John Fogerty Creedence Clearwater mexico concierto

¿Quién detendrá la lluvia? John Fogerty versus Tláloc

En una noche nublada salieron Shane y Tyler como presagio genético de que llegaba el patriarca que arrancaría su concierto a contracorriente con “Bad Moon Rising”

Los aguaceros, las inundaciones no paraban en Ciudad de México desde semanas atrás. Tláloc se ensañaba con la capital, a tal grado que la gente preguntaba: ¿Quién detendrá la lluvia? Tuvo que llegar un chico de California de 80 años, la leyenda de El Cerrito, John Fogerty, para pararla un par de horas.

Creedence versus Tláloc, con uno de los conciertos más entrañables y mágicos que se han escuchado en el Auditorio Nacional. “Pura nostalgia”, decían los villamelones para justificar su ausencia. “No es Creedence, nomás es Fogerty”, parloteaban quienes ignoran que Creedence Clearwater Revival nació de las canciones del menor de los hermanos Fogerty, que, sin haber estado jamás antes en los pantanos del Mississippi, inventó su sonido. Quienes no saben que la banda se disolvió en sus aguas profundas desde 1972 y que lo que escuchan todavía, más de medio siglo después, es su inmortalidad, nomás eso.

John Fogerty Creedence Clearwater legado concierto
Foto: José Juan de Ávila

Quienes agotaron los boletos del lunes 29 de septiembre eran fans, 4 o 5 generaciones de fans, porque quien hoy escucha por primera vez la voz aguardentosa de John Fogerty, aguda, pero con cierta dulzura rural, estrenó y entrenó oídos, su buen gusto musical, con los hermanos mayores, los padres, los abuelos y quizá más atrás. John Fogerty gestó con el Creedence Clearwater Revival original, el único, su primer disco de nombre Creedence Clearwater Revival en 1967, cuando al otro lado del Atlántico una banda británica llegaba y llevaba al clímax al rock con Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band.

Al año siguiente, ese 1968 de matanzas en Tlatelolco y movimientos estudiantiles, nació la leyenda –con los hermanos John y Tom Fogerty, acompañados por Stu Cook y Doug Clifford– que inventó la música del sur profundo de Estados Unidos, de los chicos de California o de Lousiana por igual, con canciones poéticas que criticaban la guerra de Vietnam o por qué se era afortunado por no ir al servicio militar, cuyas ilusiones se empañaban con las mentiras de los políticos que les abrumaban como lluvia.

Era el Creedence Clearwater Revival que puso música a las novelas de Mark Twain y William Faulkner, que fue la banda sonora de la Música para camaleones y de A sangre fría de Truman Capote. Que contó cuentos en La cabaña del tío Tom y corrió mundo con Tom Sawyer y Huckleberry Finn.

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Mike Morgan

Era el Creedence Clearwater Revival que explica con música el Vietnam y el imperialismo yanqui de película, de Francis Ford Coppola a Oliver Stone… Y que corrió con Forrest Gump y el teniente Dan.

El concierto para algunos, entre ellos el de la voz, empezó con una conferencia de prensa matutina, en la que el líder, vocalista, guitarrista y armónica del Creedence presentó a sus hijos Shane y Tyler, quienes también iban a acompañarlo en la velada, con un par de incursiones de su otra hija, Kelsy.

Ahí, en el hotel Camino Real, un camino real para una auténtica realeza de la música clásica del rock, su majestad John Fogerty, vestido con pantalón de mezclilla, camisa roja a cuadros, de campesino estadunidense de Iowa, paliacate al cuello y botines, casi tuvo que pedir perdón a periodistas por no haber regresado a México desde su primer único concierto en 2006, también en el Auditorio Nacional.

Ahí, su majestad Fogerty explicó a sus súbditos que no podía venir a México a cantar porque estaban en disputa los derechos legales de las canciones que compuso. “Pero ya estoy aquí”, dijo, “Gracias a mi hermosa esposa Julie, quien recuperó esos derechos para que hoy pueda regresar a traerles mi legado”.

Y legado se llamó el concierto, Legacy, que antes fue un álbum que lanzó apenas este año, con arreglos de sí mismo, para que esa música inmortal e inmaculada de finales de los 60 y principios de los 70, rompa de nuevo los caparazones de los mortales con la voz de John Fogerty y las guitarras de sus hijos.

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Foto: Juan Carlos Aguilar

La vida dejó de estar en otra parte en el Auditorio Nacional a las 21:05 horas. Un video corrió con un fantasma entrevistando a John Fogerty, que contaba la hazaña de su esposa por recuperar los derechos.

Y en una noche nublada, pero sin luna ni lluvia desde la madrugada cuando volvió a caer aguacero en Ciudad de México, salieron Shane y Tyler como presagio genético de que llegaba el patriarca que, para no variar, arrancaría su concierto a contracorriente y en esa noche sin luna abrió con “Bad Moon Rising”.

