Variantes del crepúsculo

Leer ‘Variantes del crepúsculo’ es vivir en sinestesia*

La autora leyó este texto en la presentación del libro de Alfredo Campos Villeda en la FIL Coahuila 2021

Con un maravilloso prólogo del gran Jordi Soler, Alfredo Campos nos abre el apetito para leer Variantes del crepúsculo. Alfredo es un ser de múltiples facetas, con una cultura que envidio. Viaja con maestría del periodismo a la literatura —ya sean novelas, ensayos o biografías de autores—, de la pantalla grande al rock matizando sus prismas con el amor profundo hacia lo francófono.

Uniformado de fusilero, Alfredo nos regala —si me lo permiten—una “orgía”, la fiesta de gozo por las artes. Alfredo pone en papel un mundo Borgeano, irónicamente una Babel ordenada y es que casi como los hipertextos, nos llevan de dimensión en dimensión a diversos planos de temas, colores y notas.

Comparto con él varios amores: Dante y su Divina Comedia (nos decantamos por el infierno), Marguerite Yourcenar, la poesía, la gran Comedia Humana y Honoré de Balzac, el rock y los dioses de la guitarra.

Letras del papel al ciberespacio
Desde el primer texto, “Cortázar de juventud”, sabemos que quedaremos prisioneros de la manera de contar de Alfredo, de su sinceridad al relatarnos que, de entrada, prefirió los cuentos que la novela Rayuela de Cortázar. Con deleite traspasamos con él de la dimensión de la literatura a la cinematografía, bien lo leemos así con Anton Chéjov y su Dama del perrito y Ojos negros de Nikita Mijalkov. Nos habla de su colección de libros perturbadores: La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa; Ensayo sobre la ceguera del enorme José Saramago; Los cantos de Maldoror, de Lautréamont; Crimen y castigo, de Dostoievski; David Copperfield, de Charles Dickens.

Nos habla del acto elegido de leer, lo cito pasando por los ojos de Kadaré y Esquilo: “leer o releer es un acto escogido, y si el momento no es oportuno, hay que intentarlos más tarde”.

Me dieron ganas de abrazarlo cuando en “Lecturas de mamá” nos cuenta del deceso de su madre y de sus inclinaciones literarias: Wislawa Szymborska, Alberto Moravia, Guillermo Cabrera Infante, José Ortega y Gasset y Manuel José Othón.

Alfredo nos receta una dosis de humor al establecer el símil entre los dinosaurios y los editores profesionales de diarios y revistas impresas al apuntar que éstos últimos también se van a extinguir. Platica acerca de lo sexy que deben ser las cabezas de las notas para que se vendan bien.

Con una pluma ágil y madura nos relata en el texto “El Nobel al periodismo” la asignación de dicho galardón a la periodista Svetlana Aleksiévich pasándolo por el matiz de otros maestros en el oficio: Carlos Monsiváis y Gabriel García Márquez. También distinguimos la fina línea entre periodismo y literatura, por ejemplo esa que hay en el gran Vicente Leñero. En esta línea también nos cuenta acerca de WikiLeaks y hace un símil entre los presagios de Orwell al controlarlo todo y la vuelta a Fuenteovejuna, ya que la posesión del poder regresa a las personas controladas.

Abre el interesante debate de los 140 caracteres en su texto “Twitter, aforismo y haikú”.

En su prosa adictiva, Alfredo nos da un perfil múltiple e interesante de Cleopatra, combinando la investigación con las estampas cinematográficas.

En “Sicarios”, utiliza con ironía la traducción del nombre de Rubén Blades, blades, y habla con maestría de la lengua acerca de la historia de los asesinos a sueldo y vuelve a la literatura al traer a cuento a Fernando Vallejo y su novela La virgen de los sicarios.

Variantes del crepúsculo
Foto: Roberto Alanís

Autores, cartas y epitafios
La puerta de entrada a este magnífico lugar del libro es José Saramago y su genial Caín, quienes hemos acudido y seguimos asiduos al gran autor, recordamos con risas alegres la ironía y el descaro de la obra de un genio y, visto desde los lentes de Alfredo, queremos volver a su lectura.

