Riccardo Minasi Deutsche Kammerphilarmonie Bremen

Riccardo Minasi: «es un momento social donde la gente quiere ser tranquilizada, no desafiada»

La orquesta Deutsche Kammerphilarmonie Bremen podrá ser disfrutada en el Palacio de Bellas Artes con un programa integrado por Schubert y Beethoven

“¡Qué festival! ¡Qué ciudad! ¡Qué pueblo!”, gritó el director Riccardo Minasi al público del Teatro Juárez de Guanajuato y mandó un beso a la audiencia extasiada, al término de un extraordinario concierto totalmente romántico, uno de los más esperados en el 53 Festival Internacional Cervantino (FIC), al frente de la Deutsche Kammerphilarmonie Bremen, que el jueves 16 de octubre también podrá ser disfrutado en la sala principal del Palacio de Bellas Artes, en Ciudad de México.

Minasi ha puesto el toque italiano como director huésped al ensemble en su totalidad integrado por músicos germánicos y centroeruopeos, que emprendió hace poco más de un mes una gira por varios países latinoamericanos y que ahora viene a México, donde cosechó en el FIC su primer palmarés con un programa integrado por Schubert, Beethoven y Mendelsohnn.

La gira, que se inició el 6 de octubre en Buenos Aires y que concluye este jueves 16 en Palacio de Bellas Artes, es el debut de Minasi, violinista también de Le Concert des Nations con Jordi Savall, con la Deutsche Kammerphilarmonie Bremen.

El director italiano también practica su idea de que la música está para dar tranquilidad a la gente: la mañana del concierto el martes 14 de octubre, se presentó en el Teatro Juárez con un cuarteto de los músicos de Deutsche Kammerphilarmonie Bremen para explicar a adolescentes de escuelas públicas guanajuatenses qué es ser director, por qué Beethoven es un parteaguas en la música o qué significa realmente ser romántico. Entre bromas y bromas que comparía con los muchachos y las muchachas, Minasi era otro joven, un niño que descubría por primera vez la maravilla que es la música orquestal.

“Ahora estamos en un momento social donde la gente quiere ser tranquilizada y no desafiada, es un momento donde debe haber un diálogo y una discusión constructiva a propósito de la vida”, había declarado Menasi a este reportero la víspera.

Incluso fue tolerante con el público que asistió la noche del martes 14 de octubre al majestuoso Teatro Juárez, uno de los más hermosos y fascinantes del país, que aplaudía entre los movimientos de cada pieza, aunque en la entrevista con Fusilerías contaba divertido que en algún concierto en que estuvo en Brasil la gente aplaudía incluso después de cada solo.

Su gestualidad no sólo la aplicó a su estilo como director orquestal, también lo llevaba al mirar divertido al público del FIC.

Riccardo Minasi Deutsche Kammerphilarmonie Bremen
Foto: José Juan de Ávila

No es la primera vez que Minasi viene al país. Como violinista acompañó al catalán Jordi Savall y el ensemble Le Concert des Nations, junto con Marc Hantaï (traverso), Pierre Hantaï (clavecinista) y Manfredo Kraemer (violinista), en el magno concierto inolvidable del jueves 25 de octubre de 2007 en la sala Nezahualcóyotl de la UNAM para celebrar la declaratoria de Ciudad Universitaria como Patrimonio de la Humanidad, que la Unesco había emitido meses antes, en el junio previo.

El violinista y director amablemente concede una entrevista exclusiva a Fusilerías con apenas un par de horas de haber llegado al hotel Ex Hacienda San Xavier, de Guanajuato, un día antes del concierto y después de varias horas de vuelo por Sudamérica, donde la Deutsche Kammerphilarmonie Bremen empezó una gira el 6 de octubre en el Teatro Colón de Buenos Aires, que siguió al día siguiente en Montevideo, en el Auditorio Naciona de Sodre, para llegar a Lima a tocar el 9, en el Teatro Municipal, mientras afuera era el caos político y social porque el Congreso acababa de destituir a la presidenta del país Dina Boluarte.

En todas sus sedes, incluyendo el Palacio de Bellas Artes, el programa fue el mismo: Obertura en do mayor, opus 170, en estilo italiano, de Franz Schubert; el Concierto para violín y orquesta en re mayor, opus 61, de Ludwig van Beethoven, con el canadiense James Ehnes como solista; y la Sinfonía número 4 en la mayor, opus 90, Italiana, de Felix Mendelssohn. Y para la felicidad de los asistentes al teatro Juárez, que esperamos se replique en Bellas Artes, Ehnes concedió dos encores y la orquesta otro al final de uno de los momentos más luminosos de lo que va hasta ahora del 53 Festival Cervantino.