Sí, esa “Bad Moon Rising” de la que en la segunda temporada de Merlina o Wednesday que encarna Jenna Ortega, los alumnos de la escuela de marginados Nevermore, ese homenaje de Tim Burton a Edgar Alan Poe y a Charles Addams, cantan un hermoso cover alrededor de una fogata en el bosque.

Lo que siguió se llama Historia. Era como cuando uno lee por primera vez el libro de cuentos Final de Juego y piensa que es una antología de Julio Cortázar, una selección de lo mejor, pero no, es una obra.

Los Fogerty, porque ahora Creedence volvió a ser una banda familiar, tocaron 21 canciones, una antología de los mejor de la historia del rock: Up Around The Bend, Green River, Born on the Bayou, Who’ll Stop the Rain, Lookin’ Out my Back Door, Rock and Roll Girls, Lodi, Run Thru the Jungle, Joy of my Life, Fight Fire, Hey Tonight, Long as I Can See the Light, Keep on Chooglin’, Have you Ever Seen the Rain, Cotton Fields, Down on the Corner, Old Man Down Road, Fortunate Son, Travelin’ Band y Proud Mary. Sólo estas. Nadie aplaudió despúes para pedir más. Nadie gritó: Otra, otra, otra.

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John Fogerty Creedence Clearwater legado concierto
Foto: Juan Carlos Aguilar

El Legado había sido entregado. Y aunque Fogerty se puso romántico al cantar Joy of my Life a su esposa Julie, con la que estaba cumpliendo 34 años de matrimonio, mientras a sus espaldas se proyectaba un video con fotos en blanco y negro y color de su majestad con la mujer detrás del trono, desde su fiesta de boda hasta viajes por todo el mundo, incluyendo Tijuana, donde ambos van trepados en una calandria folclórica, el concierto no fue nada inocente, era otra protesta más contra las guerras.

En la rueda de prensa matutita, John Fogerty había dicho que no hablaría mucho de política pero apuntó que no estaba de acuerdo con la política del presidente de Estados Unidos Donald Trump, del que dijo que le faltaba empatía con la humanidad, que le faltaba humanidad misma al jerarca belicoso.

En el concierto, varias de sus canciones, concebidas durante la guerra de Vietnam o la invasión a Camboya, cuando Fogerty fue obligado a hacer el servicio militar mientras los hijos de políticos vivían tranquilos en Estados Unidos, y él furioso compuso el himno contra el reclutamiento militar forzado, como es Fortunate Son, atrás, mientras él refrendaba su activismo, se proyectaban imágenes de guerras.

El sonido bayou es una es una guerra contra la guerra. Es un himno de paz que nació en los pantanos, es una oración como la que Fogerty cantó en Lodi, para mostrar dónde la humanidad perdió el camino.

“Estoy muy feliz. ¡Ciudad de México, hola!”, gritó el humanista nacido el 28 de mayo de 1945, en vísperas del fin de la Segunda Guerra Mundial, en un pueblo que es también una universidad, Berkeley.

Prometió volver más seguido a México

Antes de cantar Have You Ever Seen the Rain, esa canción por la que le preguntaban los periodistas patrióticos sobre su conexión con Juan Gabriel, quien poco antes de morir la encumbró en un cover en español llamado Gracias al sol, Fogerty contó la historia de su guitarra Rickenbacker de 1969, de cómo tocó con ella esa canción en el festival de Woodstock, de cómo la regaló a un niño cuando Creedence se rompió en 1972 y de cómo su esposa Julie, cuatro décadas después de andar buscándola, la encontró, la compró otra vez y se la regaló en una Navidad en que Fogerty la encontró bajo el árbol de Santa Clós.

Por eso John dedicó a Julie Joy of my Life, que Fogerty cantó mientras 10 mil almas en el Auditorio Nacional cantaban y sacaban todas sus celulares para iluminar aquella atmósfera con sus luciérnagas.

“No fueron abogados quienes me devolvieron mis canciones; fue Julie”, contaba orgulloso la leyenda.

Cuando presentó Have You Ever Seen the Rain, quizá sin saber de los aguaceros e inundaciones y de la batalla contra Tláloc que ganó a favor de Ciudad de México por unas horas, Fogerty dijo que todos en el Auditorio Nacional eran un arcoiris en su corazón y que esa canción también encerraba un arcoiris.

Y antes de poner al fin al concierto, John Fogerty se acercó una mesa con una botella de champaña. Se sirvió en una copa. Prometió volver más seguido a México. Y brindó, guitarra en ristre, por México.

¡Salud, su majestad Fogerty! Por México también.

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