La importancia de llamarse Lady Di

La cinta Spencer levantó mucha expectativa en Venecia, porque a un cuarto de siglo Lady Di sigue siendo objeto de morbo que da rating y ventas
Lady Di
Ilustración: Roberto López

Por si no fuera suficiente para la Princesa Caramelo, que tiene en ciernes una nueva temporada de la serie británica The Crown, (que la consagró como la “vístima” absoluta de la malvada realeza que habita la Casa de Windsor), el fin de semana se estrenó en el Festival de Venecia, la película Spencer dirigida por el exitoso realizador chileno plenamente asentado en Hollywood, Pablo Larraín, y con la imperturbable Kristen Crepúsculo Stewart dándole cuerpo y rostro a Diana Frances Spencer.

spencer
Póster de la película Spencer.

Todo, en el mejor marco que se recuerde, para conmemorar los 24 años (31 de agosto) de la trágica muerte de la Princesa de Gales.

Tanto Larraín como Stewart vienen de haber hecho un par de biopics. El chileno firmó una anodina Jackie (Kennedy, con Natalie Portman, sobre las primeras horas de soledad de la primera Dama, tras el magnicidio) y antes hizo un maravilloso, por lo pantagruélico, Neruda.

La Stewart filmó Seberg, biografía de los años finales de la malograda actriz Jean Seberg (la coestrella de Jean Paul Belmondo en Sin aliento, de Jean Luc-Godard), que lamentablemente no pudo estrenarse en México, por el arranque del confinamiento en la primavera de 2020 (¡snif!).

Seberg
Póster de la película Seberg, que no se pudo estrenar en México por la pandemia.

Es por eso que la película levantó mucha expectativa en Venecia, pero sobre todo porque a casi un cuarto de siglo, Lady Di, la princesa del pueblo, sigue siendo objeto de morbo que da rating y ventas.

Business are business, bitch.

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