Después de 44 años de su primera edición, el espíritu de La casa de los espíritus sigue rondando a la escritora chilena Isabel Allende, en vísperas del estreno el 26 de abril de la serie de televisión sobre su best seller publicado en 1982 y del que el danés Bille August adaptó diez años después a una película.
Desde Estados Unidos, Allende (Lima, 1942) ofreció una videoconferencia a la prensa hispanoamericana para presentar La palabra mágica: una vida escrita, donde la autora reflexiona sobre el oficio de escribir, la magia de la creación, vencer los miedos y el poder transformador de la palabra.
En buena parte de sus respuestas, la narradora chilena habló de su primer libro, cuyos lectores han inscrito dentro de la corriente latinoamericana del realismo mágico, publicado por Plaza & Janés justo el mismo año que el maestro del género, Gabriel García Márquez, ganó el Nobel de Literatura 1982.
¡CINEFILOS! Tenemos el primer avance de la serie adaptación de ‘La Casa de los Espíritus’, basada en el libro de Isabel Allende.
Protagonizada por. Alfonso Herrera, Nicole Wallace y producida por Eva Longoria. Llega el 29 de abril en Prime Videopic.twitter.com/y7BeVeWSe8
— Gaby Meza 🍿 (@GabyMeza8) March 26, 2026
Aseguró que todavía no ha visto “como se debe” la serie de Amazon Prime que dirigieron en ocho capítulos Francisca Alegría y Andrés Wood, con guion de la primera y de Fernanda Urrejola, en la que Allende funge como productora junto con Eva Longoria y Pablo Larraín, y que tendrá como protagonistas a Alfonso Herrera, Nicole Wallace, Dolores Fonzi, Fernanda Castillo y Juan Pablo Raba.
“La vi, pero en una pantalla chiquita, con una etiqueta enorme que decía: Amazon Prime; así que no la he visto como se debe, pero me pareció sensacional”, contó Allende, que vivió hace 33 años la experiencia ver La casa de los espíritus en cine, con estrellas de Hollywood en los personajes que ella creó: Jeremy Irons, Meryl Streep, Glenn Close, Winona Ryder, Jennifer Connelly y Antonio Banderas.
Confío en que la nueva adaptación a una pantalla acerque la novela a nuevas generaciones, que tienen terror a leer, en especial cuando ven un “libro gordo”, aunque consideró sobrevalorada Moby Dick.
“Espero que eso pase. En 1995 se hizo la película. En aquella época, la gente no leía subtítulos, tenía que ser en inglés para que fuera comercial; para que tuviera éxito internacional debía tener estrellas de Hollywood, gente que el público reconociera. Fue una producción que se filmó en Europa, con ningún actor latino, fuera de Banderas. No tenía el sabor latinoamericano del libro. Pero era buena película.
“Esto es muy diferente porque son ocho episodios que te permiten contar la historia con calma. Y además está hecha absolutamente latinoamericana, chilena. Tengo una ilusión tremenda de que entretenga y le guste a la gente. Y si es posible que atraiga a los jóvenes, no sé si sea una historia que pueda atraer a los jóvenes, espero que sí”, expuso Allende, aunque cuestionó que los jóvenes ya no leen.
Y dijo que el propósito La palabra mágica: una vida escrita es quitarles los miedos a escribir y a leer.
“La mayor parte de la gente joven hoy tiene miedo a la página, porque están acostumbrados a la pantalla; lo quieren todo resumido, lo quieren todo visual. Entonces, se pierde un poco el hábito y el amor por la lectura en la página, porque nos da miedo, yo veo un libro gordo y me da miedo. Un libro gordo da terror, y hay que perderle el miedo a esta cosa maravillosa que es que a uno le cuenten algo”.
A sus 83 años y con casi 40 títulos publicados, entre novelas, cuentos, ensayos, memorias y teatro, Allende volvió en varias ocasiones a La casa de los espíritus en la presentación de La palabra mágica, primero para advertir sobre la censura que se está llevando a cabo en Estados Unidos con la literatura.
“Se está censurando lo que se enseña en las universidades, en las clases, en los colegios. Están censurando la mitad de la historia de este país, todo lo que tenga que ver con raza, con lucha de trabajadores. Algunos libros están censurados; de los míos sólo está censurado La casa de los espíritus, que está censurada en varios estados, lo que me parece un honor, por algo la censuran, digo yo”, refirió.
Y recordó su experiencia cuando escribió esa su primera novela, ya entrada en la cuarta década de vida.
“La casa de los espíritus la escribí sin saber lo que estaba haciendo. Eso fue realmente fue dictado desde el más allá, no sé cómo pasó. Y nunca más he tenido esa inocencia para escribir. Cuando la escribí no tenía idea de la industria del libro, no sabía que los libros se enseñan, se desmenuzan; nunca había leído a una crítica literaria, ni asistido a un curso, ni a una clase ni a un taller. Nada. Nomás era el afán de leer, porque siempre me gustó contar y me encantaba leer, pero eso fue todo.
“Nunca más volvió a ser así, porque ya me puse en contacto con ese mundo literario, que es muy exigente, muy fregado en muchos aspectos, especialmente para una mujer en aquella época: la falta de respeto, la competencia totalmente desleal con escritores masculinos que tenían menos disciplina y menos talento, sin ninguna duda”, expuso la autora de Eva Luna, De amor y de sombra y Paula.
