Vi atónito, como hipnotizado, la conferencia de prensa de Donald Trump y sus cómplices Peter Hegseth y Marco Rubio sobre la operación Determinación Absoluta en Venezuela. La “extraordinaria y espectacular” captura del “narcoterrorista” y “fugitivo” Nicolás Maduro. Un Trump triunfante, en su estado más puro y destilado, ofrece un performance de antología, para los anales de la historia trumpista: una master class.
El presidente de EU lo declara de entrada, para que no haya duda: “We are going to run the country”. Por lo menos, no se anda con rodeos, la sutileza nunca ha sido lo suyo: “Vamos a dirigir el país”, punto. Y el tiempo que juzguen necesario, es decir, el tiempo que quieran.
Y para que nadie lo dude, lo dice muy claramente: vamos por el petróleo, nuestras compañías petroleras (“the biggest anywhere in the world”) invertirán billones de dólares en la vieja infraestructura y harán billones y billones más, que repartirán entre los venezolanos, y de paso también servirán para reparar el daño hecho a EU, víctima de todo esto, porque Venezuela les ha robado: “construimos toda la infraestructura de la industria petrolera venezolana; es de nuestra propiedad”, y luego “nos echaron del hemisferio”.
Aún hay más: Trump saca del archivo histórico la Doctrina Monroe de 1823 (“America for the Americans”), opina que está muy olvidada, pero que ahora él irá “más allá”. En efecto, ¿para qué un “cambio de régimen” si pueden gobernar directamente? “¡Que nadie dude nunca más del dominio de Estados Unidos!” en el continente americano, dice tal cual Trump. Él y su equipo ya se encargarán de negociar una transición y montar elecciones en Venezuela, a ver qué sale, pero en cualquier caso tendrá que ser alguien amigable a los intereses “americanos”.
Mientras tanto, hay que lamentar a la líder opositora, María Corina Machado, daño colateral del operativo. ¡Qué ingrata es la política, y tanto más a estos niveles, y más con hombres como Donald Trump, a quien dedicó su Premio Nobel de la Paz! Según él, Corina no tiene ni apoyo ni respeto. Ay, la pobre, tanto batallar y cabildear y cortejar, para llegar a esto, a la ocupación de su país por parte de EU. Es de dudar que algo así estuviera en sus planes. Su lección: todo puede ir a peor, en política es casi una regla.
Trump saca del archivo histórico la Doctrina Monroe
Absolut Resolve. Trump narra el operativo como si fuera una película de espionaje: los cuatro días de preparación, el black out de Caracas, el asalto de los marines al búnker de Maduro, que estuvo a punto de escapar a su panic room, antes de ser sometido por las fuerzas estadunidenses (“lots of gunfire”).
Veintiún minutos ha durado el alucinante monólogo inicial de Trump. Así se ve el America First en el continente, así la orwelliana “paz a través de la fuerza” a la que se refiere en su turno al bat Hegseth, el secretario de Guerra. “Welcome to 2026!”, exclama, y no burlonamente, sino “deadly serious”, “mortalmente en serio”, expresión que dice hasta en cuatro ocasiones en su alocución.

El secretario de Estado, Marco Rubio, el ariete del operativo, no cabía en sí de contento. Tras esta gloriosa victoria, ya tiene el ojo puesto en el objetivo final: La Habana. A los líderes cubanos les deja, dicho con el refinamiento de la nueva diplomacia americana, la siguiente advertencia: “Watch your asses”: cuídense el trasero, tengan mucho cuidado, con Estados Unidos no se juega, y lo dice mortalmente en serio. Quedó claro tras esta extraordinaria conferencia de prensa: las piezas de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados se empiezan a acomodar.
Democrats have switched their tune on Maduro and Venezuela, while President Trump is the one taking action. pic.twitter.com/V5D5MTh2Cw
— The White House (@WhiteHouse) January 7, 2026

