El artista visual Rogelio Cuéllar, uno de los fotógrafos mexicanos que más han trabajado el autorretrato y el retrato de personalidades del ámbito cultural, reivindica esa especialidad frente a los selfis y confiesa que cuando él ha llegado a tomarse fotos con celular éstas le salen siempre desenfocadas.
“Autorretratos sí; selfis no. Ahora sí voy a hacer un cartel y voy a marchar”, apunta Cuéllar (Ciudad de México, 1950), en entrevista en vísperas de su primera exposición con el Seminario de Cultura Mexicana (SCM), con un centenar de fotografías que seleccionó con su pareja María Luisa Passarge.
Cartografía de la memoria, que abrió al público el sábado 28 de marzo en la Galería 526 del SCM, en avenida Presidente Masaryk, vecina a la embajada de Cuba, en Polanco, celebra 60 años de trayectoria de Cuéllar e incluye muchas imágenes de su primer libro, Huellas de una presencia (1982).
“Híjole, son más de 40 años de que se publicó el libro”, apunta el artista y colaborador en diarios como La Jornada, mientras aclara que en la muestra en el Seminario no se verá a un Cuéllar “desconocido”, pero advierte que también muchas imágenes en la exposición no se han visto porque “las nuevas generaciones ya no conocen qué es la fotografía analógica”.
—¿Cómo les explicaría la diferencia entre ambos mundos: el analógico y el digital?
—La diferencia es sustancial en el sentido de que quien hace fotografía analógica tiene como más tiempo de reflexión, de analizar, buscar la composición, ver la luz al encuadrar. Lo que se hace ahora con lo digital ya no más se oprimen los dedos, inclusive ya no se pone la mirada, ya nomás se alza la mano sobre las cabezas de las personas y se hacen fotografías.
—¿Qué se pierde en creatividad y en estética con la foto digital en comparación con la analógica?
—En mi caso es el tiempo de observar, de analizar qué es lo que me emociona. Si me emociona a mí para captarlo, la pretensión es que también a los espectadores de la imagen, de la exposición. Porque toda imagen es un texto, tiene su gramática, su sintaxis gramatical inherente a la fotografía, que es encuadre, contraste, ángulo, perspectivas, y en el caso de blanco y negro se enfatiza más. Esto es la diferencia sustancial. Con lo digital se hacen cosas sorprendentes. Con la inteligencia artificial crean imágenes a la manera de Sebastião Salgado, de Henri Cartier-Bresson… O sea, se están creando imágenes ficticias, basadas en los archivos digitales y todos los algoritmos que existen.
—¿Y a usted qué le parece ese mundo digital?
—Es muy lejano para mí; de hecho, no sé manejarlo. Sí uso cámaras digitales para proyectos periodísticos y demás, pero no utilizo ni Lightroom ni PhotoShop y demás, porque no lo sé usar y no me interesa.
—¿Cómo llega su exposición al Seminario de Cultura Mexicana? ¿Cómo es su relación con ellos?
—No pertenezco al Seminario, sería un privilegio. Hay que hacer una labor más de investigación, de trabajo, planeando difusión y demás. Lo que sí me gustaría es que a sus diferentes corresponsalías se llevara itinerante esta exposición. Sería un gran privilegio, como es el privilegio de exponer en este maravilloso espacio que el arquitecto Felipe Leal remodeló. Ha sido una de las galerías más importantes de Ciudad de México, donde han expuesto grandes artistas: Arnaldo Coen, Vicente Rojo, Gustavo Pérez, Gabriel Macotela, Knut Pani, las hermanas Tolita y María Figueroa y María… Es un espacio muy solicitado y la museografía que hacen ahí es de un profesionalismo maravilloso. Para María Luisa y para mí, la curadora de esta exposición, es un gran privilegio exponer en el Seminario.

—Creo que a la mayoría de estos artistas que menciona, si no a todos, usted los ha retratado.
—Exactamente, sí, creo que a todos los he fotografiado. También a Gabriel Ramírez y a Gilberto Aceves Navarro, son la generación de ruptura, son los grandes maestros a los cuales he tenido el privilegio de conocer, de fotografiarlos y crear grandes lazos de amistad.
—Y ¿cuál es el leitmotiv de Cartografía de la memoria? Ahora no hay retratos de celebridades.
