El realizador Yasujirō Ozu regresa a Cineteca Nacional del 21 de julio al 2 de agosto, con una retrospectiva que reúne 12 películas realizadas entre 1932 y 1962, con la participación de un benshi o narrador tradicional y música en vivo durante la proyección de títulos de la época del cine silente.
“En toda la obra de Ozu intervienen las pasiones humanas, eso une todo su discurso”, expone Jorge Betanzos, colaborador en el dossier del ciclo organizado por Cineteca y la Fundación Japón.
El editor y responsable del proyecto de Infancias en Cineteca recuerda que Ozu (Tokio, 1903-63) atravesó tres etapas de la cinematografía: la silente, el blanco y negro con sonido, y el color con sonido.
¡No te la pierdas! Del 21 de julio al 2 de agosto, disfruta en la Cineteca Nacional México🔴 de la retrospectiva dedicada a Yasujirō Ozu. 🎴
🎬 A través de 12 películas, recorre la obra de uno de los grandes maestros del cine japonés, cuya mirada auténtica y profunda sobre la… pic.twitter.com/KYWzafAq8W
— Cineteca Nacional (@CinetecaMexico) July 21, 2026
“Y lo que él hace en esos tres registros es entrar en las pasiones humanas, pero no en las heroicas o míticas, como es el caso de Akira Kurosawa, sino en aquellas pequeñas emociones que viven las personas comunmente. Por ejemplo, la decepción de los niños protagonistas con respecto al padre en He nacido, pero…, la película más antigua de Ozu que se exhibe en esta retrospectiva, silente, de 1932.
“Es tan profundo el resultado en esas emociones, que por eso se vuelve importante. La curaduría lo que une es ese abanico de emociones humanas que están al alcance de todos nosotros, son parte de la cotidianidad, pero no dimensionamos hasta qué punto son profundas. En cada una de las 12 películas se ve, desde su estética, hasta qué punto se vive una tragedia por cada una de ellas”, añade Betanzos.
La selección a verse del 21 de julio al 2 de agosto se integra con: He nacido, pero… (Umareta wa mita keredom, 1932); Una mujer fuera de la ley (1933); La danza del león (Kagamijishi, 1936); Una gallina en el viento (Kaze no naka no mendori, 1948); Las hermanas Munakata (Munekata shimai, 1950); El sabor del té verde con arroz (Ochazuke no aji, 1952); Historia de Tokio (Tōkyō monogatari, 1953); Primavera temprana (Sōshun, 1956); Buenos días (Ohayō, 1959); Hierbas flotantes (Ukigusa, 1959); El otoño de la familia Kahatagawa (Akibiyori, 1960), y El sabor del sake (Sanma no aji, 1962).
Como parte de la retrospectiva, la cinta He nacido, pero…, correspondiente a la primera etapa de Ozu será presentada en 35 mm, con la participación de benshi, narradores que acompañaban las funciones del cine silente en Japón interpretando los diálogos, narrando la acción y proporcionando contexto cultural al público. Esta tradición permitirá acercarse a las primeras obras del realizador en una modalidad de exhibición única, cercana a la experiencia con la que originalmente fueron concebidas.
Además, las funciones de Una mujer fuera de la ley serán musicalizadas en vivo por Deborah Silberer.
El programa forma parte de la sólida colaboración entre Cineteca Nacional y Fundación Japón para difundir el cine japonés, que ya ha redituado en ciclos como el de Anime. La animación japonesa de posguerra; la retrospectiva dedicada a Akira Kurosawa; y Maestros del cine de terror japonés.
L a obra de Ozu ocupa un lugar central en la historia del cine por la coherencia de un lenguaje cinematográfico construido a partir de la observación de la vida cotidiana. A través de relatos sobre la familia, el paso del tiempo, la memoria y las transformaciones sociales del Japón del siglo XX, Ozu desarrolló una filmografía cuya influencia sigue vigente entre realizadores, investigadores y públicos.
“En cada una de las películas que vamos a ver interviene, por ejemplo, el sacrificio de una madre, que en apariencia puede ser lo común, lo que definiría a una madre. Pero el universo que nos muestra Ozu en esa pequeña, acción, y eso es importante para la narración, ocurre nada más en 15 minutos o 20 minutos y trastoca toda la vida de una familia”, expone Jorge Betanzos, emocionado por el ciclo.
Y el también colaborador en el Programa Mensual de la Cineteca Nacional aborda cómo Ozu también cambió técnicamente la manera de mirar de la cámara en el cine y por qué se hizo ésta tan famosa.
“Ozu nos abrió los ojos para poder contemplar la manera en la que la lentitud florece y la forma en la que una mirada puede estar dispuesta humanamente y ser estética desde su altura humana. Esto lo digo porque sus tomas se hicieron famosas porque ocupaba la cámara chaparrita de 60 centímetros de altura.
En los noventa todos pensábamos que se debía a que Ozu quería proyectar la forma en que un niño mira una escena; luego creímos que más bien era la altura desde la que un perro puede mirar. Pero resultó que no. Ozu intentaba recuperar la altura desde la que una persona sentada de rodillas sobre un tatami (tapete japonés) observaría la acción, por eso se le llama plano tatami”, señala el cinéfilo.
Más todavía, Betanzos subraya qué Ozu solía filmar con un lente de 50 mm, porque se dice reproduce la experiencia humana de la vista: además, que sus composiciones son prácticamente a ras de imagen.
“¿Por qué lo hace? Puedes interpretarlo que es porque humanamente está llenando su límite ese personaje. Eso es lo que hace Ozu. Al plantear esas emociones y al desbordarlas en las historias, te está llevando humanamente hasta los bordes. Y por eso es que puede interpretarse eso”, añade Betanzos.
Y después de señalar la influencia de Ozu no sólo en cineastas célebres de su época, sino en contemporáneos más conocidos por las nuevas generaciones que aún no han visto el cine de Ozu, como los estadunidenses Wes Anderson y Paul Thomas Anderson, o el mexicano Carlos Reygadas, cuenta una anécdota para exponer lo que para él es el cine del maestro japonés más influyente del cine clásico.
Yasujirō Ozu solía filmar con un lente de 50 mm
Refiere que en la lápida de la tumba de Ozu sólo se ve el ideograma para el silencio o el vacío: Ma (間).
“Es un carácter que utilizan en las enseñanzas zen; cuando algo es comprendido y ya no necesita más explicaciones, sencillamente lo dices y tal cual, como en Historia de Tokio. Nada pudo representar tanto a Ozu como ese carácter. La enseñanza que deja Ozu es que en un mundo donde todo está lleno, hay esta posibilidad de que el mundo se vacíe y que ese vacío signifique todo. Lo que representa a Ozu es el vacío, que al estar vacío en realidad está lleno, está todo, porque el vacío te permite llenarte de todo y vaciarte para que otro todo te llene”, agrega el colaborador del dossier del ciclo del japonés.


