Belinda no da para ser la emperatriz Carlota Trueba

«Belinda no la da para ser la emperatriz Carlota, está muy flaquita»: José Luis Trueba Lara

El escritor habla del reto al que se enfrentó en su más reciente libro ‘Carlota, la otra historia’, sobre todo por la gran literatura que hay alrededor de ese personaje histórico

Autor de novelas sobre personajes de la historia de México, José Luis Trueba (1960) confiesa que la emperatriz Carlota se apareció en sus anteriores ficciones, pero nunca le había podido dedicar un libro.

“Carlota se me había atravesado demasiadas veces en otros libros, siempre como personaje secundario, pero nunca le había podido dedicar un libro de a de veras. Y después de tantos topetones, de tantos encuentros, no hubo más remedio que entrarle, y le entré”, comenta en entrevista el narrador histórico.

Y nació así Carlota, la otra historia (Océano, 2025), apenas a un par de años del centenario luctuoso de la emperatriz y esposa de Maximiliano de Habsburgo, a la que en otro ámbito la actriz y cantante de pop Belinda (Madrid, 1989) encarnará en una serie que se graba en España y que no le cuadra a Trueba.Belinda no da para ser la emperatriz Carlota Trueba

“A mí se me hace que Belinda no la da para ser Carlota, está muy flaquita”, sostiene el autor también de sendos libros sobre Malinche, Moctezuma, Miguel Hidalgo, Benito Juárez y Porfirio Díaz.

Además, subraya que, por lo que ha leído sobre la serie de televisión que está grabando la cantante de “Amor transgénico” y “Egoísta”, se busca mostrar a Carlota enamorada, pero en realidad no lo estaba.

Y rebate la versión de que la presidenta Claudia Sheinbaum es la primera mujer que gobierna México, porque Carlota, como emperatriz regente, ya lo había hecho durante el Segundo Imperio (1864-1867).

“Y, a diferencia de muchos políticos actuales, Carlota fue una mujer educada para gobernar”, apunta.

Carlota, la otra historia narra la vida de la emperatriz pero a través de una cortesana que enloqueció.

—¿Por qué optó por contar la historia de Carlota (1840-1927) a través de la voz de otra persona?

—Fíjate que la emperatriz Carlota es un personaje complicado Y es complicado porque tenemos muchas novelas, obras de teatro. Tenemos una gran literatura —déjame llamarle— carloteana. Y con tanta literatura carloteana, necesitaba yo encontrar una nueva manera de contar su historia. Y se me ocurrió contarla por otra mujer, tan demente como ella; de esta manera, me distanciaba de Fernando del Paso (Noticias del imperio, 1987), de Rodolfo Usigli (Corona de sombra, 1943) y de otros autores.Belinda no da para ser la emperatriz Carlota Trueba

—¿Cómo enfrentó el riesgo de que al contarla otra demente, al ser Carlota una persona histórica, que existió, su novela terminara siendo una ficción absolutamente independiente, ajena a ella?

—Ese problema se resolvió de manera muy linda y muy fácil. Yo trabajo todas mis novelas con una idea muy fácil: tomo una serie de hechos reales, en este caso la historia de Carlota, y al mismo tiempo le voy agregando una serie de historias literarias que me permiten transformarla en novela. Como en todas mis novelas, es absolutamente real todo lo que se cuenta, en este caso de Carlota. Y, al mismo, tiempo —que quede claro— todo es completamente falso. Sé que acabo de decir algo contradictorio, pero no. La literatura a mí me sirve para transitar entre los dos mundos: el real y el de la ficción.

—¿Y por qué le fascina novelar personajes históricos? Ya tiene de casi toda la historia de México.

—Me encantan porque es la oportunidad de releer el pasado, de reentender la historia. Es más, si me pongo muy acá, me da chance de encontrarme con maravillas que no me da la realidad; es decir, el adentrarme en un mundo de fantasía me da la posibilidad de encontrar un mundo que me permite quizá no entender los hechos tal y como fueron pero sí a los personajes tal y como son. Y eso es bien bonito.

