúa como actúa.

Para mí, el thriller psicológico es una herramienta para diseccionar la mente de los personajes, comprenderlos y evitar caer en etiquetas simplistas de «bueno» o «malo». Al final, nadie es completamente un héroe ni un villano; todos tenemos una gran variedad de matices, y eso era precisamente lo que me interesaba explorar.

Creo que es una emoción que compartimos como sociedad, la cual se intensifica aún más con este ritmo de vida acelerado. Pienso que es algo con lo que conectamos con facilidad y que funciona muy bien para enganchar al lector con la historia, porque desde la emocionalidad se puede llegar muy lejos.Mireia Yévenes explora psicología de sus personajes

CP: En México, la figura de la sugar baby o las dinámicas de “la vida doble” se entienden a menudo bajo el prisma de la supervivencia económica en entornos hipercapitalistas. ¿Cómo dialoga tu protagonista, Macarena, con esa mujer latinoamericana que también está tratando de convertir su imagen en su única moneda de cambio?

MY: No sé cómo va a dialogar la novela; tengo mucha curiosidad por saberlo, por descubrir qué tal reacciona el público mexicano. Pero, para quienes la lean, lo que siempre he querido dejar claro es que lo último que pretendo es señalar a las sugar babies, juzgarlas o hacer moralina. Para nada, esa no es mi intención.

De hecho, creo que con el personaje de Macarena, la persona que se pueda sentir identificada encontrará alivio y comprensión al pensar: «Ah, ok, es que Macarena también es presa de este sistema capitalista que genera diferencias sociales y económicas entre nosotras, además de esas violencias en forma de abusos de poder». Me gustaría que las lectoras y los lectores se empoderaran —como lo hace Macarena— para entender, decir «basta», o al menos quedarse en paz con sus decisiones. También busco que comprendan un poco más por qué se genera esta estructura tan vertical en los vínculos, para poder contemplar otras relaciones más horizontales y ver si existen otras maneras de relacionarnos.

No sé si lo voy a conseguir; ese va a ser el gran reto. Pero para nada quiero que sientan juicio, quiero que se sientan comprendidas y abrazadas, porque creo que Macarena también lo siente así. Quizá ese es el diálogo que intento promover.

CP: Uno de los giros más inquietantes de tu obra es el uso de la Inteligencia Artificial para suplantar la voz de un ser querido. ¿Crees que la tecnología terminó de aniquilar la última barrera de nuestra intimidad, un tema que resuena con fuerza en un México donde la digitalización de la violencia es ya una constante?

MY: Yo quiero pensar que no lo ha conseguido y quiero pensar que no lo conseguirá. Sí es cierto que las tecnologías nos permiten hacer cosas maravillosas, como esta entrevista en directo desde México a Barcelona; pero, a la vez, siento que a pesar de estar tan conectados, nos sentimos más desconectados y más solos que nunca. No sé cómo son los números en México, pero en España es uno de los países con mayores índices de depresión y ansiedad por soledad.

En un momento en el que estamos más comunicados que nunca, ¿cómo puede ser que nos sintamos tan solos? Creo que las tecnologías también subieron el volumen de esta soledad, haciéndonos creer que estamos acompañados por tener fans, seguidores, likes o lo que sea. Pero al final eso son solo números y, cuando te vas a dormir, eso no te llena.

Me parece muy interesante investigar a través de esta novela cómo generamos vínculos, cómo nos relacionamos más allá del rating, y de qué manera construimos intimidad. Para mí, esa es una gran pregunta que me gustaría que el lector o lectora se hiciera: para reparar aquellos vínculos que necesiten más cuidado y para cuidar aquellos que sí funcionan desde la horizontalidad, la ternura, la lentitud y la honestidad.

Siento que muchas veces las tecnologías nos alejan de este tipo de valores, pero creo que estamos a tiempo de rescatarlos. Sí, bueno, no sé, quizá sea muy pretencioso querer lograr algo así con una novela de ficción, pero es una reflexión que me gustaría regalar.Mireia Yévenes explora psicología de sus personajes

CP: El antagonista de tu novela, Klaus, colecciona mujeres que se parecen a su hija muerta. ¿Qué lección crees que puede extraer un lector mexicano de esta forma de colonialismo doméstico, donde el hombre poderoso siente que tiene derecho a “poseer” no solo la vida, sino la narrativa de las mujeres que lo rodean?

