Arlés. Un indígena oaxaqueño que recupera la cultura mixe; una chilanga feminista que denuncia machismo y acoso sexual; imágenes intervenidas de la revista policiaca Alerta! que señalan a la violencia cotidiana: tres visiones de México, tres exposiciones que vienen a representar al país en Les Rencontres de la photographie de Arlés, el evento europeo más importante en la materia, este verano en su 56 edición, con 47 exposiciones oficiales en 26 edificios de la histórica ciudad provenzal.
“Imágenes indóciles” es el tema este año y México ha estado bien representado, primero por el oaxaqueño Octavio Aguilar, ganador del premio Découverte /Fundación Louis Roederer con su imaginario de la cultura mixe, que es la suya y la de sus ancestros. Octavio (Santiago Zacatepec, 1986) estuvo en Arlés en julio en la apertura de estos Encuentros para recibir el premio y su respectivo cheque (10 mil euros).
Pronunció un discurso de agradecimiento en la lengua mixe, sobre la identidad y la memoria de este pueblo ancestral, y dio un toque exótico al vernissage en el Monoprix, porque durante los Encuentros hasta el supermercado se apunta para exponer a los artistas de la lente presentes.
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De eso, de identidad y memoria, trata su instalación audiovisual, titulada Tajëëw y Kontoy, nombres de dos antiguos del pueblo ayuuk, nombre que los mixes dan a su propia lengua y cultura. Cuentos y leyendas, transmitidos oralmente a Octavio por su abuela, Áurea. Figuras de (súper) héroes enmascarados, provenientes de mitos prehispánicos, que él recupera a su personal manera; un estilo y una temática tan llamativos que el conocido semanario Le Point utilizó una foto titulada “Tajëëw” (La serpiente) como portada de su suplemento especial sobre Les Rencontres d’ Arlés 2025.
El trabajo de Aguilar, representado por la galería Parallel, de Oaxaca, encaja perfectamente con el lema este año, “imágenes indóciles”. Una vertiente del evento es la recuperación de indígenas, aborígenes, primeras naciones, pueblos originarios o como se quiera llamar a los “nativos”, después colonizados, desposeídos, cuando no casi exterminados por el hombre blanco, de acuerdo con la teoría woke de la historia, pero que aquí siguen, insumisos, indómitos, en resistencia, sobrevivientes de una historia siempre adversa. De Brasil, Australia, Canadá y México, que tienen un lugar protagónico en este evento.
En el mismo lugar, la planta alta del Monoprix presenta las demás exposiciones del premio Découverte 2025 de la fundación Roederer, dedicada a los talentos emergentes, como la eslovaca Zuzana Pustaiová, el peruano Masuk Nolte, la egipcia Heba Khalifa y el boliviano Daniel Mebarek, entre otros. La curaduría de esta colectiva recayó en el también mexicano César González Aguirre, quien fue curador en jefe del Centro de la Imagen de 2028 a 2021, y cuya labor aquí, en Arlés, fue muy elogiada.

Una propuesta chilanga en Arlés
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Entre estos “talentos emergentes” figuraba otra mexicana, Denis Serrano, con una propuesta totalmente diferente a la de Octavio. Es chilanga (nacida en 1990) y su propuesta feminista no podía ser más urbana: su escenario ocurre en las aceras de la capital, donde enfrenta machismo, acoso sexual y toda suerte de piropos… o violencia verbal. Hombres y paisajes para un acto de violencia, se llama el proyecto de Denis, y el título lo explica: un ensayo fotográfico y sonoro sobre la salud mental de los hombres y la violencia de género.
En un registro totalmente diferente, posfotográfico se podría decir, se ubica la propuesta del catalán Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955), titulada El ojo y el índice, en la pequeña sala de exposiciones de la legendaria librería arlesiana Actes Sud. Fontcuberta, autor de un Manifesto para una posfotografía, utiliza imágenes del semanario de nota roja mexicano Alerta!, publicado entre 1960 y 1980, competencia del Alarma!, para reflexionar sobre la relación entre la fotografía y la realidad, e interrogar la función selectiva y performativa del medio fotográfico.
En todas las imágenes figura un dedo índice que señala hacia un hecho de sangre, el sitio de un crimen, un cuerpo balaceado, dos presuntos delincuentes… Cada espectador interpreta la historia, y se proyecta, detrás de cada una de estas imágenes terribles, un juego de storytelling al que nos somete Fontcuberta, con esos dedos que apuntan, para este visitante, hacia la realidad de un México sangrante, siempre tan violento, un país, en efecto, de nota roja.

A unos pasos de Actes Sud, en la iglesia de San Martín de Méjan, se encuentra la magnífica exposición de la italiana Letizia Battaglia (1935-1922), cuyas fotos de los años más violentos de la mafia siciliana, a mediados de los 70, son hoy clásicos de la materia; imágenes de verdad impactantes y que yo acerco a las portadas del antiguo Alerta! mexicano y de las que vemos a diario hoy en mi país, atenazado por otras mafias, no tan diferentes de las de Palermo.