Carlos Fuentes, Octavio Paz —quien es omnipresente para Alfredo— y su relación con José Emilio Pacheco, Gabriel García Márquez y su inseparable escritura periodística y mágica, Vargas Llosa y su Fiesta del Chivo, Goethe el poeta enamorado son algunos de los protagonistas de este capítulo. La correspondencia amorosa entre Ingeborg Bachmann y Paul Celan revela la dificultad de los amores prohibidos. La inmensa poética de Rilke seguida por loas a la espalda femenina nos deja con hambre de amor poético. Nos habla desde la rata de Günter Grass y extrapola magistralmente la violencia de hoy en día con las formas de morir en la literatura de Shakespeare.

Habla de temas candentes y “políticamente incorrectos” como pueden ser las Lolitas y la pederastia.

Alfredo encuentra constantes en la obra de Mishima: el horror a envejecer, la fascinación por la muerte y el deseo de autodestrucción, leyendo ese texto me entero de que Mishima se quitó la vida un 25 de noviembre, día de mi cumpleaños.

Y es que Alfredo tiene en su cerebro puertas de mil colores que se abren y cierran a la velocidad de la luz; por ejemplo, al morir el gran Ernesto Sabato, nos regala un texto maravilloso de la muerte de la madre de Jorge Luis Borges y desde ahí diserta si en realidad el poeta existió o no.

Me gusta la manera que tiene de sembrarnos en la mente las ganas de seguir leyendo o de jalarle el hilo a la madeja, por ejemplo, cuando nos relata acerca de la relación epistolar entre Tolstoi y Turguénev y quedamos con hambre de ir por la correspondencia de León Tolstoi, publicada por Acantilado.

Ecos francófonos
En el capítulo “Ecos francófonos”, Alfredo nos confiere el amor que permea en sus lecturas francesas: Marguerite Yourcenar y su enorme novela Las memorias de Adriano, Prévert y su poesía, Sade y su literatura desde la cárcel, Le Clézio y su homenaje a Nezahualcóyotl, Honoré de Balzac y la negativa de la Academia Francesa de darle un asiento, Descartes y su probable muerte por envenenamiento, Verlaine y el desamor, Baudelaire y su menosprecio por Víctor Hugo, Julio Verne y la indignación del fusilero de que los franceses lo consideren un escritor menor, no sin antes sorprendernos con la desconocida existencia del relato “Un drama en México”. Kundera y sus traducciones, Kadaré y su alma de rapsoda.

En “Ecos francófonos” también nos trae a cuento la figura del ghostwriter o negro literario y aprovecha el momentum para hablarnos de negritud y Aimé Césaire. Aborda a Ben Jelloun y su novela acerca de un destino travestido, El niño de arena. También alude a Kafka, Emil Ciroan y a Arthur Conan Doyle, quienes pidieron la destrucción de gran parte de su obra.

Variantes del crepúsculo
Foto: Roberto Alanís

Pantallas, trazos y pixeles
Los amantes del cine y de la literatura se regocijarán con este apartado puesto que conjunta el lenguaje literario con el cinematográfico. El capítulo abre con un texto sobre el filósofo Baudrillard y su tesis de que en el mundo posmoderno no hay realidad, sino un simulacro de ella, una especie de realidad virtual esculpida por los medios de comunicación y lo llama profeta de la Matrix. Luego nos recuerda las gemas de películas futuristas, de robots o realidades virtuales: Strange Days, Matrix, Terminator, Minority Report, I, Robot, Aliens para llegar a la gran Blade Runner.

Escribe acerca del fracaso cinematográfico de El Perfume, (novela de Patrick Süskind) ya que a ojos del fusilero, la versión fílmica quedó “light” y no le hizo justicia a la gran novela que es.

