Nada hay oculto bajo el sol, ni bajo las túnicas. Esto queda en evidencia con Los Testamentos, recién estrenada en Hulu, de Disney+. En el tablero de la geopolítica cultural moderna, las series han dejado de ser un mero espacio de entretenimiento para convertirse en un indicador de las presiones y tensiones sociales más recónditas
El estreno de la serie Los Testamentos: De las hijas de Gilead en Disney+ no es una simple extensión del universo distópico de Margaret Atwood, es una llamada de atención que suena con una fuerza perturbadora en un 2026 donde los derechos de las mujeres vuelven a estar bajo asedio político y en batalla cultural.
There’s no force more powerful. The season finale of THE TESTAMENTS is now streaming on @hulu and Hulu on Disney+. #TheTestaments pic.twitter.com/jMF64Dmp8D
— The Testaments (@testamentshulu) May 27, 2026
La crítica internacional ha sido unánime en un punto crucial: la genialidad, y a la vez el terror, de esta adaptación radica en su transición temporal. Si El cuento de la criada nos llevaba por el sometimiento y esclavitud de las criadas, Los Testamentos nos introduce en los pasillos de las escuelas de élite para las futuras esposas.
Revistas de todo el mundo han destacado cómo la serie logra retratar un totalitarismo que ya no necesita armas porque ha perfeccionado el arte del adoctrinamiento desde el origen. Una alienación de guante blanco y túnicas púrpuras.
Es ahí donde la ficción se cruza con la realidad de nuestra era digital. Mientras Agnes y sus compañeras son educadas para el silencio y la obediencia bajo la estricta y vigilante mirada de la tía Lydia (una grandiosa Ann Dowd), en el multiverso de nuestras redes sociales occidentales atestiguamos el inquietante auge de la tendencia Trad Wives.
Aquellas creadoras de contenido que, enfundadas en vestidos de corte cincuentero y filtros de tonos pastel romantizan la renuncia a la autonomía económica, promoviendo la sumisión al sistema patriarcal como el pináculo del bienestar femenino.
Ambos fenómenos operan bajo la misma lógica: la estetización de la opresión. La serie problematiza con genialidad lo que la crítica global ha denominado la «complicidad de género dentro del patriarcado». Las estructuras machistas más eficaces no se sostienen solas; requieren de mujeres dispuestas a replicar el sistema patriarcal.
En Gilead son las tías; en el algoritmo de TikTok son las influencers del neoconservadurismo que monetizan la pérdida de sus propios derechos colectivos, vendiendo la sumisión doméstica como la respuesta pacífica contra el caos del mundo moderno.
La llegada de Daisy, la joven rebelde que cruza las fronteras de Canadá, funciona como el disruptor en esta alienación. Ella representa la ruptura del adoctrinamiento y el regreso del pensamiento crítico, recordándonos que el aislamiento cognitivo es la primera victoria de cualquier régimen totalitario.
Mirar Los Testamentos con perspectiva de género es entender que Gilead no está tan lejos como pensamos. Se disfraza de nostalgia por un pasado idílico, se financia con discursos de odio de la nueva extrema derecha y se reproduce, de manera silenciosa, a través de un simple toque en la pantalla de nuestros teléfonos.
Los Testamentos tendrá segunda temporada en la plataforma de Disney+
Al final del día, la serie nos advierte que detrás de cada jardín impecable y cada pastel horneado desde cero bajo la retórica de la «esposa tradicional», siempre se esconde el peligro inminente de un contrato de sumisión del que ninguna niña debería ser víctima.
Tras el éxito de la serie dramática Los Testamentos: De las hijas de Gilead, el próximo capítulo de la serie ganadora de un Emmy The Handmaid’s Tale, ha sido renovada para una segunda temporada.

