Sarai Aguilar Cometierra

Willie Colón: no se pudo corregir su naturaleza

Su arte es un reto a lo sensible y al mundo intuitivo: lo de él no fue salsa, sino protesta musicalizada

Los detractores del barrio que estuvieron en auge después de la presentación de Bad Bunny en el Super Bowl hoy lloran por la muerte de Willie Colón. El salsero, quien nació el 28 de abril de 1950 en el Bronx, Nueva York, fue un hijo de migrantes puertorriqueños llegados a la ciudad en la oleada caribeña de mediados del siglo XX. Fue un hijo del barrio, de South Bronx, de pobreza urbana, violencia y segregación racial.

Autoapodado El Malo, sus portadas de discos lo caracterizaban como gánster; para algunos haciendo una sátira de la mafia, pero más apropiándose a esa identidad con la que hasta el día de hoy existe de los migrantes y pobreza.

Colón se distinguió por no ser un músico de salsa más. Utilizó la música como un elemento de protesta a través del cual se dieron crónicas urbanas de la marginalización y el prejuicio social contra esos marginados.

El cantante neoyorquino Willie Colón se despidió de México. Foto: José Juan de Ávila
El cantante neoyorquino se despidió de México. Foto: José Juan de Ávila

Pero no sólo el trombón fue su lanza. Activista, asesor comunitario e incluso candidato político, a últimas fechas utilizó las redes sociales para posicionarse de forma tan provocadora como su música.

Su última publicación da fe de ello. En Instagram señalaba: “La generación joven de hoy no ha vivido lo suficiente como para realmente saber o comprender. Aprenden a través de rumores, adoctrinamiento, y procesan todo mediante la única herramienta que tienen, que es la emoción. Esto hace que les resulte fácil llegar a una conclusión que es abiertamente falsa. No logran conectar las diferentes agendas peligrosas ni comprender cómo, de manera subrepticia, se entrelazan en un plan unificado de dominación total y sometimiento”.

Destacó que la manera que tiene la generación joven de aprender no les da la información suficiente para entender y se “entrelazan en un plan unificado de dominación total y sometimiento”.

Esto parecía relacionarse más con el discurso polarizante que mantuvo en los últimos años. Conforme la edad se acumuló en su vida, sus críticas se tornaron más ácidas a los movimientos sociales, algunos que él mismo abanderó en su juventud e incluso en reclamos a los académicos de la música por no haber alcanzado un Grammy.

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Willie Colón fue un hijo del barrio

Dicha carta fue abierta en redes, donde no se limitó a los críticos, sino que arremetió contra los premiados al afirmar que sus miembros “no son latinos” y que premian “cualquier cosa” que les presenten. Meses después, en diciembre de 2025, puso el foco en Bad Bunny al difundir imágenes en las que se le acusaba de manipular reproducciones en Spotify. A estos señalamientos sumó a Rimas Entertainment como responsable de inflar los números con bots.

Sin importar si su activismo fue de izquierdas o derechas o si logró asimilar el paso del tiempo y el cambio de las nuevas generaciones, Colón demostró que no perdió la bravura y desenfado que lo caracterizó desde sus inicios. Que su arte trasciende a batallas culturales o debates ideológicos, pues es un reto a lo sensible y el mundo intuitivo, lo sublime, está por encima de cotilleos y rencillas. Lo de él no fue salsa, fue protesta musicalizada.

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