Munir Hachemi

‘Cosas vivas’: ¿cómo narrar el horror de los hechos reales?

El escritor Munir Hachemi se sirve de la amistad entre cuatro viajeros para indagar en la libertad y su relativismo en ‘Cosas vivas’, una novela exigente, diversa y arriesgada

A veces habitamos la realidad como leemos un libro. Repasamos los lugares, las calles, los edificios, los ríos y los detalles que vemos en las páginas y encontramos personas o situaciones que podrían ser personajes. Cosas vivas (Periférica), primera novela publicada por Munir Hachemi, celebra los momentos de genuina intimidad que brindan los viajes, la carretera, la literatura y la contracultura. Se lee como autobiografía, cuaderno de viaje, crónica o novela. Se sirve de la memoria de su narrador y tiene como protagonistas a cuatro jóvenes españoles que emprenden una aventura sin más intención que las aspiraciones literarias de varios de ellos, porque “la experiencia, se sabe, es condición sine qua non para lanzarse a escribir literatura”.

Recorrer el inabarcable sur de Francia con Munir Hachemi resulta igual de estimulante que leer su novela, una experiencia ambiciosa y experimental que se aleja de la violencia gratuita y las historias de muchachos en el burdel que abarrotan las novelas de crecimiento. La obra es un texto arriesgado, con una enorme calidad literaria que abre la puerta a mundos inexpresados que no habían tenido voz narrativa o que no hemos sabido escuchar. Antes de aterrizar, quien se enfrenta a ella puede creer que se trata de una de tantas historias que inundan, cada año, las mesas de novedades y es ahí cuando nace la pregunta: ¿qué puede encontrar el lector en estas páginas? La respuesta es muy sencilla, las nuevas mitologías que sin duda los lectores necesitamos, construidas por una generación de jóvenes escritores cuyas visiones están concentradas en problemáticas actuales como la identidad, la memoria, la migración y en todas existe un enemigo en común: la incomodidad con el presente.Munir Hachemi

Aquel verano, el narrador, Alejandro —alter ego de Munir Hachemi —, Ernesto y G cruzaron España para llegar a la campiña del sur de Francia. Viajaron con la promesa de ser contratados para cosechar uvas, pero terminaron como empleados en el mercado de las cosas vivas, primero en una granja de animales y, al final, en una empresa biotecnológica que experimenta con el mundo agrario, en ambos casos los protagonistas torturaron a otros seres vivos —y también fueron torturados— a cambio de dinero. En la historia de Munir, las cosas avanzan de un lugar poco luminoso a uno cada vez más oscuro. Nada salió como tenía que salir. De manera informal los cuatro amigos formaron una especie de consejo de administración que va tomando decisiones para manejar las dificultades que el grupo enfrenta en su viaje. El hambre, la tristeza y la ansiedad se apoderan del grupo y la misión de adquirir eso que el narrador llamó experiencia poco a poco se convirtió en un aparente fracaso.

A ratos, Cosas vivas parece esconder entre sus páginas una crítica a una sociedad sobrerregulada, que obtiene un beneficio en la explotación laboral y que se convirtió en algo mucho más íntimo que un holocausto; es ahí cuando el narrador se pregunta cómo narrar el horror de los hechos reales. Multitud de recuerdos, diálogos, discusiones, conversaciones entre los personajes, referencias literarias que van desde Ricardo Piglia, Edmundo Desnoes, Cristina Morales, Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges y Alejo Carpentier hasta Kurt Vonnegut; todo esto nutre, de manera excepcional, esta novela de crecimiento que recurre a las descripciones, al contexto, todo en beneficio del argumento y de sus ramas con una habilidad extraordinaria.Munir Hachemi

Un problema serio de la literatura contemporánea es el de la insuficiencia de temas retratados. Lo real, sin embargo, es un territorio salvaje, una selva o un desierto, del que no se han hecho suficientes mapas. De modo que es necesario crear todo un nuevo sistema de contenidos para abarcar el tamaño de nuestra realidad. Los ejemplos de esa necesidad son interminables. La literatura en español lleva tiempo justificando el valor de llevar los mecanismos narrativos a nuevos horizontes para imponer sobre lo real un orden o una jerarquía. La española Marta Jiménez Serrano fabula alrededor de la importancia del descubrimiento de la identidad a la hora de elegir un destino. Muchos otros se preocupan por plasmar la violencia que golpea especialmente a las mujeres, ahí está la ecuatoriana Mónica Ojeda. La escritora chilena Paulina Flores dirige su atención a las cuestiones de género utilizando como protagonista a un niño con identidad no binaria.

Cosas vivas
Cosas vivas, de Munir Hachemi, Editorial Periférica

En síntesis, los jóvenes escritores como Munir Hachemi reconocen, con la mano en el corazón, que la realidad es mucho mejor escritora que ellos. Su destino, y tal vez también su gloria, es tratar de comunicarla con humildad y lo mejor que les sea posible, y encuentran en compartir miedos, emociones, secretos o alegrías, la fórmula para ahuyentar a los demonios que nos amenazan y encaminar, de nuevo, nuestro mundo desencantado.

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