Aprovecha el capítulo para conversar acerca de rubias y las cervezas de su adolescencia, de criaturas crepusculares o “mujeres públicas” y nos cita a Cioran: “Vivir sin convicciones respecto a los hombres y a ella misma, ésa es la gran enseñanza de la prostitución, academia ambulante de la lucidez”.

Para Alfredo, Avatar es Julio Cortázar, el gran cronopio homenajeado por Cameron. Y en su apartado “La inoculación” nos habla del sembradío de ideas de Cioran y Kundera y del filme Inception. Discute acerca de las diferencias irreconciliables entre el discurso literario y el cinematográfico, si bien, al hablar de cine, hace un recorrido por los textos en los cuales se finca. Uno de sus ejemplos, El Planeta de los simios, muestra cómo según el director y su adaptación del texto literario resultan una joya o una pérdida de tiempo en la sala de proyección. También lo ejemplifica con geniales filmes vampirescos de antaño y los compara con los actuales, en donde miramos vampiros adolescentes que atraen espectadores de dichas edades, ícaros y dráculas seductores. Si de series de televisión se trata, nos remite a uno de mis peores miedos: la claustrofobia, y señala que tanto en Lost, The Walking Dead y Bates Motel “los demonios de la claustrofobia están de fiesta en la televisión”.

Resume ejecutivamente la gravedad; tal como la estudiaron Newton y Einstein y trae a colación a Carl Sagan para recomendarnos la película Gravity del gran Alfonso Cuarón y, siguiendo con los directores mexicanos, The Revenant de Alejandro González Iñárritu.

Tiene un gusto especial por Alien y Aliens el cómic. Por cierto, ¿ya se dieron cuenta de que el nombre del creador, Ridley Scott, y de su personaje principal, la teniente Ripley, se escriben igual si “dejamos caer la d”?

De la pantalla salta a la pintura, regalándonos fusilerías de Diego Rivera —mencionando a Dr. Atl y a David Alfaro Siqueiros—, de Cuevas y sus autorretratos, Dalí y sus ilustraciones a Los cantos de Maldoror, Leonora Carrington y el surrealismo que libera. De la pintura pasamos a las grandes Magdalenas: Marlene Dietrich, Mónica Bellucci y Magdalena Rogel Nava.

Variantes del crepúsculo
Ligia Urroz y Alfredo Campos Villeda. Foto: Roberto Alanís

El rock y otros demonios
De la pantalla grande, nos lleva de la mano a uno de mis capítulos favoritos: el musical, donde Alfredo también es un máster. Abre esta maravillosa sección con los dioses de la guitarra: Ritchie Blackmore, Jimmy Page y Eric Clapton, dándole a la nota perfecta que nos acerca a nuestros ídolos. Santana es otra figura que no puede faltar entre los dioses de la guitarra, ni se diga el enorme poeta, el Rey Lagarto Jim Morrison, quien cruzó las puertas medievales de la percepción.

Alfredo pone sobre la mesa al rapsoda moderno, como él llama a Bob Dylan, un polémico Nobel. Expresa que nunca había sido tan conocida la obra de un premiado. Ya nos habíamos hecho ilusiones de verlo cantar —aunque fuera un solo poema— en la premiación en Estocolmo.

Nos convoca a pensar en aquellos grandes que fueron tomados por la mano de la parca mientras dejaban inconclusos trabajos por los que ahora salivaríamos: Jim Morrison, Italo Calvino, Albert Camus y Sor Juana.

Se nota que el fusilero tuvo sus épocas metaleras y nos escribe un texto muy bueno acerca de Iron Maiden. Freddy Mercury y su obra total u obra concepto es materia del libro que se presenta hoy. No podía faltar en este apartado el cuarteto de Liverpool y Alfredo rinde homenaje a John y Paul en dos de sus textos. Y dice puntualmente acerca de los conciertos: “con base en un principio básico de comunicación, en los conciertos hay feedback, una retroalimentación, un paroxismo del placer en dos vías, entre el que oficia y la multitud.”

