Venecia. In minorkeys (En clave menor) es el lema de la versión 61 de la Biennale de arte de Venecia, pensado por su curadora, la camerunesa Koyo Kuoh, como un llamado a la quietud, a las tonalidades bajas, aunque ha resultado lo contrario, un evento ruidoso y estrepitoso… y no sólo en lo “artístico”: el evento se quedó sin el jurado de cinco mujeres, que renunció en protesta por la inclusión de Rusa e Israel, y la curadora Kuoh se murió unos meses antes de la inauguración.
Quedará como símbolo del evento el repicar de la gran campana de la instalación de Austria, cuyo badajo es una mujer desnuda (o performer) que cuelga de cabeza. Así suena la clave menor de la Bienal 2026, “¡tolón, tolón…!”.
El cliché obliga a llamar a la Bienal “la Olimpiada del arte contemporáneo”: en esta edición, del 4 de mayo al 22 de noviembre participan cien países en los pabellones que se extienden por los jardines y 111 artistas individuales, expuestos en el contiguo Arsenal, que antes fue la base naval de la potente república de Venecia, al extremo oriente de la ciudad.
Recorro en cuatro días, en sobreestimulación y riesgo constante de sobredosis cuanta exhibición puedo de este enorme carnaval de las artes vanguardistas, que al final serán pocas, porque es imposible, en tan poco tiempo, ver la gran parte de las exposiciones. Como dicen los franceses, tropc’esttrop.
Porque además de la selección oficial está la off Biennale con 31 eventos colaterales, esparramados por palacios, galerías, iglesias y con exposiciones más interesantes y menos pretensiosas de las que veo en los pabellones nacionales y en el salón de los 111 independientes (ningún mexicano entre ellos). Y luego viene el off off Biennale, del que mejor ya ni hablemos…

Quise visitar de entrada, y para quitármelo de encima, el pabellón del que todos hablan, el que ha “reventado” las redes, el pabellón de Austria (el mismo de la mujer campana, que cada hora llama a la función), con la curaduría a cargo de la instaladora del momento, Florentina Holziger, la continuadora del activismo vienés que generaba shock en los libertarios años sesenta.
La suya es una grandilocuente instalación acuática, de nombre Sea World, en honor a Venecia, su historia marítima, pero también a los orines (o bloodyfluids, como le dicen aquí) que se destilan diariamente para ejecutar esta obra de mensaje ecologista y feminista, según lo entendí. El visitante puede contribuir en la confección de la instalación al orinar en los WC portátiles, que luego de un proceso de filtrado, van a dar a la alberca donde otra performer

Me viene a la mente, no sé por qué, el legendario crítico de arte Bernard Berenson (1865-1959), para quien todo el arte moderno, después de Matisse, (es) “una abominación, una obra de locos, impostores, bolcheviques, farsantes, maricas y decadentes” (según lo glosa otro gran crítico, el australiano Robert Hughes (1938-2012), en su libro Nothing if Not Critical (1987).
Serie de apuntes desde La Bienal de Venecia
¿Qué habrían dicho Berenson, especialista del Renacimiento, o Hughes, para quien desde el principio Jean-Michel Basquiat era un fenómeno mediático y sobrevalorado, ante la visión de esta instalación de orina, o de la que se encuentra un poco más allá, en el pabellón de Luxemburgo, que se llama La Merde, que es precisamente eso, una “instalación audiovisual inmersiva” de un trozo de mierda que habla anta la cámara?

La artista es Aline Bouvy y la curadora (porque en Venecia siempre y antes que nada cuestión del “curador”) se llama Stilbé Schroeder. Instalaciones inmersivas entorno al orín y a la mierda: ¿esto es el arte de nuestra era, he llegado al reino de eso que la crítica de arte, Avelina Lésper, llama el arte VIP, es decir, Video, Instalación y Performance, en su libro El fraude del arte contemporáneo? ¿O estoy ante otra cosa, un arte nuevo, otro renacimiento que mi corto entendimiento no consigue entender, porque así como hay instalaciones de orina y caca, las hay, unas pocas, que me han parecido estupendas.
Pero ya comentaremos en esta serie de apuntes desde La Bienal de Venecia en exclusiva para “Fusilerías”. (Continuará).
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— Misha Barber (@mibarberini) August 28, 2026
