Su voz

Primero fueron recuerdos, después arribó a mis sueños y recientemente aparece en el paisaje…
Ivette Estrada amigo imaginario

Un año después de que se fue al cielo, reanudé los diálogos con ella.

Primero fueron recuerdos, después arribó a mis sueños y recientemente aparece en el paisaje y objetos preciosos como la luna, los anturios o los amaneceres lavanda. Luce con una corporeidad de luz blanca, inextinguible, perfecta. Pero lo más nítido que poseo de ella es su voz.

Asumí que sus consejos los tenía grabados en la piel y la memoria, que estaban imbricados en mis vértebras e historia, en cada reducto de la vida que compartimos, en los resquicios del anhelo de rencontrarla. Hoy, más de una década de que se fue, sé que vive en el cielo, en el eufemístico lugar perfecto, en el reducto de todo lo que imaginamos perfecto, en la casa de Dios.

Su Voz Ivette Estrada
“Aparece” si la nombro, como ocurre con todo lo bello y sacro, como las deidades y la fortuna. Imagen: Freepik

Pero aún en ese sitio tan lejos de la realidad tridimensional en la que vivo, mi madre está junto a mí. “Aparece” si la nombro, como ocurre con todo lo bello y sacro, como las deidades y la fortuna. Están ahí, en una geografía sin brújulas ni mapas, como la magia más pura: amor que no termina con la línea de la vida, que no requiere hilos de plata para existir y ser.

Por eso tengo su voz. Una voz llena de consejos endilgados desde que vi por primera vez la luz, pero también muchos nuevos que me acompañan en cada hora.

Una palabra basta para sentirla cerca: Mamita. Y ella me escucha, como antaño, como siempre, pero también responde. Su voz está en mi. Una especie de voz sabia que aparenta ser un soliloquio lleno de soles y rutas. Pero es ella, ella que se desprende de su nueva morada perfecta para darme su serenidad, fuerza y consuelo.

La voz de la cotidianidad la nombra

No siempre la llamo. A veces, un día si y otro también, la cotidianeidad la nombra. Son en los luminosos días de primavera, cuando miro las granadas o la mitad iluminada de la luna, entre las hojarascas de octubre, en los preludios de mi cumpleaños el último mes del año…cuando amanece, a media mañana y en el preludio de la noche y cuando el cielo se cubre de estrellas.

Su voz está en los crótalos diminutos del corazón, en los días de fiesta, en el canto de las aves cuando languidece la tarde. Está en mí.

-¿Qué dirías de esto?, pregunto a veces.

La respuesta emerge en medio del silencio. Prístina y perfecta.

Muchas veces no logro ver detalles de tu rostro. Cualquier detalle del vestido pasa desapercibido. No me percato de minucias. Sólo sé que es feliz, que momento a momento trata de revelarme nuevos secretos de vida para que yo también lo sea, para curar aflicciones nimias que de repente voltean al revés mi realidad o me llenan de ansiedad.

Su Voz Ivette Estrada
Cuando miro las granadas o la mitad iluminada de la luna, entre las hojarascas de octubre. Imagen: Freepik

Pero también sabe cuando ando por caminos preciosos, llenos de gratitud, cuando me percato de lo afortunada que soy, cuando oro…entonces sonríe y esa felicidad parece cubrirme de una sensación de ternura infinita.

Sigue muy cerca de mí. Ella, la más adorada y perfecta, el paradigma de la lealtad, dignidad y belleza, es bendición y camino. Es mi madre, la luz que nunca se apaga, la reminiscencia del milagro más grande.

Mamita: sigues aquí, en el corazón, en mi conexión con lo divino, en todo lo que agradezco a Dios. Aquí está tu inmarcesible voz.

 

 

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