Riccardo Minasi Deutsche Kammerphilarmonie Bremen
Foto: José Juan de Ávila

¿Por qué eligió el Romanticismo como carta de presentación de usted como director huésped de la Deutsche Kammerphilarmonie Bremen como de la orquesta en una gira por Sudamérica y México?

Es una orquesta alemana, el repertorio alemán es el pan diario de estos músicos. Hemos pensado llegar aquí y tomar algo que es parte integrante del repertorio habitual de esta orquesta, que también a mí me apasiona personalmente muchísimo. James Ehnes es uno de los intérpretes más buscados hoy en el mundo para interpretar el Concierto para violín de Beethoven, que es muy complejo, muy complicado, y que la gente conoce muy bien. Esta es la razón de la elección.

Usted es también violinista, ¿qué exige al solista para un concierto de esta magnitud, tan célebre, que el público reconoce?

Sí, claro. Es un concierto que necesita una profunda inmersión emotiva, emocional. Como usted bien ha dicho, es una pieza muy conocida, pero es importante siempre tener una inmersión en las armonías que pasan, en las situaciones emotivas que pasan a través de la música, e intentar entregarla viva y muy comunicativa con el público.

«Es una pieza aparentemente fácil si la miramos en el papel, porque hay escalas, arpegios aquí, por arriba, por abajo, continuamente. Pero esta estructura aparentemente rígida necesita el encargo de un músico con una buena sensibilidad para presentarlo no cuadrado, no vertical, no hipersimétrico, sino siempre con algo que habla un lenguaje humano».

Riccardo Minasi Deutsche Kammerphilarmonie Bremen
Foto: José Juan de Ávila

Cuando Riccardo Minasi está al frente de la orquesta y está viendo al violinista, ¿impone una presión mayor sobre el solista, sobre la orquesta?

No, James Ehnes y yo somos amigos. Mi rol como acompañante es crear las situaciones más ideales para él para que se pueda expresar de la manera más confortable posible. Y a veces proponer algo y ver si él me responde o intentar comprender lo que él está buscando y tratar de transmitirlo a la orquesta. Es una interacción constante con el solista.

¿Cómo se encontró con la Deutsche Kammerphilarmonie Bremen? ¿Cuál es el sello que usted le quiere imprimir?

Es una institución que para cualquier músico y sobre todo para el director es un gran reto. He intentado buscar un lenguaje que pueda ser conveniente para los músicos. Y soy director huésped, no soy el principal en esta orquesta; entonces hay siempre un diálogo, un respeto para las opiniones diferentes. Mi rol es proponer algo, intentar que sea una proposición constructiva que pueda enriquecer el lenguaje y el vocabulario de lo que vamos a utilizar para ejecutar estas piezas.

El programa es romántico, tres de sus principales exponentes, pero con obras de Schubert y Mendelssohn no tan interpretadas, con un highlight de la historia, el concierto de violín de Beethoven. ¿Qué ofrece esta mezcla?

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Schubert sabemos cuanto amaba, cuanto quería Beethoven, por lo que el programarlos juntos es automático y natural. Es una pieza muy ligera la de Schubert, es casi un juego de estilo. Schubert intenta ser italiano y esta particularidad tiene conexión con la segunda parte del programa, con la Sinfonía de Mendelssohn. El juego entre estas tres piezas muy diferentes es este.

Riccardo Minasi Deutsche Kammerphilarmonie Bremen
Foto: José Juan de Ávila

Yo lo entendía como un guiño suyo como director italiano, como una travesura suya en la programación, meter lo italiano dentro del romántico alemán y austríaco.

Sí, hay también este juego, porque yo soy italiano. La orquestra es fundamentalmente alemana, aunque tenemos también coreanos, eslovacos, checos, suizos, también un venezolano. Hay de todo un poco.

Como violinista tocó usted en España con Jordi Savall, incluso en México, y con orquestas españolas; ahora emprende una gira por Latinoamérica. ¿Hay más afinidad  suya con ese espíritu latino que con el romántico?

Afinidad, no sé. Claro, como latino tenemos generalmente una afinidad mayor, un poco en este idioma. Yo tengo este español muy rudimental, nunca he abierto un libro de gramática, lo aprendí un poco en las calles con colegas. Pero tengo muchísimos amigos en Alemania, tengo un puesto efectivamente con un conjunto alemán que se llama Ensemble Resonance en Hamburgo, trabajo con ellos todo el tiempo. Las limitaciones mentales que nos creamos para las diferencias, la lejanía geográfica, no son un problema, nada de insuperable.

