En México la justicia puede ser el Godot que se espera sin que llegue. Y este ha sido el caso de Liliana Rivera Garza, quien fue asesinada en julio de 1990, su caso permaneció más de 30 años en impunidad, detenido en el tiempo y olvidado en los anales del aparato judicial.
Y es aquí donde el acceso a la justicia o al menos la visibilidad del caso de Lilliana no vendría de la mano de un juez, sino de la literatura.
Su hermana, la escritora Cristiana Rivera Garza, a través de su libro El invencible verano de Liliana decidió mantener la memoria activa de la víctima.

Esta novela nace de abrir las cajas de su hermana. Cristina recuperó cartas y diarios; rescató una voz que el sistema intentó reducir a una cifra o, peor aún, a un «crimen pasional».
Su técnica no es la de la ficción tradicional, sino la de la «desescritura»: un ejercicio donde la autora se hace a un lado para que sea la propia Liliana quien narre sus sueños de arquitecta y su búsqueda de libertad. Aquí, el arte deja de ser un objeto contemplativo para convertirse en un activo.
Es en este punto donde su obra, especialmente El invencible verano de Liliana, se sitúa en esa línea delgada y peligrosa entre el activismo radical y la función social del arte.
Problematizar la obra de Rivera Garza implica preguntarnos: ¿Es responsabilidad de la literatura suplir las carencias del Estado?
No obstante, es aquí donde se genera una tensión en el campo de las artes. ¿Corre el riesgo la estética de quedar supeditada a la denuncia o activismo? Para Rivera Garza, la respuesta parece estar clara.
En este abril de 2026, la autora ha continuado con su activismo a través, ya no solo de la literatura, sino de conferencias y ponencias, donde la voz de la denuncia ha traspasado el punto final de un libro. Su reciente petición ante la UAM para obtener el título póstumo de arquitecta para Liliana, y su contundente participación en la Cátedra Nelson Mandela de la UNAM —donde denunció cómo la impunidad nos puede alcanzar a todos—, confirman que su proyecto literario es, en realidad, un proyecto de justicia restaurativa en algunos casos, incluso punitiva.

La obra de Cristina Rivera Garza obliga a reconocer que, en un país donde la justicia no llega, la literatura es el último recurso. Pero si el arte asume una función social tan definida, no sería por una cuestión estética sino por una intención de denuncia o activismo.
Al final, lo que Cristina propone no es sólo un libro, sino que ante la ausencia de un estado de derecho, el arte cambia su función estética por el trabajo de la sentencia: nombrar al culpable, dignificar a la víctima y mantener viva la exigencia de que el olvido no sea la norma. Y si bien esto es muy loable, a final de cuentas la pregunta sigue en el aire: ¿por ello se convierte en arte?
Se llama Ángel González Ramos (alias Mitchell Angelo Giovanni). Sobre él pesa una orden de aprehensión por el feminicidio de #LilianaRiveraGarza el 16 de julio de 1990. Si saben algo de él, por favor, denúncielo. pic.twitter.com/bnxTmoewl1
— Cristina Rivera Garza (@criveragarza) November 5, 2023
Historia de Rivera Garza, reconocida con el Pulitzer
Cristina Rivera Garza nació el 1 de octubre de 1964 en Matamoros, Tamaulipas. Realizó estudios de sociología en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la UNAM, así como estudios de Maestría y Doctorado en Historia Latinoamericana en la Universidad de Houston; donde además es profesora distinguida y fundadora del doctorado en Escritura Creativa en Español.
Cuenta con más de una decena de libros publicados a través de géneros diversos como cuento, ensayo, novela y poesía. Entre sus títulos más recientes, además de El invencible verano de Liliana, se encuentran Grieving. Dispatches from a Wounded Country (2020) y New and Selected Stories (2022); ambos traducidos por Sarah Booker.
Entre los premios y reconocimientos que ha merecido se encuentran el Premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero 1997, Premio Sor Juana Inés de la Cruz 1997, Premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco 2017, Premio Shirley Jackson 2018, Premio Donoso 2021, Premio Nuevo León Alfonso Reyes 2021, Premio Mazatlán 2021, así como la beca MacArthur 2020-2025.
