Nueva York. Son días de Patti Smith en Manhattan: sus dos conciertos, 21 y 22 de noviembre, en el teatro Beacon, y la publicación de un nuevo libro autobiográfico, Bread of Angels, la hacen presente en los medios locales y redes por estos días. Así pues, el lugar donde se debía estar la noche del pasado día 21 era el Beacon, en Broadway y la Calle 75, para asistir al concierto conmemorativo del 50 aniversario de su primer disco, el histórico Horses.
La cantante y poeta del punk rock, hoy de 78 años, se encuentra de gira por Europa y Estados Unidos, pero el sitio para verla ejecutar su gran clásico es aquí, Nueva York, la ciudad que la hizo y la deshizo, adonde emigró a los 19 años desde Detroit tras dar en adopción un bebé accidental; una chica enfermiza y rara del midwest, que, al descubrir la poesía de Arthur Rimbaud y de Bob Dylan, la pintura de Pablo Picasso y de Diego Rivera, se le metió a la cabeza ser artista.

Y así fue: en los años 70, Patti vino, vio y conquistó con su estilazo andrógino el downtown de Manhattan; empezó dando recitales de su poesía beat en la iglesia Saint Mark’s; fue añadiendo, primero, las distorsiones de la guitarra eléctrica de su amigo Lenny Kaye, y luego piano, bajo, batería; aprendió (un poquito) a cantar; el experimento se llamó The Patti Smith Band, el performance poético de avant-garde pasó a ser recital de rocanrol puro y duro; pronto, el grupo alternaba en antros legendarios del punk, como el BCGB, junto a grupos como Television, del guitarrista Tom Verlaine, muerto en 1994, amigo de Patti y quien será cuestión en varios momentos del concierto.
Aquella mismaPatti Smith Band, menos dos miembros originales ya fenecidos, vuelve por sus fueros, medio siglo después del explosivo debut discográfico que fue Horses, en noviembre de 1975, para celebrarlo. No es para menos: Patti le debe todo a su magnum opus, cumbre inalcanzable, nunca hizo algo mejor o más importante; lo demás (otros diez discos, libros de poesía y memorias, fotografías, dibujos, instalaciones, activismo social) casi podría decirse que sale sobrando. Horses dio a Patti la imagen que la persigue (ver la hoy tan famosa fotografía tomada por su amigo y cómplice Robert Mapplethorpe en la portada) y también su sonido distintivo, una contribución del productor del LP, John Cale, ex integrante del Velvet Underground.
Es para Horses, sobre todas las cosas, la larga y clamorosa ovación que recibe a Patti nada más salir al escenario del Beacon: antes de tocar una nota, ha triunfado, queda claro que viene a predicar ante fieles que la adoran, en su mayoría, como ella, pertenecientes a la tercera edad avanzada, seguramente entre ellos algunos que la vieron en el BCBG hace medio siglo.
Ready for two sold out nights at the Beacon with Patti Smith for the 50th anniversary of 𝘏𝘰𝘳𝘴𝘦𝘴 🐎🖤 pic.twitter.com/SuOalnoVMJ
— Beacon Theatre (@BeaconTheatre) November 21, 2025
En la primera parte del concierto, ante el público entregado, Patti canta Horses en su integralidad, desde “Gloria (In Excelsis Deo)”, que es la primera canción del lado A, hasta “Elegy”, que cierra el lado B en tono de réquiem, pasando por “Break it Up”, “Birdland”, “Redondo Beach”… las ocho canciones en total, que juntas forman ese extraño bouquet poético/religioso/musical que es el álbum.
Con eso bastaba para la noche, pero habría más: una segunda parte en la que Patti Smith y su grupo regalaron al respetable otras tonadas conocidas de su repertorio, como “Dancing Bare foot”, “Because the Night”, coescrita con Bruce Springsteen, o “Rock and roll Star”, original de The Byrds.
En el intermedio, entre lado A y lado B de Horses, Patti toma un descanso, pero el grupo permanece en escena para un jam
En la batería, el otro sobreviviente de la primera banda, Jay Lee Dougherty, mientras que en los teclados está Tony Shanahan, miembro del grupo por más de veinte años. Mención especial para Jackson Smith, hijo de Patti, en el bajo y la guitarra, ¡excelente músico!, y de su hija, Jesse Paris Smith, que se unió en teclados para el segundo encore.

Jesse y Justin son los dos seres que procreó con su esposo, muerto en 1994, el guitarrista Fred Sonic Smith, fundador de MC5, gran grupo pionero del punk de Detroit, y a quien Patti siempre dedica un pensamiento en sus actuaciones. ¡Un gran momento generacional de rocanrol! Y gran momento de nostalgia para los viejitos presentes en el Beacon, porque de eso se trata esta noche, de pura nostalgia baby boomer, por los años idos, con esta música fantástica. ¿Qué más nos queda?
Muchos los viejos en el teatro pueden recordar aquel 1975, cuando de la nada pegó con la fuerza de un meteorito en el planeta rock, entonces dominado por la grandilocuencia del rock progresivo, el disco Horses de una tal Patti Smith y su garage band. No se había oído algo así antes, ni se oirá después. Se abría una nueva era en el rock: a dos años de que surgieran los Sex Pistols y la ola del primer punk británico, Patti ya daba clases en la materia, llegaba a poner orden, con el Jesús en la boca.
Fue, literalmente, una epifanía, como si Jim Morrison y Janis Joplin hubiesen tenido una hija loca: Gloria In Excelsis… Smith no era cualquier roquera, sino una artiste, influida por la poesía simbolista francesa, la escritura automática, el flujo de la conciencia y cosas por el estilo, a veces ni ella se lo creía, pero pegó y ahí sigue, citando a Rimbaud cada que puede.

Patti Smith: la cantante y poeta del punk rock
Otras veces, se olvidaba de cantar y empezaba a delirar sus textos poéticos, y lo sigue haciendo, como en “Piss Factory”, otro gran momento, el más ruidoso, del concierto. Cuando se aplicaba en el ritmo, como lo hizo con creces esta noche en el Beacon, hacía que la concurrencia bailara el watusi, el twist o un buen rocanrol galopando al estilo de “Go Johnny go!”, una verdadera estampida.
Patti se despidió del público neoyorquino con su emblemática “People Have the Power”, una de las últimas canciones que compuso con Sonic, un himno al empoderamiento colectivo —“People have the power to redeem the work of fools!”— que, dada la situación política en su país, se convirtió en una manifestación antisistema, con todo y el “mother fucker” de Patti a Donald Trump: “el pueblo tiene el poder de redimir la obra de los tontos”, canta Patti, no perdamos la esperanza. ¡Gloria In Excelsis a Patti Smith y su banda en el cincuenta aniversario de Horses!