—Al investigar y escribir Carlota, la otra historia, ¿cómo cambió su concepción de la emperatriz?

—Ah, fíjate lo que son las cosas. A mí me importaba contar una historia de Carlota en la que el chisme de la época se volviera real, donde tuvieran espacio todas las habladurías. Me explico para que esto quede claro: por ejemplo, en la novela de Carlota, Maximiliano tiene una sífilis marca llorarás. Y esa sífilis era parte de los chismes que corrían; y lo mismo ocurre con el alcoholismo de Maximiliano. En fin, todas estas cosas eran lo que corrían de chismes en aquella época. Y contar una historia a partir de lo que la gente decía, pues me pareció sensacional.Belinda no da para ser la emperatriz Carlota Trueba

—Bueno, la historia se puede hacer con chismes, pero con chismes que encuentran sustento en documentos o evidencias. ¿Cómo investigó para que esos chismes del relato tuvieran sustento?

—Muy fácil: cada vez que yo voy a colocar un chisme, tengo que amacizar, de poner muy fuerte la parte dedicada a la realidad; es decir, tengo que convencer de entrada al lector que está en un mundo real. Y, por otra parte, también necesito crear un espacio para que en esa realidad histórica entren estos chismes como si fueran parte de la misma. Ese es el reto.

—Carlota siempre ha estado de moda. Ahora que se acerca su centenario luctuoso en 2027 ya hasta saldrá la serie de televisión con Belinda en el rol de la emperatriz. ¿Qué opina al respecto?

—Sí, Carlota es un personaje que a todos nos atrapa. Oiga, hoy ha de estar en los cuernos de la luna, con Belinda, ni más ni menos. Ahora, aquí entre nos, no le vayas a decir a nadie, pero a mí Belinda se me hace que no la da de Carlota, está muy flaquita. No sólo eso, tengo la impresión de que nos quiere presentar a una mujer absolutamente enamorada. Carlota sí que tuvo algo de amor, pero tuvo más decepción, desde casi el día de la boda hay una decepción constante en ella. Entonces, la historia de amor a mí no me importa tanto, sino me importa la historia de la decepción amorosa.

—¿Qué otros personajes terminaron fascinándole a usted en este relato personal de Carlota?

—Me gusta mucho el Maximiliano que sale en la novela. Es un Maximiliano que no se parece al personaje real que conocemos; se parece al que veían sus contemporáneos. Es decir, todo lo que cuento de Maximiliano está en los diarios, en las cartas, en las memorias de sus parientes y sus amigos, lo que nos permite verlo desde un punto de vista un poco raro porque siempre lo vemos de un siglo y tacho para acá, para allá; en cambio, verlo desde esa época, pues es mucho más interesante. La loquita también es un personaje que me gusta mucho, pero ese sí yo me la inventé, mi loquita me encanta.Belinda no da para ser la emperatriz Carlota Trueba

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—En aquel entonces era más fácil identificar a los loquitos y a las loquitas, me parece.

—Claro, la loquita está marcada desde el principio por sus males. Ella se fuga de un manicomio, tiene que pedir limosna para medio comer. Tiene que hacer un chorro de cosas verdaderamente difíciles.

—Hoy tenemos a la primera presidenta electa en México, Claudia Sheinbaum. Pero no fue nuestra primera gobernante, como se dice manipulando la historia. Esa fue la Carlota regente.

—Yo creo que sí. Carlota fue la primera que partió el queso en el país total. Claro, por supuesto, hubo mandatarias en otros momentos, pero eran muy locales, en una comunidad, en una ciudad pequeña. Pero a nivel y escala nacional, la primera mera mera fue Carlota. Y, curiosamente, fue una mujer, a diferencia de los políticos actuales, que fue educada para gobernar. Es decir, un político actual se educa para varias cosas y termina metido en la política; en cambio, Carlota aprendió idiomas, aprendió leyes, aprendió historia, aprendió todo lo que un político necesitaba para partir el queso. Y lo hizo bastante bien. Y no era mala gobernante, tomaba mejores decisiones que su esposo, pero por mucho.

