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Leonora Carrington y Lee Miller: reencuentro en París

Dos retrospectivas que se dan la mano de dos feministas adelantadas en todo a su época, «libres», en efecto, y en el sentido más amplio de la palabra, «soberanas»

París. La pintora anglo-mexicana Leonora Carrington (1917-2011) y la fotógrafa estadunidense Lee Miller (1907-1977) se reencuentran en París, casi 90 años después de haberse conocido, en 1937, cuando las dos eran parte del grupo surrealista, en dos grandes exposiciones: la simplemente titulada Leonora Carrington, en el Museo de Luxemburgo (del 18 de febrero al 19 de julio), y Lee Miller: Femme libre et photographe (“Mujer libre y fotógrafa”), en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de París (del 10 de abril al 2 de agosto).

Dos retrospectivas que se dan la mano de dos feministas adelantadas en todo a su época, “libres”, en efecto, y en el sentido más amplio de la palabra, “soberanas”, por usar la palabrita de moda.

Las vidas de Elizabeth (Lee) y Leonora se cruzaron sólo un par de años, entre 1937 y 1939, cuando formaban parte del grupo de artistas del movimiento surrealista. Estaban en el centro de la acción: Leonora ya era una artista consolidada y entonces amante del pintor alemán surrealista Max Ernst, a quien conoció en junio de 1937 en una cena de amigos en común, en Londres; de inmediato se enamoraron, un amour fou, como dicen aquí.

Leonora Carrington y Lee Miller: encuentro en París
« La tentación de San Antonio », Leonora Carrington, 1945. Foto: Miguel Barberena

Lee Miller, que también ya era reconocida como fotógrafa de moda y de arte, había terminado en 1932 su relación de amante, alumna y musa del también fotógrafo Man Ray, otro de los popes del movimiento surrealista. Realizaron a cuatro manos una serie de fotografías de tono sadomasoquista (Lee sujetada por Man por un collar de perro) realmente pervertidas.

Después de su relación con Man Ray, Lee se casó con el millonario egipcio Aziz Eloui Bey, de quien se divorció luego de tres años, para unirse al artista y crítico de arte Ronald Penrose, a quien conoció también en 1937, y con quien pasó el resto de su vida.

Carrington y Miller se conocieron ese annus mirabilis de 1937 en Lamb Creek, la granja del hermano de Roland Penrose, en Cornualles, al extremo suroeste de Inglaterra. Penrose quiso organizar una especie de “retiro creativo” para surrealistas. Leonora y Ernst aceptaron la convocatoria. Andaban huyendo, literalmente, del aristocrático, acaudalado y muy conservador padre de Leonora, Harold Carrington, opuesto a la carrera de artista de su hija, y más todavía a la relación amorosa con Ernst, un hombre 16 años mayor, además casado con Marie-Berthe Aureche, otra de las musas surrealistas (y quien después casó con Chaim Soutine, gran pintor modernista).

El señor Carrington hizo emitir una orden de arresto y expulsión contra el artista alemán, por delito de pornografía, refiriéndose tal vez a los desnudos, en fotografía y pintura, que Ernst había hecho de su hija.

Leonora Carrington y Lee Miller: encuentro en París
Leonora Carrington, “Artes 110”, 1944. Foto: Miguel Barberena

Al summer camp surrealista en Lamb creek llegó de París Lee Miller, quien se enamoró de inmediato de Penrose, en compañía de Paul Éluard y su nueva musa, Nusch (la anterior, Gala, se había ido con Salvador Dalí). Se apareció además Man Ray (el ex de Miller) y su amante de esos años, la espectacular bailarina y modelo criolla Ady Fidelin. Por ahí igualmente estuvieron el escultor Henry Moore, el historiador Herbert Read, el artista belga E. L. T. Mesens, muy amigo de René Magritte, así como la fotógrafa Eileen Agar y su esposo, el joyero húngaro Joseph Bard: tutti quanti!

De esos días hedonistas y libertinos, de sex, sea and sun en Cornualles, provienen varias fotografías famosas de ese momento de la historia surrealista, como “Cuatro mujeres que duermen”, maravillosa fotografía que captó Ronald Penrose de Leonora, Lee Miller, Nusch Éluard y Ady Fidelin, un racimo de mujeres con ojos cerrados, o abiertos a la imaginación. También la famosa foto en la que Max Ernst acaricia los pechos desnudos de Leonora, tomada por Lee Miller. Ambas fotografías pueden verse en la exposición de Carrington en Luxemburgo.

Después de las semanas en Lamb Creek, Ernst y Leonora siguieron su amour fou en París, se instalaron primero en la rue Jacob, en Saint Germain-des-Près, adonde llegaban de visita Miller y otros de la banda surrealista, como Remedios Varo y Benjamin Péret, Picasso y Dora Maar, Joan Miró, Dalí y Gala, Jean Cocteau, el poeta André Breton, fundador del movimiento surrealista en 1924, y el poeta y diplomático mexicano Renato Leduc, tan importante después en la vida de Leonora.

Dans la Fondation Cartier, Paris pic.twitter.com/mO1iqS5yW5

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— Misha Barber (@mibarberini) April 29, 2026

Max y Leonora se mudaron a una casa al sur de Francia, en Saint-Martin d’ Ardèche, que convirtieron en una auténtica instalación artística y nuevo punto de reunión del grupo surrealista de Lamb Creek, y otros más, como Leonor Fini y Tristan Tzara. No lejos, en la misma región provenzal, en el pueblo de Mougins, vivían Pablo Picasso, quien acababa de pintar su Guernica, y Dora Maar, otra pareja que, en ese último verano antes de la Segunda Guerra, se integró a las formadas por Leonora y Max, Man y Ady, Paul y Nusch, así como Roland y Lee.

