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‘Antwerp’, un ejercicio de totalidad y armonía

Daniella Blejer se incorpora a la novelística mexicana con un relato sobre la reconstrucción de una historia familiar

La singularidad en literatura no es usual porque presupone la existencia de un lector diferenciado. Uno que pueda sobreponerse a los estragos cotidianos de la tormenta mediática de los grandes sellos editoriales, y pueda adentrarse en opciones en principio laterales de alta calidad, pero cuya discreción y exigencias al lector promedio limita su alcance.

Encuentro uno de esos ejercicios de singularidad extremosa en Antwerp (2021) de Daniella Blejer (1970), quien se incorpora a la novelística mexicana con un relato sobre la reconstrucción de una historia familiar. Subrayo la singularidad de la pieza porque Blejer se evade de pisar, así sea con cuidado, cualquier tópico de la agenda política y/o comercial actual (léase: feminismos, lenguaje “incluyente”, narcotráfico, subgéneros, etc.), por mero afán de simpatizar con un improbable lector. Antwerp es un ejercicio de la mejor literatura en español, pues engarza formas literarias que se desdoblan unas a otras de manera sincrónica, lo que genera la sensación de totalidad y armonía.

El relato sigue los pasos de una voz femenina en su viaje a la ciudad de Antwerp, en busca de los vestigios de sus abuelos: una pareja de judíos que huyó de Europa por el “engendro” nazi, y por azares llega a la Ciudad de México. El trenzado de hebras entre autobiografía y ficción no es claro para el lector (felizmente), que disfruta de principio a fin con un relato de fina manufactura en el que vida y literatura pasean de la mano por las calles belgas, en tanto se generan aventuras a caballo entre la picaresca de aire clásico y el paseo del flâneur por la ciudad posmoderna.

Antwerp
Daniella Blejer en la presentación de su libro. Foto: Luis Bugarini

Uno de los antecedentes más notorios de Antwerp es Las genealogías (1981) de Margo Glantz (Ciudad de México, 1930), en la que se hace una reconstrucción oral del periplo europeo visto a través de los ojos de Jacobo Glantz. La literatura concentracionaria de los sobrevivientes de los campos de trabajo, generó un (digamos) spin-off en el que terceras generaciones de eurodescendientes, no por fuerza de ascendencia judía, rastrean los orígenes de su linaje en notables ejercicios literarios. Blejer hace su entrega y el resultado es un significativo paseo en el que introspección y análisis de la experiencia contemporánea, viven tan cerca que no es fácil diferenciarlos.

A una página del cierre de la novela, de manera sorpresiva, Blejer concluye de forma sobrenatural al sugerir que pese a los hechos lamentables de la Segunda Guerra Mundial, es posible lograr la comunión universal de los individuos a través de la poesía. Que el abuelo judío de la protagonista descanse en su tumba acompañado por unos versos de Francisco de Quevedo, uno de los antisemitas más reconocidos del ámbito hispánico y a quien Juan Goytisolo señalara de “mal bicho”, sugiere que su confianza en la poesía la lleva a imaginarla como un terreno abierto para cicatrizar las diferencias, de una vez por todas, no importa si han sido tan dolorosas que se continúan a lo largo de las décadas.

Ese giro imprevisto finiquita cualquier sospecha de que Antwerp es apenas otro ejercicio de memoria al uso. La destaca de entre la multitud de libros para el olvido. La sofisticación en la trama con esa sutileza es un acierto retórico; si el hecho fuera verídico, entonces Blejer puso atención en lo que importa y además lo escribió con una generosidad que llama pronto a la segunda lectura.Antwerp

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