No obstante que reconoció que ya no tiene la misma ilusión de cuando escribió su primera novela, que de inmediato se convirtió en un best seller y le ha redituado en decenas de premios literarios, sí mantiene la ilusión de contar un libro, porque de otra manera no podría ni siquiera comenzar la obra.
“Por eso sólo puedo escribir de lo que me importa en el momento; de repente escribo tres libros que tienen que ver con inmigrantes o refugiados o con gente marginal, porque está en el aire, porque mi Fundación trabaja con eso, porque conozco gente que está pasando por eso, porque me importa, si no me importara o no tuviera la ilusión, no podría escribir”, agregó la exiliada durante la dictadura chilena.
Y desechó la idea haber podido escribir La casa de los espíritus en una etapa más temprana de su vida.
“Tantas cosas que podría haber hecho diferente. La vida te va presentando las cosas en cada etapa. Tenía dos niños, había que mantener una casa, después vino el exilio, había que pagar el colegio… No creo que yo hubiera podido empezar a escribir antes. Además, La casa de los espíritus y la literatura nacieron del exilio, nacieron de la nostalgia, del deseo de recuperar lo perdido”, sostuvo Allende, que se exilió de Chile en 1975, dos años después del golpe militar, y vivió en Venezuela hasta 1988.
Apuntó que sigue escribiendo con el mismo impulso, instinto e intuición de su primera novela, pero es mucho más severa con la corrección del libro una vez terminado cuando se convierte en “crítica feroz”.
“Ahí voy línea por línea. Esa parte se ha hecho más técnica con el tiempo, porque he aprendido algunas cosas, errores que no quiero volver a cometer”, añadió la autora también de Mi país inventado.
Isabel Allende y el proceso creativo
Isabel Allende, que empieza cada 8 de enero un nuevo libro, también habló de la necesidad de aislarse de las noticias, del celular, de la vida cotidiana durante el proceso en el que se mete a escribir otra obra.
“Se habla mucho de una habitación propia para escribir. Esa habitación está dentro de la cabeza, no es un lugar físico, es un espacio dentro de uno, de silencio. Ahí te puedes concentrar, puedes convocar a los espíritus, a los personajes, a las historias, a la memoria. Todo eso viene si estás callado.
“Pero si tienes el teléfono al lado, y estás pendiente del tic por un mensaje, o que los perros necesitan agua, no se puede. Ese silencio interior para mí es fundamental. Empiezo el día con ejercicio, gimnasia; a mi edad, si estoy todo el tiempo sentada, no me podría mover. Me voy una hora al gimnasio. Después ya me meto aquí y no veo las noticias hasta la tarde, porque si me pongo a ver el teléfono y todas las brutalidades que ha hecho Donald Trump se me arruinó el día, prefiero que se me arruine la noche”.
Habló también sobre la etiqueta que se ha dado a sus obras, de estar adscritas al realismo mágico.
“Me críe en casa de mis abuelos, donde mi abuela era clarividente, hacía sesiones de espiritismo los jueves con tres señoras locas, que se llamaban La Hermandad Blanca. Me críe con la idea de que existen muchas dimensiones de la realidad, que controlamos muy poco, que el mundo es misterioso, que todo puede pasar, que mañana aterrizan marcianos o se te aparece alguien muerto hace 20 años.
“Yo no veo fantasmas, no soy particularmente supersticiosa, pero me rodeo de presencias, que son de la gente que quiero que ya no están aquí (…), todos esos son parte de mi realidad. Y los personajes que son inventados también tienen algo de alguien que he conocido, porque siempre me inspiro en alguien, entonces también son presencia. Por eso cuando termina mi día, cierro la puerta de mi oficina y no quiero que nadie entre a limpiar, a tocar nada, porque ahí están esas presencias esperando”, refirió.
Agregó que eso que se llama realismo mágico para unos puede ser la religión y para otros los horóscopos, pero en su caso tiene que ver con una multirrealidad e incluso con la memoria, el recuerdo.
“Para mí es una manera de vivir en una multirrealidad, no es solamente lo palpable, lo que puedo ver y escuchar; hay mucho más: las emociones, los instintos, la intuición, la imaginación y, por supuesto, la memoria, el recuerdo de todo lo que uno ha vivido y de toda la gente que uno ha querido y ya no está o sí está, pero lejos”, expuso Allende, que entre esas presencias enumeró de sus abuelos hasta sus perros.
A pregunta expresa de una periodista española sobre qué novela consideraba la escritora chilena “sobrevalorada”, tras mencionar que en La palabra mágica: una vida escrita habla sobre autores que la han inspirado, Isabel Allende respondió sin dudar que Moby Dick, el clásico de Hermann Melville.
—¿Nos podrías decir algún libro de la literatura universal que desde tu punto de vista está sobrevalorado? —preguntó la periodista Begoña Alonso.
—Moby Dick. Yo lo encuentro una lata, ¿qué quieres que te diga? Es un libro, sin duda, bien escrito; se considera una de las grandes novelas, pero no me interesan las ballenas, me interesa salvarlas, pero no matarlas. Hay libros que uno lee en un momento en la vida que te parecen fantásticos, después los agarras 30 años más tarde y no los puedes leer. ¿Y por qué me gustó tanto? —respondió Isabel Allende.



