A manera de collage o de caleidoscopio escribo una guía de viaje por Sri Lanka en orden alfabético. La isla en el océano Índico, antes llamada Ceilán, conocida también como “la lágrima de la India”, ofrece al viajero un concentrado de ciudades muy antiguas, culturas asiáticas diversas, naturaleza espectacular, comida deliciosa. Es una pequeña ínsula multiétnica, de 65 mil kilómetros cuadrados y 25 millones de habitantes, que hoy día busca su propio camino hacia la modernidad, con las dificultades propias de todo país en desarrollo.
A de Anuradhapura. Inmejorable lugar para empezar el abecedario de Sri Lanka. Es aquí donde inicia la historia de la isla, su primera capital budista, un lugar sagrado: hacia el siglo III a.C, hace 2 mil 300 años, ya era un reino y un importante centro monástico, lo sigue siendo: un sitio de peregrinaciones, templos, escuelas de budismo, de enormes estupas (los monumentos funerarios que aquí llaman “dagoba”), como la Jetavanarama, de 122 metros de altura y color rojizo, no blanco como casi todas las demás. El día de mi visita confluían las peregrinaciones, muchas de escolares, todos de blanco, ondeando la bandera multicolor (azul, amarillo, rojo, blanco, anaranjado) del budismo. Un espectáculo divino, literalmente.

B de Bawa. El apellido de Geoffrey Bawa (1919-2003), el arquitecto más reconocido de Sri Lanka y de los más importantes de Asia, el Luis Barragán local, si se me permite la comparación: la misma elegancia y sencillez. Su obra arquitectónica, definida como “modernismo tropical”, se extiende por toda la isla (residencias particulares, iglesias, escuelas, hoteles, el antiguo parlamento en Colombo), pero el lugar que se visita es Lunuganga, como se conoce a la finca y los fantásticos jardines de exuberante vegetación que Bawa diseñó en Bantotta, a orillas del lago Duddawa, unos 90 minutos por coche de Colombo.
En Lunuganga (“río salado”), una antigua plantación de canela y hule que adquirió en 1948 para construir su casa de campo (que hoy es un “hotel boutique” de seis habitaciones), vemos la faceta paisajista de Bawa: un verdadero paraíso terrenal.
C de Curry. Mi experiencia gastronómica puede resumirse en tres palabras: curry, curry y curry. Una verdadera “curry fest”, mi viaje a Sri Lanka. Es más picante y condimentado que el de la India, que ya es decir. El curry rojo de pollo (Kukul Mas), especialidad de Colombo; el verde de pescado, de preferencia en la costa (Kirata); el vegetariano, por supuesto; el black pork curry, de sabor tan intenso; el dhal curry, de lentejas y leche de coco, el básico diario los esrilanquenses; curry de mango o de plátano verde… ¡Cuánto curry comí, y muchas veces con las manos, como aquí se acostumbra!
En cuanto a la street food, tomé nota de la “Kola Kenda”, una papilla de arroz, leche de coco y hierbas; el “Isso Wadai”, una especie de tostada de jaiba, o los inevitables “String hoppers”, fideos de arroz en forma de nido y cocidos al vapor, que se sirven en el desayuno. Y para refrescarse, el “Thambil”, que es el “coco rey”, único de Sri Lanka, más dulce y suave que el coco que conocemos en México. Y con un shot de “Arrak”, el destilado de coco, típico esrilanqués: ¡salud!
D de Dambulla. Un conjunto de cinco cuevas sagradas que contienen más de 150 estatuas de Buda, incluyendo uno reclinado, de 14 metros, también murales antiquísimos. ¡Extraordinario lugar, de los que más me impresionaron durante mi tour! “El templo de oro de Dambulla”, como también se le conoce, patrimonio de la humanidad desde 1991, fue obra del rey Walagamba, hacia 89-77 a.C, pero ya desde antes monjes budistas vivían en meditación en estas cuevas. ¡Cuánta historia, cuánta espiritualidad respira este sitio!, ubicado sobre una roca que sobresale a casi 200 metros sobre un valle primoroso.