Hace un recuento —y en primera persona— de Deep Purple. En dicho texto encontramos a Alfredo hablando con él mismo acerca de sus ídolos y luego nos presume su edición limitada de superlujo que fue acuñada bajo el sello de Warner Music seguido del origen de Kiss Army y cuatro décadas de Kissmanía.

Kurt Cobain surge en el apartado musical un poco opacado por el Rey Lagarto. Alfredo nos da su teoría del cover y trae a colación ejemplos geniales de los resultados de volver a grabar una canción previa que pasa por las venas de bandas o solistas extraordinarios.

Es asombroso cómo el fusilero saca intertextualidades en un universo de notas y letras, por ejemplo, en el texto “Blake y el primer Hotel California”, quisiéramos que su nota se extendiera como ese solo final de Eagles y siguiera traspasándonos las venas con sed dionisiaca.

Hermoso es el homenaje a la gran Édith Piaf y nos traduce sus decires y cantares, relata historias necrofílicas a partir de un bolero y quisiéramos seguir y seguir leyéndolo. “Un fantasma del Concorde” es una gozada, un cuento de despertares y coincidencias donde la memoria es la protagonista.

Variantes del crepúsculo
Foto: Roberto Alanís

Palabra de carbono 14
En este apartado, el autor nos explica las pareidolias faciales que nos hacen interpretar estímulos procedentes del exterior, las flores, que desde tiempos ancestrales se utilizaban para lo mismo que en la época actual. Enamorado de la diosa Venus, tallada en marfil de mamut. Relator del comehombres de Tanzania, quien no podía cazar animales por su dentadura pequeña y prefería la facilidad de las víctimas humanas.

Habla de gatos y felinos, de animales que se defienden por medio del camuflaje, teorías conspiratorias que nacen del corazón de África —la aparición del VIH como método de equilibrio natural contra la barbarie humana. No deja atrás el abrazo al momento de morir; una pareja en Pompeya —nos trae el gran poema de Pacheco— y el abrazo de dos dinosaurios, sepultados en batalla, el mítico unicornio como protagonista de versos, canciones y mitologías.

En el recorrido por el animal más peligroso para la especie humana, nos asombramos al encontrar que los mosquitos cobran miles de vidas anualmente.

¿Sabía usted que existe un debate acerca de si los animales son presa o depredadores de acuerdo con su forma de mirar? Los que miran de frente son depredadores —como nosotros los humanos— y los que tienen sus órbitas oculares a los lados del cráneo se especializan en carroña o acecho. También existe otro debate interesante para “revivir” seres en extinción (como los mamuts) y traerlos a la época actual.

Hasta que leí Variantes del crepúsculo me enteré de la existencia de animales colosales encontrados en la Argentina: el Argentinosaurus huiculensis y el Gigantosaurus carolini. Alfredo podría hacer deliciosas las noches de lectura de padres a hijos.

Patos prehistóricos y plumas en ámbar nos llevan a fantasear acerca de las enormes aves que vivían en el periodo Jurásico Superior. Y para cerrar el viaje, nos revela las especies que convivieron con los dinosaurios y siguen con vida: libélulas, cucarachas, algunos mosquitos, arañas y alacranes.

Leer a Alfredo es vivir en sinestesia a cada hoja; escribe y provoca olores, estampas, música, risas, melancolías y recuerdos. Variantes del crepúsculo es un libro que se puede leer en desorden, empezar por cualquier capítulo y saltar como si fuese una rayuela: hoy tengo ganas de literatura, mañana de cinematografía, pasado de rocanrol.

Alfredo querido, tengo el presentimiento de que nuestras letras coquetean, y se han enamorado irremediablemente.

*Texto leído en la presentación de Variantes del crepúsculo, de Alfredo Campos Villeda, en la FIL Coahuila 2021 y reproducido con autorización de la autora.

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Ligia Urroz y Alfredo Campos Villeda. Foto: Roberto Alanís
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