‘Cry Macho’ o Campanita viaja al viejo oeste

Los adictos a Clint Eastwood esperamos año con año la obra cumbre que corone una carrera salpicada de piezas magistrales
Cry Macho
Ilustración: Roberto López

El maestro Clint Eastwood ha escogido un western para, prácticamente, despedirse del cine y de la vida. El género que lo marcó y lo identifica, para bien o para mal, pero que no lo define porque en su longeva carrera, Eastwood es mucho más que las películas del viejo oeste que protagonizó o dirigió.

Cry Macho es la película número 37 dirigida por el maestro estadunidense. La trama es simple, como todo western que se respete: un viejo domador de caballos y estrella del rodeo es contratado por un ex patrón para que vaya a Ciudad de México a rescatar a su hijo adolescente, de las garras de una madre promiscua y drogadicta.

cry machoLa misión de rescate se cumple de manera muy rápida, como todo western que se respete, y una vez que emprenden el largo camino desde el centro de México hasta la frontera con Texas, la película encuentra su razón de ser: el vínculo afectivo y emocional que se irá formando entre el jovencito Rafael y Mike Milo, nuestro vaquero traqueteado.

La peli tiene todas las convenciones de cualquier western que se respete: personajes en movimiento (en trocas o desvencijados vehículos robados, sustituyendo a los caballos), amplios espacios al aire libre (el desértico y polvoriento paisaje de las carreteras y brechas mexicanas), hermosa fotografía Marlboro, la cafetería que reemplaza a la cantina o saloon, el villano-apache al acecho (en este caso, un sicario-amante de la madre), el héroe atormentado, etcétera.

Eastwood dirige con la misma economía narrativa que caracterizó toda su carrera: planos cortos, secuencia lineal de la historia sin flashbacks ni recovecos innecesarios. Las emociones las resuelve con una mirada o un rictus en los labios. El clinteastwood de siempre, un maestro en contar historias.

Pero algo no cuaja en esta cinta. Al viejo maestro ya se le notan las costuras de la historia, el artificio con que están pegadas algunas escenas, la impostación en el declamado de ciertas líneas por parte de su coestrella, personajes secundarios pintados a brochazos, que al querer ser chistosos resultan ridículos. Más allá, incluso, de terribles errores en el diseño de producción: ¡ese pueblito “mexicano” incrustado en pleno Pedregal de San Ángel, con sus sombrerudos bigotones cargando sarape!

Creo que la última gran película de Eastwood fue Gran Torino, de 2008. Desde entonces —¡13 largos años!— los adictos al director esperamos año con año la obra cumbre que corone una carrera salpicada de obras maestras. No la hubo. No la habrá. Nuestro admirado vaquero tiene ya 91 años y la edad se le nota.

Cry Macho no tiene escenas de acción física, porque el protagonista ya no puede defenderse a puñetazos o balazos, como en todo western que se respete. Al actor-director le cuesta trabajo caminar o levantarse del suelo. Las soluciones del guion a las pocas escenas de peligro que tiene la película son circunstanciales y jocosas, por no decir de pena ajena.

Veo una línea discursiva en las 11 películas posteriores a Gran Torino. Clint Eastwood escogió películas donde pudiera “fijar” sus posiciones respecto a temas variados de su vida personal, social y política: la amistad, la lealtad, el patriotismo, el papel del individuo frente al estado, la vida y la muerte, la memoria, etcétera.

Cry Macho cumple perfectamente ese papel. El viaje de Mike y Rafa de CdMx a Texas no es más que un pretexto para que el anciano Eastwood haga su statement sobre el machismo, la fe (“¿Crees en Dios?”, le pregunta el muchacho en algún momento), su nihilismo y al mismo tiempo su profunda confianza en los lazos de la amistad y el amor.

Y creo que solo por esto vale la pena ver Cry Macho. Los fans del director que esperábamos la obra cumbre que coronara sus sienes con guirnaldas y olivo, recibimos a cambio un cuento de hadas en el viejo oeste: el hada madrina cabalgando sobre un cuaco motorizado para enseñarle al chamaco que los deseos se cumplen si los persigues.

El chamaco es Clint Eastwood. Ese vaquero que un día deseó ser algo más que un mediocre actor de televisión y que se fue a España a rodar un imposible western dirigido por un italiano llamado Sergio Leone. Lo demás es historia. Una gran historia.

Cry macho
Escena de la película ‘Cry Macho’ (2021)
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