MY: Por un lado, quise —y no sé si lo logré— que también se entendiera la perversión de este personaje: ¿de dónde viene? Al final, viene del sufrimiento. Y aunque eso jamás va a justificar actos así, quería darle matices a una realidad que también siento que está muy presente en nuestra sociedad.

Recuerdo que justo cuando la novela se publicó aquí en España, salían más noticias sobre el caso Epstein, que viene a ser otro caso claro con esas barbaridades que llegó a hacer. Creo que es importante que señalemos este tipo de realidades con el dedo bien claro, que las prohibamos y que digamos: «Esto no nos gusta, esto no está justificado

Entiendo que activar la compasión nos puede ayudar también a hacer las paces y decir: «Ok, entiendo que hay muchísimo dolor y que tiene que haber habido mucho dolor en la cabeza de alguien para hacer algo así». Comprendo, soy compasiva, pero precisamente desde esa paz y desde esa serenidad quiero condenarlo y señalarlo, porque no puede seguir sucediendo. Somos libres y debemos seguir siendo libres de ejercer con nuestra vida lo que queramos, y más con nuestra sexualidad; pero una libertad real, no esta que nos hacen creer que existe desde el neoliberalismo

CP: Tu protagonista termina buscando refugio en el arte y en la terapia. En México debatimos mucho si el arte puede realmente curar o si simplemente nos permite ver la herida con mayor claridad. ¿Escribir esta novela fue para ti un acto de exorcismo o una forma de denuncia?

CP: Planteas un ejercicio literario muy interesante y estimulante: la decisión de no revictimizar a los personajes, sino de retratarlos como seres complejos que se mueven en distintos planos y llegan a situaciones límite a partir de trayectorias de vida muy específicas. ¿Podrías profundizar en esta construcción narrativa?

¿Por qué leer a Mireia Yévenes?

MY: Muchas veces, la propia velocidad o la adrenalina del thriller no permite ahondar tan hondo en estos temas; sin embargo, la vida es cruda y nos coloca en situaciones de supervivencia que nos llevan a hacer cosas que jamás hubiéramos pensado que haríamos

Cuando podemos llegar a una reflexión que nos sirve de espejo, resulta muy interesante evitar la revictimización y decir: «Claro que ha pasado, esto no lo sabía». También se trata de activar esa compasión de la que hablaba para pensar: «Ok, entiendo que esta versión de mí pudo haber hecho esto antes porque no tenía herramientas y estaba en modo supervivencia”.

Por eso decía que no quiero entrar a juzgar a nadie por ser sugar baby, por tener OnlyFans o por querer ejercer el trabajo sexual; ahí no entro. Lo valioso es cuando la persona se anima a decir: «Vale, he hecho esto, quizá no tenía información ni herramientas, pero ahora, ¿qué puedo hacer?». Quizá no quiera seguir ahí, o quizá le interese continuar por el motivo que sea —como su manera de vengarse, como hace Macarena—, o tal vez pueda buscar otras alternativas.

Con esta novela también procuraba hacer un canto a la amistad y a la fortaleza de los vínculos femeninos, porque siento que muchas veces este sistema patriarcal lo que genera entre nosotras es más odio, comparación y lucha. Al revés: lo que nos va a llevar a combatir este patriarcado es unirnos, que es precisamente lo que hace Macarena, quien cuenta con la gran ayuda de una amiga; si no fuera por ella, quizá esta historia no terminaría como termina.

Cierre: ¿Por qué leer a Mireia Yévenes? Porque su novela no nos da permiso de mirar hacia otro lado. Porque al cerrar sus páginas, uno siente que la ciudad —ya sea Madrid, Ciudad de México o Buenos Aires— se vuelve un lugar distinto, uno donde los hilos invisibles que mueven a los poderosos ya no pueden ocultarse tan fácilmente.Mireia Yévenes explora psicología de sus personajes

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