E de Elefante. El símbolo nacional de Sri Lanka, el alma del país, son venerados y te los puedes encontrar cruzando la carretera o deambulando tranquilamente por los pueblos, aunque los turistas suelen viajar a algún parque nacional para verlos en safari. Sri Lanka alberga la manada de elefantes salvajes más grande de Asia, con aproximadamente 7 mil ejemplares. Animal sagrado del budismo, los ves también en los frisos de los templos más antiguos. Representa la fuerza, la sabiduría, la buena fortuna. Los reyes de Sri Lanka utilizaban elefantes como símbolos de estatus y po der, tanto en la guerra como en el trabajo.
F de Fuertes. Puede decirse que Sri Lanka es una isla fortificada. A lo largo del tiempo, y de sus sucesivas colonizaciones, sus costas se cubrieron de impresionantes ciudades amuralladas, 36 en total, debido a su ubicación estratégica envidiable en el centro del oceáno Índico, punto de escala para navegantes en la “ruta de la seda marítima”. Las potencias coloniales, además de los piratas y contrabandistas, que es lo mismo, se peleaban los valiosos recursos de la isla, especialmente sus especias, como la canela, también gemas preciosas o el marfil de los cuernos de elefante.
Los portugueses (1505-1658) fueron los primeros europeos en construir fortificaciones; siguieron los holandeses (1658-1796), que las ampliaron hasta convertirlas en verdaderas ciudadelas militares, y finalmente los británicos (1796-1948), que capturaron la isla e hicieron nuevos fuertes. Pude recorrer el fuerte de Galle (1588), el más grande, importante y mejor conservado, en la punta sur de la isla, con su imponente faro que ilumina las aguas del Índico. También estuve en Fort Frederick, en Trincomalee, al noroeste, y en el de Colombo, que marca el punto del primer desembarco portugués en el siglo XV, pero que es una ruina, sólo queda el faro.
G de Galle. En esta letra debería referirme a Galle Fort, hermosa ciudad fortificada por los colonos holandeses, de unos cien mil habitantes, 120 kilómetros al sur de Colombo, a la que ya me referí en la letra “F”, pero aquí prefiero hablar del gran hotel Galle Face, que me hospedó las dos primeras noches en Colombo, el mejor y más icónico de la capital. Inaugurado en 1864, han pasado por sus habitaciones la realeza (la reina Isabel), políticos (Richard Nixon, Indira Ghandi), escritores (Antón Chéjov, Mark Twain) y otros famosos de todo tipo, como como Yuri Gagarin o Harrison Ford (el hotel tiene una galería de fotos de todos los personajes ilustres que ha hospedado).
Es aquí donde la burguesía de la ciudad organiza sus bodas y demás fiestas por el estilo. Tuve una estancia breve, pero inolvidable, en este hotel de elegante arquitectura colonial, excelente buffet para desayunar, espléndida terraza para contemplar el atardecer y óptimo servicio.

H de Hermann Hesse. El famoso escritor alemán (1872-1962) visitó Ceilán, como entonces se llamaba Sri Lanka, en el contexto de un viaje iniciático en 1911, que lo llevó también a las islas de Bali y Java, en Indonesia. Hesse pretendía seguir su viaje hacia la India continental y China, pero enfermó gravemente del estómago (¿demasiado curry?), además de que se mareaba en el mar, así que volvió a Europa desde Colombo. Sin embargo, su corta estadía en la isla (visitó Anuradhapura y Kandy) le sirvió de inspiración espiritual para escribir Siddhartha (1922), el libro que introdujo el misticismo oriental en Europa y tanto influyó en la contracultura hippie de los años sesenta.
I de Innasithamby. Como Danu Innasithamby, alguien que representa el Sri Lanka moderno, el de las redes sociales, los talk shows, toda una celebridad local, con más de cien mil seguidores en Instagram y 350 mil en TikTok. Actor, cantante y ahora escritor. Su autobiografía Jaffna Boy es un best seller. Narra su vida, desde el origen, en una distinguida familia tamil de médicos en Jaffna, al norte del país; su infancia bajo las balas de la guerra civil a Colombo; sus inicios en el show business; sobre todo su coming out como hombre gay en este país ultraconservador. Pionero del espectáculo drag queen en Colombo. Toda una diva. Ya soy su seguidor en Instagram.
J de Jaya Sri Maha Body. El nombre oficial del “árbol de Bo”, que creció de un retoño proveniente de la higuera en la India bajo la cual Siddhartha Gautama, que se convirtió después en Buda, alcanzó la iluminación. Se dice que es el árbol más viejo del planeta. Otro sitio muy sagrado de los budistas, de peregrinaciones, cantos y alta espiritualidad. Se encuentra al centro de una plataforma celosamente protegida por unos guardianes, en la región de Anuradhapura.
(Continúa… Sri Lanka II)
Lunuganga, Bentota, Sri Lanka. Chez Geoffrey Bawa pic.twitter.com/6Tf8JpGHpv
— Misha Barber (@mibarberini) March 22, 2026