—¿Cómo valora usted de la regencia de Carlota?

—Ay, como los mejores momentos del Imperio, así de fácil y así de corto.

—¿Qué decisiones de Carlota diría usted que cambiaron México?

—Pensemos en dos o tres cosas muy simples: la primera de ellas, pensemos en el cuidado a lo indígena. Durante el imperio, por sólo dar un ejemplo, se publican por vez primera las leyes de nuestro país de manera bilingüe, en español y en alguna lengua hoy llamada originaria. No sólo eso, Carlota es una gran promotora de hospicios, hospitales femeninos, déjame llamarles así; lo que hoy llamaríamos hospitales maternos-infantiles.

«Y no sólo eso, Carlota está preocupada por las prisioneras, por las reas, por las mujeres que han sido juzgadas. No creas que esto la convierte en una suerte de proto-feminista, no. Pero sí tiene una preocupación de esa índole muy marcada por su época. Te pongo un ejemplo: a varias mujeres que asesinan a sus esposos, Carlota les conmuta la pena de muerte por prisión perpetua. Alguien me diría: “Oye, pues no está tan bueno”, pero en aquella época era un gesto fuera de serie».Belinda no da para ser la emperatriz Carlota Trueba

—¿Cómo avala en su novela este tipo de información? Sobre el imperio se tergiversa mucho.

—En todos mis libros siempre hay un capítulo final, que se llama siempre igual: ‘Una nota para los curiosos’. Y ahí te voy contando de dónde agarré cada idea, de dónde tomé cada escena. Y, por supuesto, para que esto quede claro, dónde hice trampa. Es decir, ahí en ese capítulo final, doy cuenta de todas las fuentes y de todas las trampas que hice.

—¿Por qué no hemos podido reconciliarnos con estos personajes de la historia de México, a casi un siglo de la muerte de Carlota, a más de 150 años del Segundo Imperio?

—A nosotros no nos gusta reconciliarnos con nada, nos encanta el pleito a los mexicanos. No nos hemos reconciliado con los españoles, con los franceses, con los gringos, con nadie. Y justo ese es nuestro gran problema; en la medida que no somos capaces de reconciliarnos con el pasado, no somos capaces de aceptarnos en el presente. Y mucho menos ser capaces de mirar al futuro. Es decir, reconciliarnos es un problema terrible que hemos cargado desde el siglo XIX.

—¿Qué le gusta de Carlota y, ya entrado en gastos, de Maximiliano?

—Híjole, la verdad, me encantan como personajes literarios. Me chiflo por ellos como personajes literarios. Pero como personas reales, híjole, haberlos soportado ha de haber sido dificilísimo, dificilísimo. Es más, no hubiera ido a comer con ellos. Hubiera preferido irme a comer con Antonio López de Santa Anna, con él sí había pachanga segura; en cambio con Carlota y Maximiliano, que eran tan estirados, no hubiera yo aguantado.

«Ahora, con Santa Anna, con Guillermo Prieto, sí me hubiera ido de parranda. ¿Qué me gusta de Carlota? Su locura, su capacidad de sufrir, su derrota. Es más: esta cosa de que pasa más de dos terceras partes de su vida encerrada y demente, me parece fascinante».

—¿Qué le preguntaría a Carlota si la tuviera enfrente ahorita?

—¡Ah, chirrión! Ahí te va la pregunta, que está facilísima: ¿De verdad, Carlotita, no hiciste tus cositas con Maximiliano? ¿De verdad te quedaste señorita?

—Usted ya lo plantea así en su novela.

—Sí, yo lo planteo así, y podríamos llegar a pensarlo así.

—Pues esperemos que siga siendo un mito, para que haya más novelas, estudios, investigaciones.

—Ojalá. A mí me gustan los mitos porque te dan chance de imaginar realidades.

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