Riccardo Minasi Deutsche Kammerphilarmonie Bremen
Foto: José Juan de Ávila

México es la parte final de su gira por América Latina. ¿Cómo vio la recepción del público en Sudamérica de este programa? Cada país tiene un contexto muy distinto. En Perú acaban de destituir a su presidenta, por ejemplo.

Sí, exactamente estábamos tocando en Lima cuando afuera estaba el caos, porque destituyeron a la presidenta. Afuera había mucho tráfico, la gente llegaba con retraso al concierto, se tenía que ir antes del fin del concierto. Fue un concierto muy extraño en Lima. Cada país tiene su propio carácter, su propia identidad, y eso es muy fascinante. No es mi primera vez en Latinoamérica o en Norteamérica, en México. He estado aquí muchas veces, la última fue hace más de 20 años, toqué con Jordi Savall en la sala Nezahualcóyotl de la UNAM, una sala fantástica, con una acústica que me encantó.

“Y de Latinoamérica me acuerdo de una gira, por ejemplo, en Brasil, tocamos en Curitiba, en Porto Alegre, donde la gente aplaudía al final de los solos de violín, aplaudía en los tuttis (toda la orquesta), algo muy extraño. Y después fuimos a tocar a Sao Paulo, con una asociación que se llamaba Hebráica o algo así, y el público estaba como mármol, sin moverse, muy respetuoso, en un contexto completamente diferente en el mismo país. Y a mí estas cosas de cómo se recibe de manera diferente un concierto, con diferentes personalidades y colores en cada país, me fascinó muchísimo.

¿Cómo decidió saltar de violinista, además de violinista de la orquesta de Jordi Savall, especializada en música antigua, barroca, medieval, a director de orquesta?

Las cosas han salido naturalmente. Tengo que decir honestamente que nunca decidí ser un director por serlo. Fui primer violín de muchísimas orquestas, y había algunos directores que me pedían llevar algunos ensayos en su lugar. Empecé así, haciendo un poco de asistencia. Paso a paso empecé a dirigir algunos proyectos, siempre más grandes. Soy una persona generalmente muy curiosa.

«Es verdad que soy más conocido como violinista de música antigua, pero siempre he tomado un pie en el mundo de la música tradicional, moderna, con páginas orquestales contemporáneas. Alargar los horizontes, intentar explorar nuevos repertorios me fascinó siempre. He tenido un como como jefe del Mozarteum, en una orquesta en Salzburg, que es la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Salzburgo, para hacer ya seis años. Y allá he hecho todos los rusos: Tchaikovsky, Stravinsky, Rimsky-Korsakov, tres sinfonías de Mahler, un poco de todo».

¿Cuál es su sello como director y cuál es su sello como violinista?

No lo sé, esto lo tiene que decir el público. La cosa que se me hace muy graciosa es que cada uno tiene opiniones completamente distintas. Algunos me dicen que soy demasiado antiguo para el repertorio contemporáneo, y otros que soy demasiado contemporáneo para el repertorio antiguo. Entonces, no sé.

Riccardo Minasi Deutsche Kammerphilarmonie Bremen
Foto: José Juan de Ávila

Pero, como director italiano ¿se inclina más Toscanini o más hacia Abbado, por ejemplo?

Tengo muchísimo respeto por estos dos nombres. Toscanini y Abbado fueron dos directores impresionantes, de dos épocas y contextos sociales y musicales muy diferentes. Hicieron cosas impresionantes. Obviamente a Toscanini no lo conocí, pero a Abbado me lo encontré una vez, hablé un poco con él. Por desgracia, nunca toqué con él, pero asistí a muchísimos de sus conciertos.

«No sé, intento hacer algo que responda a mi conciencia de músico, intento poner en discusión, también crítica y un poco de científico, basado en las fuentes que tenemos de la práctica musical del pasado, sobre todo cuando tocamos música de un pasado próximo o lejos, intento poner en juego algo que puede ser considerado pasado un poco pasado de moda. Esto es lo que estoy intentando hacer».

«Ahora estamos en un momento social donde la gente quiere ser tranquilizada y no desafiada, es un momento donde debe haber un diálogo y una discusión constructiva a propósito de la vida. Y para las artes en general es importante mantener ese diálogo. Hay gente que se cree depositaria de la verdad; yo no soy de ese tipo de gente, en absoluto. Siempre estoy abierto a recibir críticas constructivas».

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