Sarai Aguilar Cometierra

El canon bajo sospecha: Patti Smith y el privilegio

Cuando irrumpió en la escena neoyorquina con Horses, no sólo rompió la estética de la feminidad complaciente, sino que reclamó el derecho a la poesía y al rock

La noticia del Premio Princesa de Asturias de las Artes para Patti Smith ha provocado la ya consabida polémica en redes y en la escena cultural. No es sólo el ya cuasi eterno debate sobre si la lírica popular merece ser considerada y tratada como literatura, una bella arte —una batalla que Bob Dylan ya dio y quedó lacerado, por cierto—; es, sobre todo, una incomodidad que se transforma en escándalo cuando una mujer transgrede los roles y cánones establecidos.

Premiar a Smith no es sólo reconocer a la llamada «madrina del punk». Es asimismo validar una trayectoria que ha hecho del lenguaje su trinchera. Sin embargo, la polémica que rodea este premio no queda exenta de sesgos sexistas que aún determinan quién tiene derecho a crear o a  ser creado. Pues aquí quien debería ser musa es autora.

Patti Smith en vivo los 50 años de su álbum Horses
Foto: Miguel Barberena

Históricamente, el sistema cultural ha preferido a las mujeres como inspiración, no como creadoras. No hay problema mientras sea la Beatrice de Dante o la Gala de Dalí: porque la musa es silenciosa, bella y callada. Cuando Smith irrumpió en la escena neoyorquina de los 70 con Horses, no sólo rompió la estética de la feminidad complaciente, sino que reclamó el derecho a la palabra, a la poesía y al rock.

Hoy, parte de la crítica intenta reducir su premio a un ejercicio de «corrección política». Es el eterno doble estándar: mientras la madurez de un artista varón es leída como «sabiduría acumulada», en la mujer que envejece fuera de los cánones, la crítica se vuelve estética y personal. Se cuestiona su «densidad» literaria, como si la capacidad de movilizar a generaciones a través de una pieza musical fuera un mérito menor frente al rigor de un libro tradicional.

El problema con estos premios implica reconocer que el canon literario es, en esencia, un club de acceso restringido. Al elevar la canción a la categoría de arte mayor, se democratiza el concepto de bella arte, pero también se desafía la estructura de poder que decide qué es «cultura» y qué es «entretenimiento».

Correspondences, performance inmersivo desarrollado por La madrina del punk, Patti Smith, y Soundwalk Collective (Francia/Alemania) se presentará por primera vez en Ciudad de México

Patti Smith ha demostrado que se puede integrar ambas. Sus memorias, Éramos unos niños, son la prueba de que la narrativa no requiere de una estética aburguesada para alcanzar la trascendencia. La molestia de los sectores más conservadores no es por la calidad de su prosa, sino por lo que ella representa: la mujer que no necesitó ser autorizada por un grupo de hombres para convertirse en un símbolo de la resistencia y la lírica.

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Patti Smith, trayectoria que ha hecho del lenguaje su trinchera

Si el arte es, como dicen, un espejo de la sociedad, el reconocimiento a Smith nos devuelve la imagen de un tiempo que empieza a entender que la poesía puede estar en un libro de pasta dura o en un amplificador.

Al final del día, quienes se rasgan las vestiduras por la «pureza» de los premios literarios suelen ser los mismos que temen que el lenguaje deje de ser un privilegio de pocos para convertirse en el arma de muchas. Patti Smith ha ganado, y con ella, todas aquellas que entendieron que escribir es, ante todo, un acto de libertad.Patti Smith gana Princesa de Asturias de las Artes

Patricia Lee «Patti» Smith (Chicago, 30 de diciembre de 1946), cantante, compositora y poeta, conocida como «la madrina del punk», aportó a este movimiento un punto de vista intelectual y se convirtió en una de las artistas más influyentes de la música rock.

Creció en Filadelfia y Woodbury (Nueva Jersey) y, tras graduarse en la escuela, empezó a trabajar muy joven en una fábrica de juguetes debido a las dificultades económicas que atravesaba su familia. En 1967 se trasladó a Nueva York y trabajó como vendedora de libros, articulista y autora de canciones y teatro, animada por el dramaturgo y actor Sam Shepard, con el que escribió Cowboy Mouth (1971).

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