—El privilegio es que conté con la curaduría de María Luisa, que es mi compañera, y su mirada exigente. Siempre me insistió que lo que se conoce más de mi trabajo es el retrato de los creadores contemporáneos, el desnudo masculino, el femenino, fotoperiodismo, reportajes gráficos y demás. Y ahora la idea es ver mi fotografía más personal, una mirada más reflexiva, imágenes que no son estridentes y no son silenciosas, ese es el leitmotiv.
—Hay mucho de vida cotidiana en esta exposición. Un género que desapareció de los periódicos.
—Pues sí, son 57 años de caminar, que es una de mis actividades preferidas: adonde voy dentro del cuerpo de los diferentes proyectos de trabajo, procuro salir y caminar y registrar lo que me encuentro, lo que me emociona. Vamos a ver muchas fotografías de lo que era el Distrito Federal, antes que fuera CDMX, que es una ciudad que amo y que he recorrido y que conozco y siempre descubro nuevos temas para fotografiar.
—CdMx fue una invención de Miguel Ángel Mancera. Es Ciudad de México, nomás.
—Exacto.
—Su carrera se inició en 1967. ¿Hasta cuándo se remonta esta Cartografía de la memoria?
—A 1967, 68, 69. Son de mis inicios dentro de mi actividad como fotógrafo.
—¿Recuerda la primera fotografía que tomó?
—Es una serie de fotografías de cuando iba a la Prepa 5 de la UNAM en Coapa, que eran establos, campos de alfalfa y vacas. Ahí comencé a hacer mis primeras fotografías.
—¿Qué espera que la exposición le diga de usted como fotógrafo de esta ciudad al espectador?
—Pues que son imágenes silenciosas y en contraparte de lo que procuro hacer en el retrato fotográfico, que busco la mirada de quien estoy fotografiando. En este caso son imágenes en donde hay muchos personajes de espalda, muchos anónimos, quizá nada más el fragmento de una sombra de ese personaje. Entonces, sí hay una evocación y creo que hay un poco unas reminiscencias de un universo rufiano de Pedro Páramo, de todos estos de mis andares por los diferentes estados de la República Mexicana y del extranjero. Sí hay esa búsqueda, la huella, la presencia del ser humano en el entorno. Eso.
—En el cine mexicano está volviendo el blanco y negro, en parte como homenaje a la época de oro, de antes de la década de los 50. Y también en el cine internacional. ¿Qué le dice el blanco y negro y por qué el blanco y negro se inserta todavía en este mundo de colores hasta inventados?
—El blanco y negro es una síntesis del color; entonces, tiene más fuerza. Y lo dijo muy bien Octavio Paz, hablando de las fotografías de Manuel Álvarez Bravo: que la fotografía es más real en blanco y negro, que la realidad captada es más real, tiene más fuerza y fuerza poética. El blanco y negro es una síntesis de la luz, desde el negro hasta el blanco más puro, pasando por la gama de los diferentes grises.
—Cartografía de la memoria son sólo fotos en blanco y negro. ¿Qué es esta exposición para usted?
—Es un mapa de todos mis recorridos, de mis memorias. Esta es una reflexión que hizo la maestra María Luisa Passarge sobre mi trabajo. Y de ahí el título.
📸Rogelio Cuéllar ha contado la vida de México en blanco y negro. Personajes como Elena Garro, Gabriel García Márquez, @EPoniatowska, Juan Rulfo, Octavio Paz o Natalia Toledo han pasado por su lente.
El fotógrafo estará #hoy en @casulunam para inaugurar la #exposición “Retratos… pic.twitter.com/HyVWHJ49WD
— CulturaUNAM (@CulturaUNAM) September 6, 2025
—Con casi 60 años de tomar fotos en su mayoría de Otros, ¿quién es Rogelio Cuéllar?
—Alguien al que le gusta salir a caminar y sorprenderme con la vida cotidiana, todavía me emociona mucho eso. Hay mucho mundo por descubrir en fotografía.
—Y usted que es maestro del retrato, que ha capturado con su cámara a muchísimos artistas. ¿qué opina de los selfis?
—No me gusta hacerme selfis; inclusive con la cámara, con el teléfono, me salen las fotos desenfocadas. Pero lo que sí sigo haciendo es autorretrato, es otro concepto. El autorretrato, estructurado, demás, es muy importante, eso sí lo he hecho desde mis inicios.
—Pues hay quien cree que los autorretratos de grandes artistas como Durero, Leonardo, etcétera, son las primeras selfis.
—Autorretratos sí; selfis no. Ahora sí voy a hacer un cartel y voy a marchar: “Autorretrato sí; selfis no”.


