Están en cualquier parte, en cualquier franja, invisible o delimitada por una mesa de mármol o una de plástico que es testigo de la miseria mientras afuera un santo bebedor, un perro flaco o un gato sin ojo sueña con las sobras de comida o manjares de ese restaurante que sólo puede ver desde afuera, ¿desde dónde se ve mejor? ¿Desde adentro o desde el exterior? Como no lo sé, se los pregunto. La periferia son los vecinos de Cuba 11 aunque vivan en el Centro, porque se quedaron fuera de un “proyecto de remodelación”, “proyecto de recuperación del espacio”, “proyecto de mejoramiento” o el título que les reconforte, cuando la palabra real es: despojo. Cuando la situación real es: desplazamiento forzado, cuando el dolor y pesadilla la están viviendo desde la primera persona que aventaron a la calle como un objeto inservible, como si no se tratara de su patrimonio, como si el decir “tenemos otros planes para tu edificio” no se tratara de violencia sistémica.
Antes de que los muchachitos que organizan las marchas contra la gentrificación continúen desinformando: NO, señores y señoritas, NO, la pipa de la compañía Silza no venía para el Centro, no surte el Centro y no nos surtimos de las gaseras de Iztapalapa. Toda planta de gas es una especie de mafia, todos los repartidores de gas son un gremio, por ejemplo: Gas Regio entra al Centro y colonias aledañas como la Doctores, por eso no entra en colonias como La Joya. No ocupen la tragedia ocurrida en Iztapalapa para reevictimizar a los muertos y heridos, de paso a personas que NO son culpables, ni los “blanquitos” del downtown son culpables, ni los “prietos”, ni nadie de acá lo somos, enfrentamos nuestra propia problemática.
No faltaron los oportunistas del Feciba con su comunicado vacuo a decir que es importante hacer “cine desde el barrio” en medio de una tragedia. Estoy asqueada y muy enojada. ¿Quiénes son, dónde nacieron? ¿En qué benefician a una comunidad como Tepito, Centro y zonas aledañas? ¿Cuánto ganan y cuánto aportan de ese sueldo a las personas de la comunidad en la que arman sus proyectos?
Tristemente puedo decirles que es un programa social más que da atole con el dedo, que quiere “exotizar” y hacer extractivismo del más vil de historias “del barrio” que ni suyas son ni serán. Feciba y sus crew NO SON del Centro, ni son “del barrio”, cuando si bien tienen actitud de barriada, más no de barrio al aprovecharse de la tragedia, ¿quién les da fondos a este festival que emitió un penoso comunicado aprovechándose de la tragedia, les comenté, ¿cuál fue su respuesta? Bloquearme y eliminar mis comentrarios, nosotros no necesitamos su “dignificación de las periferias”, porque toda periferia es digna, ¿por qué y para qué existen realmente estos programas?
Preguntas clave. ¿Otras? Van: ¿por qué Ciudad Neza, por qué Iztapalapa y no en la colonia Del Valle o el Café Las Hormigas de la colonia Roña Pueblo Mágico? ¿Se creen gurús de la cultura? ¿Qué les pasa? ¿Creen que Neza necesita más un festival de cine que la Roma? ¿No les parece que Iztapalapa necesita más el agua que su esmirriada limosna que otorgan como “premios” a su “cine de barrio”? ¿Le quieren leer la mano a las gitanas y gitanos? LOL. También podríamos preguntarnos quién es Grupo Tomza. ¿Por qué el exceso de velocidad? Se sabe que en 2021 siete de sus pipas fueron aseguradas por robar gas LP, es decir, andar huachicoleando.
Las pipas NO venían para el Centro de la Ciudad de México, como se ha dicho. Si quieren encontrar culpables podrían rastrear la raíz de estas vilencias e irse a investigar todo el asunto a Tijuana o Ciudad Juárez. La periferia está en todas partes, en el local clausurado por la gentrificación y desplazamiento forzado y en el departamento de Polanco en el que la empleada doméstica trabaja sin horas extras, en la banqueta triste de Paseo de Virreyes que jamás ha visto un vagabundo tirado ahí, que le teme o le escupe y está también en el restaurante que exotiza, denigra y extractiviza a un tlacoyo que no es tlacoyo vendiéndolo en 150 pesos.
La periferia está en todas partes, en las colonias sin agua de una acera y en la otra acera tiene un edificio del cártel inmobiliario rebosando de agua. Es la piscina del Pedregal y el balneario popular en el que habitan hongos en intrépida alegría. Las periferias son una mujer paseando un perro en una carreola en el Palacio de Palacios y una madre en el trolebús a las 11:35 de la noche con un bebé amarrado en una tela, que no ha comido, porque la que debería ser su red de apoyo la abandonó violentándola probablemente antes de nacer. La periferia está en la cena de Navidad con pavo y en la cena de un plato de aire del migrante que camina la plaza Tolsá por las madrugadas para no ser visto. Todos ponemos un eslabón visible o invisible en la cadena de las periferias, aunque no queramos.