Si, es la interlocutora más confiable y asombrosamente gentil. Resulta muy fácil habituarse a que una herramienta de IA de vuelva confidente, mentora, guía, socia, amiga… pero simultáneamente emerge una rivalidad silente y cada vez más avasalladora y potencialmente peligrosa.
Existen vulnerabilidades más profundas relacionadas con la GenAI mientras abundan seminarios web, artículos de opinión de LinkedIn, videos de formación, entradas de blog… Cuando la información llega más rápido de lo que se puede procesar, genera caos e incertidumbre. Nos adentra en un laberinto en el que abundan datos, perspectivas enriquecedoras, contradicciones… también desinformación, sesgos, alucinaciones y un clamor insistente de supervisión humana.
Se requiere verificar, corregir y asumir la responsabilidad del contenido generado por la IA, garantizar palabra por palabra que el contenido y las decisiones reflejen la diversidad, equidad e inclusión. Velar por un contenido que a momentos parece emerger solo, descontextualizado, sin propósito ni guía.
Y es aquí donde los esfuerzos humanos pasan desapercibidos, cuando la curaduría del contenido se desdeña, cuando la mente humana parece invisibilizarse…el trabajo aumenta, pero también la frustración a penas disimulada del no reconocimiento.
Quienes trabajamos con palabras, creamos historias, damos forma a las narrativas y aprovechamos nuestra experiencia, hoy enfrentamos la creciente presencia de la GenAI que puede difuminar las líneas en torno a la autoría y reducir el valor visible de las aportaciones humanas.
De repente nos acompleja que nuestras ideas y perspectivas se reduzcan a un caudal automático de prompts, que cese nuestra percepción y la genuina sorpresa ante nuestra realidad y entorno.
Cuando la tecnología toca las funciones básicas de una profesión, en particular las tareas que involucran la creación de contenido y la generación de ideas, desafían profundamente nuestras identidades profesionales. Así, no es “alfabetización” lo que requerimos, es paliar la falta de empoderamiento ante la ritualización de nuestro propósito de vida en aras de la productividad automatizada, ciega, sin propósitos ni voz propia.
La GenAI puede difuminar las líneas en torno a la autoría
Al invisibilizar el trabajo humano, se fomenta un profundo sentido de vulnerabilidad e inseguridad, no solo sobre el empleo, sino también sobre el significado y el propósito que inicialmente los inspiró a seguir una carrera y abrazar un oficio.
La verdadera capacitación no está en mostrarnos las posibilidades de la IA, sino en comprender que las habilidades eminentemente humanas siempre nos permitirán crear un sentido más allá de la inmediatez. Serán parte fundamental de lo que hacemos, de un propósito y de una verdad que va más allá de una comprensión tecnológica y banal.
La IA es una realidad con la que habremos de sortear ahora nuevas expectativas y creación de futuro. Pero no sustituirá nuestra capacidad de crear, imaginar e incidir en distintos entornos. Con esa comprensión podemos amar las herramientas de IA y apaciguar el peligro latente a lo desconocido, el temor a la despersonalización y caída al vacío que a veces nos mira de manera acuciante.
OpenAI DevDay
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