Hay que estar orgulloso de nuestras raíces, sí. Pero instrumentalizar la cultura es para dar vergüenza.
Y, al parecer, es algo que cada vez se hace más común en los círculos políticos mexicanos, especialmente en la esfera del poder.
En días pasados se llevaron a cabo dos ceremonias vinculadas a la instalación de la nueva Suprema Corte de Justicia de la Nación. En primer lugar, un acto de purificación de sus oficinas e instalaciones; posteriormente, un ritual de consagración de bastones de mando en la zona arqueológica de Cuicuilco, al sur de la Ciudad de México. Ambos eventos fueron privados.
En el mismo lugar, el investigador de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Felipe Ignacio Echenique March, expresó su rechazo a la realización del acto en un sitio arqueológico.

Posteriormente, el activista Joaquín Galván, en entrevista con Gabriela Warkentin, señaló que lo que se presenta como un ritual indígena en actos oficiales de la 4T es en realidad una construcción del Estado mexicano. Además, agregó que “el bastón de mando se ha convertido en un instrumento político y de control, al ser un concepto nuevo creado por el Estado de forma errónea”.
La instrumentalización de la cultura indígena se refiere al uso de elementos culturales indígenas por parte de terceros (como el Estado, empresas o individuos) para fines ajenos a la comunidad que los creó.
De tal manera que se ha dado una folclorización de estos elementos en beneficio de terceros. Se ha presentado como algo místico, diferente y para algunos hasta entretenido. Se han trivializado las ceremonias indígenas para beneplácito de algunos y para campaña política de otros. Lo peor… se han hasta inventados símbolos.
Si se busca visibilizar y dar el lugar que se merecen nuestra cultura y antepasados, ¿por qué no empezar con eliminar toda forma de discriminación y promover la justicia social y movilidad económica en las comunidades indígenas?
Cuando hablamos de su acceso a la educación, las cifras nos dejan helados. En términos de educación, la población hablante de una lengua indígena de 15 años y más alcanza el equivalente a la primaria completa. En ese mismo rango, el analfabetismo es drásticamente superior, con una tasa del 20.9 por ciento en comparación con quienes no hablan una lengua originaria.
Según cifras oficiales, 60.5 por ciento de la población indígena comienza su vida laboral a partir de los 12 años.
De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social en el Estudio Diagnóstico del Derecho a la Educación 2024, se detectó la marginalidad, el bajo desarrollo social y la pobreza que enfrentan los pueblos indígenas de México.
Entonces, ese es el bastón de mando que se debería promover. Educación para las juventudes indígenas y no instrumentalizar ceremonias para acumular más poder.
El bastón de mando simboliza justicia, guía, diálogo y servicio al pueblo. También representa la profunda diversidad que define a México. Hoy, la #NuevaSCJN tiene el compromiso de todas y todos: una Suprema Corte que escuche, proteja y represente a cada sector de la sociedad por… pic.twitter.com/u8glCTNVd8
— Suprema Corte (@SCJN) September 2, 2025