Manjarrez, la tv y la cultura popular*
Decía José Emilio Pacheco que las telenovelas sustituyeron a la novelística de folletín del siglo XIX. No poca cosa, pero es el efecto de una nueva tecnología. Un proceso similar sucedió cuando la figura del diablo, que se transmitía con la tradición oral en la Europa medieval y después con los trazos de los pintores del Quattrocento, se popularizó de maneras diversas con el invento de la imprenta.

El siglo XX vio convivir la pintura y la imprenta con las novedades que fueron la fotografía y el cine, acogió la televisión y vio una explosión inimaginable con la computación. Ya qué les cuento sobre nuestro presente de internet e inteligencia artificial.
Pero en medio del desemboque de todo ese desarrollo, del que la cultura ha ido de la mano, sea con la pintura, sea con la literatura, sea con el cine, hoy asistimos a la prevalencia de formas de hacer, de crear, de comunicarnos y de expresarnos.
Como el arte se transforma al paso de su tiempo, puede perdurar como la obra de aquel vampiro artista de la novela La reina de los condenados, que atesoraba autorretratos con cada escuela que atestiguó por centurias, desde el tenebrismo de José de Rivera hasta el cubismo de Picasso.
Es en ese entorno en el que la televisión irrumpe el siglo pasado y va modelando personajes, discursos y lenguajes. Partiendo del hecho incontrovertible de que ese medio es, ante todo, espectáculo, su producción de estereotipos a partir de la cultura popular va fincando una industria que surte al espectador de formas de ser, de dinámicas sociales, de convivencias y de códigos que hoy son impensables en un programa, so pena de ser enjuiciado en el banquillo de los acusados del ciberespacio.
Por eso la recuperación que Jorge Flores Manjarrez ha emprendido para su mural Tv mexicana: íconos, sueños y pantallas, que hoy se inaugura en la tradicional estación San Lázaro del Metro capitalino que hoy nos acoge, es un acontecimiento que no puede pasar inadvertido. Sobre todo, porque los personajes elegidos para figurar en esta obra no sólo han representado la cultura popular nacional, pues provoca ecos inocultables en Estados Unidos y en toda Latinoamérica.
Recuperaba al principio a Pacheco, pero uno de sus contemporáneos, Carlos Monsiváis, se dio a la tarea más que ningún otro escritor mexicano a asomarse a ese valle de cuerpos y voces que modelaron de formas diversas nuestra sociedad, desde los charros cantores y héroes enmascarados hasta las abnegadas amas de casa e insufribles villanas, desde nuestro Drácula región cuatro hasta los programas de comedia, versión alternativa de la antigua carpa.
Manjarrez viene, como un servidor, de ese tiempo en el que predominaba una televisora, en el que la voz de sus conductores de noticias era ley y en el que una telenovela podía ser nota principal de programas y diarios.
Como creció con algunos personajes y otros los conoce por sus estudios históricos, desde el cine y la pintura hasta el teatro y la música, ha desplegado en un mural el retrato social de una época que nos mira desde el pasado y no se acaba de esfumar, pese a nuevas tecnologías y plataformas inimaginables hace apenas un decenio.
De la misma forma, el arte de Manjarrez prevalecerá.
Muchas gracias.
*Palabras en la inauguración del mural Tv Mexicana: íconos, sueños y pantallas, en la estación San Lázaro del Metro el 13 de agosto de 2025.
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