Fue en Saint-Martin d’Ardéche, en 1939, donde tomó Miller la que es quizás la mejor foto de Leonora, un retrato en blanco y negro que capta toda la belleza y el misterio de la modelo. La imagen sirve de presentación a la muestra de Carrington en el museo de Luxemburgo: se exhibe de gran formato en el vestíbulo del recinto y también se encuentra, en su tiraje y tamaño original, en la retrospectiva de Lee Miller en el Museo de Arte Moderno. Una fotografía histórica, Lee y Leo juntas.

Nada las predisponía a una carrera en las artes, menos aún a conocerse y hacerse amigas: la aristócrata inglesa y la “niña bien” neoyorquina eran muy hermosas (Lee incluso fue modelo para la revista Vogue) y de familias adineradas, pero ambas salieron rebeldes, excéntricas, anticonvencionales, talentosas, y dieron la espalda a sus privilegiados orígenes.

Leonora Carrington y Lee Miller: encuentro en París
Leonora Carrington y Max Ernst, en una foto de Lee Miller (1937). Foto: Miguel Barberena

El estallido de la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1939, cambió radicalmente las vidas de las dos mujeres. Max Ernst, ciudadano alemán, fue hecho preso y enviado a un campo de internamiento. Ante la ocupación nazi de Francia, Leonora huyó hacia España, donde fue violada por un grupo de paramilitares, lo que le provocó un colapso psicótico. Su padre optó por internarla en un hospital psiquiátrico en Santander, donde le aplicaron tratamientos de electroshocks y fármacos. El señor Carrington quería enviarla a otro siquiátrico, en África del Sur, pero Leonora logró huir de Europa gracias al apoyo de Renato Leduc, con quien se casó en Madrid, en 1941.

De Lisboa partieron en barco a Nueva York, y de ahí a México, donde la pareja arribó en 1942 para instalarse en la calle de Artes 110, título que dio a uno de los primeros cuadros que pintó en su nuevo país, y uno de los más emblemáticos de la exhibición, una pintura que, me parece, representa este periodo de extrañeza y desorientación en México: una figura femenina suspendida entre varios mundos, tal como la Bella Durmiente, vuela entre paisajes oníricos hacia una rueca de hilar. Es el viaje iniciático, el despertar de la heroína que toma conciencia de su pasado y de su cartografía interior.

En México, el país surrealista por excelencia, según Breton, Leonora se reencontró con varios de sus amigos europeos exiliados: los pintores Wolfgang Paalen y su pareja, Alice Rahon; Kati y José Horna, Remedios Varo y Benjamin Péret; de hecho, por conducto de éstos conoció al fotógrafo húngaro Emerico Chiki Weisz.

Leonora Carrington y Lee Miller: encuentro en París
Man Ray y Lee Miller : « Lee con collar », 1930 Foto: Miguel Barberena

Leonora se divorció de Renato Leduc en 1944 y dos años después contrajo matrimonio con Weisz. Tuvieron dos hijos, Gabriel y Pablo. La maternidad fue otra fuente de inspiración para ella e introduce en su obra una concepción singular de lo maravilloso, de su propia metamorfosis, de la condición femenina. En México prosiguió por el camino del surrealismo, pero se emancipó progresivamente para construir su universo, personal, que le conocemos tan bien en Mexico, a “nuestra” Leonora de la colonia Roma y que se expone en todo su esplendor en Luxemburgo.

Carrington y Miller se conocieron ese annus mirabilis de 1937

Por su parte, Lee Miller decidió permanecer en Europa tras el inicio de la guerra. Se encontraba con Ronald Penrose en el sur de Francia cuando empezaron las hostilidades y juntos regresaron Londres. Lee se acreditó como fotógrafa voluntaria de la revista Vogue; sus fotos de alta moda en el Londres del blitz, una ciudad mitad en ruinas, son magníficas. En 1942 se hizo acreditar como corresponsal de guerra y cubrió con su lente la liberación de Europa, también para Vogue, siguiendo al ejército de Estados Unidos.

La fotografía de Lee bañándose en la tina de Hitler, en la casa del dictador en Múnich, tomada por su colega David Scherman, es famosísima. Lo son también sus tremendas fotos de la liberación de los campos de concentración de Buchenwald y Dachau. La atroz experiencia provocó en Lee lo que hoy se llamaría “trastorno de estrés postraumático”.

Leonora Carrington y Lee Miller: encuentro en París
Lee Miller en la tina de Adolf Hitler. Foto de David Scherman, Munich, 1945. Foto: Miguel Barberena

En 1946 volvió a Londres, era ya una fotorreportera famosa, pero tanto física como emocionalmente la experiencia bélica la afectó notablemente. Se casó con Penrose en 1947 y se fueron a vivir a Farley Farm, en Sussex, donde Lee tuvo a su hijo, Anthony, y se dedicó mayormente a la cocina gourmet, semirretirada de la fotografía. Tomaba fotos de los amigos que la visitaban en Farley Farm, y poco más.

Su creatividad la dirigió hacia la gastronomía: columnas del tema en Vogue y en House and Garden. Publicó libros con sus recetas y sus ideas de arreglos de mesa. Nunca más vio a Leonora. Ignoro si existe correspondencia entre ellas o si las dos amigas surrealistas se llamaban por teléfono.

Ambas siguen vivas en el imaginario popular, como en la taquillera película Lee (2023), producida y estelarizada por Kate Winslet, o en el vestido que la cantante Madonna eligió ponerse en la pasada Met Gala de Nueva York, inspirado en el cuadro “La tentación de San Antonio” (1945), obra fantástica que está en la retrospectiva parisiense de Carrington.

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